Sin duda alguna, todos nosotros aquí reunidos hemos reconocido que somos pecadores, y que hemos obtenido la salvación sólo por obra y gracia de Dios.  En otras palabras, la palabra de Dios penetro nuestro corazón, y recibimos la convicción del Espíritu Santo quien nos guió a la presencia de Dios. Pero lo que lamentablemente sucede con frecuencia, es que según nos vamos acomodando en nuestra salvación, lentamente comenzamos a pensar menos en las cosas de Dios, y tendemos a concentrarnos más en nosotros mismos.

En otras palabras, tendemos a concentrarnos más en nuestra propia habilidad y fuerza, en vez del poder y majestad de Dios. Demás está decir que éste es el error más grande que podemos cometer, ya que como he predicado en numerosas ocasiones, por nuestra fuerza y habilidad nunca podremos vencer [1].  Pero no obstante esta gran verdad, existen muchos cristianos que lentamente, y sin darse cuenta, han dejado de depender de Dios.

Lamentablemente, existe un gran grupo de cristianos que ahora confían más en su propia sabiduría y opinión, que en la palabra de Dios. En otras palabras, cristianos que han permitido que su ego y orgullo, remplacen la guía del Espíritu Santo.  Cristianos que han permitido que la arrogancia y vanagloria reinen su vida, pero ahora debemos preguntarnos, ¿es esto lo que desea Dios de nosotros? Debemos preguntarnos, ¿qué es lo que Dios espera de los que hemos escogido seguir a Jesús? Pasemos ahora a la palabra de Dios para descubrir lo que Dios desea de cada uno de sus hijos.

Marcos 10:17-25Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. 19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. 20 El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. 21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. 22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: !!Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, !!cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! 25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.

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Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  En este punto de la historia, Jesús había comenzado a hacer milagros; Jesús había echado fuera el demonio de la hija de la mujer sirofenicia [2]. Había sanado a un sordomudo [3], y  pesar de que Él les había dicho a sus discípulos que no dijeran nada, ellos no pudieron contenerse y su popularidad crecía a diario.

Esto es algo que encontramos bien reflejado en Marcos 7:36-37 cuando leemos: “…Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. 37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar….”  Y no podemos olvidarnos de una de las señales más poderosas que demostró, cuando alimentó a cuatro mil con sólo siete panes, y unos pececillos [4].  ¿Por qué es necesario que sepamos estas cosas?

Necesitamos estar conscientes de estos breves detalles, ya que en ellos encontramos que el Señor estaba manifestando su verdadera identidad al pueblo. Jesús se estaba manifestando como el hijo de Dios, y es exactamente por esa razón que vemos que este joven le salió al encuentro y le dijo: “…Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?..”  Así que manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Cuando tomamos el tiempo de meditar en lo que estaba sucediendo en estos versículos, creo que todos nos daremos cuenta de que no existe mucha diferencia entre este hombre, y muchos de nosotros aquí reunidos.  Digo esto porque como podemos notar, existía una gran urgencia en lo que este joven hacía.

Quiero que nos fijemos bien en que este joven no camino hacia Jesús, él no se acerco lentamente, éste joven corrió hacia Jesús. 

Debemos notar este detalle porque su acción nos demuestra que él estaba ansioso de conocer cómo podría obtener la bendición que sólo Jesús le podía brindar; que él estaba ansioso de saber cómo podía obtener la vida eterna.  En realidad nosotros no somos muy diferentes a este hombre.

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Digo esto porque cuando primero llegamos a los pies de Jesús, estamos ansiosos, estamos deseosos de saber, estamos impacientes por conocer cada vez más. En muchas ocasiones nosotros hacemos igual que hizo él, nosotros corremos hacía Jesús. Eso es a lo que muchos le llaman el primer amor, y es algo extremadamente bello.  Pero el problema está en lo que sucede después.  El problema comienza a surgir cuando nos acomodamos de tal manera en nuestra salvación, que dejamos de depender de Dios para muchas cosas.

Como podemos claramente ver en estos versículos, este hombre le pregunta a Jesús lo que debería hacer para heredar la vida eterna, y es aquí donde se empieza a poner buena la cosa. Digo que aquí es donde se pone buena la cosa, porque aquí Jesús le deja saber claramente a este hombre, y a todos nosotros, que para obtener la vida eterna se necesita mucho más que solo seguir la ley.

Jesús empieza diciéndole que debe seguir los diez mandamientos, a lo que este hombre inmediatamente contesto que esto era algo que lo había hecho toda su vida. En otras palabras, al igual que nosotros, este hombre conocía muy bien la diferencia entre el bien y el mal. Este hombre, al igual que todos nosotros, había sido criado de manera que obedecía las leyes de Dios.

Todos aquí conocemos los diez mandamientos y sabemos que son la ley de Dios, ¿verdad? Pero les digo en el día de hoy que tener conocimiento de ellas no es suficiente.

Solo seguir los diez mandamientos no es suficiente. 

Ahora bien, deseo detenerme aquí por un breve momento y hacer una aclaración.  Yo no estoy diciendo que no debemos seguir los diez mandamientos.  Es más, debemos tenerlos memorizados, pero esto solamente no es lo suficiente.  Permítanme explicárselo de otra manera.

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Como todos sabemos, en este mundo existen millones de personas que están completamente perdidas, y sin esperanza de salvación.  Estoy seguro que todos aquí conocemos a por lo menos tres personas, que no están dispuestas a aceptar a Jesucristo como su Rey y Salvador personal. Estamos hablando de buenas personas; nobles, amables, bondadosos, agradables, humildes, etc.

Personas a quien estimamos, y en ocasiones amamos, pero que piensan que no necesitan a Jesucristo.  Y las excusas que usan para no rendirse al Señor siempre son las mismas, dicen cosas como: “Yo no hago mal.” “Yo no mato, yo no robo.”  “Yo mantengo los diez mandamientos, así que Dios y yo no tenemos problemas.” ¿Ha escuchado alguien esto o cosas similares alguna vez? Estoy seguro que todos nosotros lo hemos escuchado.  Pero déjenme decirles que esta es la mejor mentira que el diablo ha inventado.  ¿Por qué digo esto?

Digo que es la mejor mentira que el diablo ha inventado porque Juan 14:6 nos dice algo muy diferente.  Fíjense bien lo que encontramos cuando leemos: “…Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mi…”   Con esta declaración aquí, el Señor nos deja saber sin rodeo alguno, que conocer la ley no es suficiente para alcanzar la salvación.  Con esta declaración aquí, el Señor nos deja saber que con cumplir la ley no seremos salvo, ¿saben por qué fue que el Señor dijo esto?

Hermanos, el Señor nos dijo esto porque Él sabe muy bien que no existía, ni existe, una persona capaz de cumplir todos las leyes de Dios.  Y esto es algo que queda muy bien reflejado en las palabras del apóstol Pablo en Romanos 3:23 cuando leemos: “…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios….”  Y sé que existen muchos que piensan que están bien con Dios, que cumplen con todo lo que Dios manda, pero si piensas así, déjame informarte que te equivocas.

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