Hoy deseo que analicemos un aspecto de suma importancia en nuestra vida cristiana, que en muchas ocasiones es descuidado, o no se le da mucha importancia. Digo que es descuidado o no le damos importancia porque la mayoría de los creyentes, solo se ocupan de este aspecto de su vida una vez por semana, o no se ocupan de él para nada.

La razón por la que muchos no se ocupan de este aspecto, es la actitud que muchos han tomado en su corazón respecto a todo esto. Como suelen decir muchos, la actitud que se toma es el 99% de la batalla. En realidad existe una gran verdad en esa forma de pensar, digo esto porque nuestra actitud o disposición en la mayoría de las ocasiones pueden ser la diferencia entre tener un buen día, o tener un día miserable.

Nuestra actitud o disposición acerca de las cosas pueden ser la diferencia entre tener un buen matrimonio, o tener uno lleno de dolor. Nuestra actitud o disposición pueden ser la diferencia entre vivir felices y en armonía en nuestro hogar, o vivir miserables y sufriendo, aún cuando estamos rodeados por aquellos que nos aman.

La actitud negativa detiene por completo, o hace que pase por desapercibido esta parte de nuestra vida cristiana. ¿De qué aspecto y/o parte de nuestra vida les estoy hablando? Les estoy hablando acerca de nuestra vida de alabanza. Desafortunadamente, esta es una porción de nuestra vida cristiana que muchos no le prestan atención, pero esto no hace que deje de ser sin importancia. ¿Qué tan importante es nuestra vida de alabanza? Exploremos ahora uno de los Salmos de David para descubrir la respuesta a nuestra pregunta.

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Salmos 27:1-6Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? 2 Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. 3 Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado. 4 Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. 5 Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto. 6 Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo; Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

Este salmo fue escrito por el rey David, alguien que tenía amplia experiencia en cuanto a los conflictos, y peligros que ser un escogido de Dios puede producir. Digo esto porque cuando tomamos el tiempo de estudiar la Biblia, pronto nos damos cuenta que la vida David estuvo en peligro desde el día que venció a Goliat en el campo de batalla [1].

Después de su victoria sobre Goliat, la fama y reputación de David creció de tal manera, que el pueblo le quería más que al rey, y esto causo que el rey llegara a odiarle de tal manera, que busco matarle en más de una ocasión. Debido a esto, David tuvo que huir y esconderse en varias ocasiones para salvar su vida [2]. De ahí en adelante la persecución del rey fue sin cesar, y eventualmente esta persecución hizo que David tuviese que huir de su país para salvar su vida [3].

Pero desdichadamente el sufrimiento de David no se detiene aquí, no se detiene aquí porque después de sufrir todo esto, una vez que asumió el reino, su propio hijo también le hizo huir para salvar su vida [4]. Seguramente que algunos ya deben estar haciéndose esa pregunta, ¿por qué tenemos que saber todo esto? Es importante que notemos estos pequeños detalles de la vida de este hombre, porque estos breves detalles nos revelan dos cosas muy importantes.

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Número uno nos revela el peligro constante que afrontamos a diario; y número dos, nos revela la actitud que debemos tomar en esos momentos de dificultad, especialmente cuando el mundo entero aparenta estar en contra de nosotros. Así que manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio bíblico para determinar si lo que les digo tiene sentido.

Lo primero que vemos aquí es que David dijo: “…Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? 2 Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. 3 Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado….” A pesar de que no podemos señalar con certeza el punto exacto en la historia cuando este salmo fue escrito, una cosa que si es muy evidente aquí, es que en este momento de la historia, David estaba confrontando, o a punto de confrontar, a un enemigo poderoso.

Si hacemos un contraste entre lo que esta sucediendo aquí y nuestra vida hoy en día, creo que no será difícil determinar que existe un gran paralelo.

No es que nosotros estemos a punto de iniciar una batalla física en contra de un ejército, pero como les he dicho en numerosas ocasiones, todos aquí peleamos una batalla constante en contra de un enemigo que no podemos ver, pero que si es muy real [5]. Y al igual que en el caso de David, este enemigo busca desterrarnos, es decir apartarnos del reino de Dios, y matarnos.

Ahora bien, deseo detenerme aquí por un breve momento y hacer una aclaración. Nuestro enemigo no puede matarnos físicamente, solo Dios tiene este poder. Esto es algo que podemos ver bien declarado en Apocalipsis 1:17-18 cuando leemos: “…Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; 18 y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades…” Pero nuestro enemigo si tratara de matar nuestra vida espiritual, y lo hará sembrando pensamientos de rebeldía, orgullo, y vanagloria. Es por eso que en Proverbios 21:4 encontramos que se nos dice: “…Altivez de ojos, y orgullo de corazón, Y pensamiento de impíos, son pecado…”

De los primeros versículos de este salmo, podemos fácilmente apreciar el peligro eminente que confrontaba David, y también podemos ver ilustrado el peligro eminente que rodea a cada uno de nosotros. Pero ahora debemos preguntarnos, ¿cómo pudo David, y cómo podemos nosotros mantener una actitud vencedora en todo momento?

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La respuesta a nuestra pregunta la encontramos en los próximos versículos cuando leemos: “…Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. 5 Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto. 6 Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo; Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová…” ¿Cómo pudo David y cómo podemos mantener nosotros una actitud vencedora? Lo pudo hacer, y la podemos desarrollar nosotros, a través de una actitud de alabanza. Dile a la persona que tienes a tu lado: “..¡Aplaudan felices, pueblos del mundo! ¡Alaben a Dios con alegría!..” (Salmo 47:1 [TLA])

En Hebreos 13:15 encontramos que se nos dice “…Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre…” La palabra clave aquí es “siempre.” Esto significa que debemos alabar a Dios aún cuando todo aparente irnos mal. Aún cuando todo aparente estar destruido. Aún cuando todo aparente estar derrumbándose a nuestro alrededor, (…sacrificio de alabanza…) ¡alaba a Dios! Esta actitud es algo que David declara nuevamente en Salmos 34:1 cuando leemos “…Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca…” ¿Por qué debe ser esta nuestra actitud?

Hermanos esta debe ser nuestra actitud porque una gran verdad, es que Dios habita en medio de la alabanza de su pueblo. Fíjense bien cómo esto queda bien declarado en Salmos 22:3 cuando leemos: “…Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel…”

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