En estas últimas semanas hemos hecho un gran énfasis en el poder y gloria de Dios. Hemos explorado diferentes versículos que nos han revelado lo que debemos hacer para obtener, y retener, la gloria de Dios en nuestra vida; hemos visto que sin duda alguna, que cuando el poder de Dios reposa sobre nosotros, entonces no existe potestad capaz de hacernos daño.

Cuando buscamos que el poder y gloria de Dios repose en nuestra vida, no existe ataque del enemigo que no pueda ser superado, ya que no es contra nosotros que se enfrenta, sino se enfrenta en contra del Todopoderoso.

Pero, ¿por qué existen tantos creyentes que no logran alcanzar las bendiciones de Dios para su vida? Este es el tema que estaremos explorando en el día de hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Lucas 24:13-27Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. 15 Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16 Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. 17 Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? 18 Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? 19 Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; 20 y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. 21 Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. 22 Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; 23 y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. 24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron. 25 Entonces él les dijo: !!Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! 26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? 27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

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Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Cuando llegamos a este punto de la historia, Jesús ya había cumplido con Su ministerio aquí en la tierra. En este punto de la historia Jesús ya había sido arrestado por los lideres religiosos de ese entonces [1]. Y debido a la influencia que los líderes religiosos ejercían sobre el gobernador romano, Jesús ya había sido escarnecido, azotado, y sentenciado a muerte [2]. Así que poco después Jesús entrego Su vida, de esa forma haciendo el sacrificio perfecto por todos nosotros en la cruz del calvario.

Tres días después Jesús resucito de la muerte, como había sido profetizado por Él y según las profecías encontradas en el Antiguo Testamento. Pero el problema esta en que aún aquellos que habían caminado a Su lado, aún aquellos que habían escuchado Su voz, aún aquellos que habían presenciado las señales y milagros, no podían creer que la profecía había sido cumplida [3]. ¿Cómo puede ser posible que esto sucediera? Continuemos ahora con nuestro estudio.

Lo primero que encontramos aquí es que se nos dice (verss. 13-14): “…Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. 14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido…”

Como podemos ver, aquí no existe ningún detalle que nos permita saber la identidad de estas personas. De lo único que podemos estar seguros es que eran dos personas que habían experimentado Su presencia en el pasado, y esto es algo que queda sutilmente declarado cuando leemos que (vers. 16): “…los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen….”

Así que aunque no conocemos la identidad exacta de estas dos personas, podemos asumir con seguridad que eran dos de Sus discípulos (verss. 21-24), y que se encontraban completamente afligidos y sufriendo, debido a lo que había sucedido hacía solo unos días atrás. Estas dos personas habían visto sus sueños y esperanzas completamente destruidas. Ellos no habían logrado ver la victoria que Jesús les había entregado en la cruz, sino que lo vieron todo como una derrota total. Esto es algo que queda muy bien reflejado en el tono de su respuesta cuando leemos (verss. 19-20): “…Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; 20 y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron…”

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La razón por la que ellos sintieron esto, es decir, la razón por la que lo vieron todo como una derrota, fue porque ellos esperaban algo muy diferente del Señor. ¿Qué esperaban ellos del Señor?

La Palabra aquí nos dice (vers. 21): “…Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido…” Ellos esperaban que Él fuese el Mesías, en otras palabras, el rey que uniría al pueblo judío, y reuniría un ejército para echar al Imperio Romano fuera del territorio, pero esto no fue lo que sucedió. Lo que sucedió fue que Jesús en vez de unificar al pueblo, reprendió a los líderes religiosos de ese entonces [4].

Jesús había hecho exactamente lo opuesto a lo que el pueblo esperaba, y es por esa razón que al morir en la cruz, muchos lo vieron inicialmente como una derrota total.

Pero la realidad es que Su muerte en la cruz no fue una derrota total, sino que fue ¡la victoria total! Fue la victoria total porque Jesús no había sido enviado por el Padre para solo salvar a un pueblo, Él fue enviado por el Padre para salvar a la humanidad [5].

Continuando leemos (verss. 15-16): “…Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. 16 Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen…” Lo que sucede con frecuencia es que en ocasiones, al igual que estas dos personas, muchos de nosotros permitimos que el camino de esta vida; es decir las dificultades y situaciones que se presentan a diario, tapen nuestros ojos para que no podamos ver Su presencia a nuestro lado.

Las situaciones y los momentos desagradables, en muchas ocasiones detienen que nos recordemos de lo que el Señor nos dice en Juan 14:16 cuando leemos: “…Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre….” Dile a la persona que tienes a tu lado: el Señor esta a tu lado.

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Estas dos personas hablaban entre sí, y discutían lo que había sucedido. Ellos estaban tratando de consolarse; ellos estaban tratando de hacer sentido en su mente de todo lo que habían escuchado de parte del Señor, y lo que había sucedido solo unos días atrás, pero estaban tan envueltos en esta discusión que no reconocieron la presencia de Dios con ellos. Y esto es algo que le sucede a muchos cristianos hoy en día.

En ocasiones puede parecer que Dios no puede ser encontrando; en ocasiones parece que estamos completamente solos, nos encontramos al igual que estas dos personas. Nos encontramos discutiendo lo que esta sucediendo en el mundo, lo que esta sucediendo en la política, lo que esta sucediendo en nuestro hogar, lo que esta sucediendo en general, y comenzamos a descorazonarnos. Comenzamos a desalentarnos y sentimos como si estuviéramos andando vagando sin sentido, rumbo, o dirección.

Al igual que estas dos personas comenzamos a sentirnos derrotados, desconsolados, y sin esperanza. Pero nunca se nos puede olvidar que Jesús siempre esta al lado de todo creyente fiel; esto es una promesa del Señor y la podemos encontrar en Mateo 28:20 donde Él nos encargo a que continuemos la obra de Dios aquí en la tierra, y al leer: “…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén…”

Pero también recordemos, que Dios no siempre actuara de la manera que nosotros pensamos, o esperamos. Esto me hace recordar de una reflexión que leí hace un tiempo atrás, que deseo compartir con ustedes hoy.

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