Como todos sabemos, este es el primer servicio del año. Esto significa que estamos al comienzo de una nueva etapa en nuestra vida. Todas las cosas que sucedieron el año pasado han quedado en la historia, y no existe nada que ninguno de nosotros podamos hacer para cambiar lo que ya ha sucedido.

Pero esto no significa que no debemos reflexionar en los errores del pasado, ya que nuestra meta siempre debe ser no cometer las mismas faltas de ayer. Pero deseo que se fijen bien en que dije reflexionar, y no concentrar.

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En otras palabras, debemos pensar atenta, y detenidamente, sobre los errores del pasado, pero no podemos centrar intensamente la atención en ellos, ya que eso solo producirá que no podamos movernos hacia el futuro.

Entre uno de los errores que estoy seguro muchos de nosotros, sino todos, hemos cometido durante el año que acaba de terminar, es que no hemos proclamado la palabra de Dios lo suficiente. Una de las razones por la que muchos de nosotros no hemos hecho esto con frecuencia, es porque predicar la palabra de Dios no es nada fácil.

Esto es especialmente verdad cuando la verdad de Dios va en contra de las opiniones populares, políticas de hombres, las tradiciones, y modas. Y como todos sabemos, en cuanto nos paramos en oposición a estas cosas, pronto confrontaremos las consecuencias o repercusiones que predicar la palabra de Dios produce en la vida de un cristiano fiel.

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En otras palabras, sufriremos persecución por el simple hecho de proclamar la verdad de Dios, y llamar al pueblo al arrepentimiento. Pero eso nunca debe ser algo que nos detenga, ya que proclamar la palabra de Dios no es para maldición, sino que proclamar la palabra de Dios es bendición.

Otra razón por la que muchos de nosotros no hemos proclamado la palabra de Dios lo suficiente, es porque no nos hemos dado cuenta, o quizás no conocemos que proclamar la palabra de Dios es poder. Así que hoy deseo que exploremos este tema a más profundidad; hoy deseo que estudiemos acerca de proclamar el poder de Dios para con nosotros. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Romanos 10:9-11que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

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Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Comencemos examinando la iglesia en Roma. Lo primero que debemos saber es que Pablo no estableció la iglesia en Roma, y a pesar de que la creencia popular que existe declara que Pedro fue su fundador, la evidencia histórica comprueba que este no fue el caso.

La mayoría de los estudiantes de la biblia están de acuerdo en que la iglesia en Roma fue fundada por los judíos y prosélitos al judaísmo, que se convirtieron a Cristo en el día de Pentecostés. Esto significa que la iglesia en Roma estaba compuesta de gentiles y de creyentes que se habían convertido del judaísmo.

Estos detalles que les he indicado quedan bien reflejados en la introducción de esta epístola, según encontramos en Romanos 1:13-15 cuando leemos: “…Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles. 14 A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. 15 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma…” ¿Por qué debemos notar estos detalles?

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Tenemos que estar consientes de estos detalles, porque en ellos encontramos que la iglesia en Roma estaba compuesta de dos pueblos, o tipos de personas, que tenían tradiciones y maneras de comportarse muy diferentes los unos de los otros, pero que ahora se habían unido para formar el Cuerpo de Cristo. En otras palabras, ellos tenían que abandonar quienes habían sido, y ser como Cristo les llamaba a ser [1].

Lo segundo que debemos notar es que en esta epístola Pablo no estaba enfocando un problema específico en la iglesia. Sino que ésta epístola cumple por lo menos tres propósitos; número uno, revela el plan de salvación soberano de Dios [2].

Número dos, enseña como los judíos y gentiles formaban parte del plan de Dios [3]. Número tres, exhorta a que el creyente conduzca una vida justa y en armonía [4]. Así que manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio del día de hoy.

Como les dije, hoy vamos a estudiar el tema de proclamar el poder de Dios para con nosotros, pero antes de proceder exploremos el significado de la palabra proclamar. Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra proclamar es definida como: “1. Publicar en alta voz algo para que se haga notorio a todos. 2. Declarar solemnemente el principio o inauguración de un reinado u otra cosa. 3. Dicho de una multitud: Dar voces en honor de alguien. 4. Conferir, por unanimidad, algún cargo. 5. Dar señales inequívocas de un afecto, de una pasión, etc. 6. Dicho de una persona: Declararse investida de un cargo, autoridad o mérito.”

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En otras palabras, proclamar es declarar públicamente las verdades existentes; es manifestar mediante ciertas señales un hecho. Proclamar por fe es publicar lo que creemos, y es hacer notoria las promesas de Dios, aún cuando no se hayan cumplido. Esto por supuesto es algo que solo aquellos que han aprendido a confiar en Dios pueden hacer; solo los que han aprendido a confiar en Dios pueden declarar las cosas que no son como si fueran [5].

En los versículos que estamos estudiando en el día de hoy encontramos que se nos dice: “…que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación…”

Este es el primer paso que toda persona que llega a Cristo toma, esta es la primera proclamación, pero en muchas ocasiones también es la última. Digo que es la última porque muchos se acomodan de tal manera en el conocimiento que son salvos, que se les olvida u omiten proclamar continuamente el poder de Dios en su vida.

A muchos se nos olvida u omitimos proclamar lo que encontramos en 1 Crónicas 16:23 cuando leemos: “…Cantad a Jehová toda la tierra, Proclamad de día en día su salvación…” A muchos se nos olvida u omitimos hacer como encontramos en Salmos 96:3 cuando leemos: “…Proclamad entre las naciones su gloria, En todos los pueblos sus maravillas…” Pero hacer esto es el error más grande que podemos hacer. Digo esto porque existe gran poder en proclamar.