El otro día estaba reflexionando en mi carrera como capitán en la policía, y me recordé de lo que sucedió cuando sin previo aviso me trasladaron de posición. Este traslado fue algo que me tomo por sorpresa, y la realidad es que no solo me sorprendió a mí, sino que también sorprendió a todos los que me conocían, y produjo una variedad de emociones en muchos. La razón por la que produjo una gran variedad de emociones en muchos, es porque fui trasladado de una posición muy cómoda a una posición de mucha más responsabilidad y estrés.

Fui trasladado a una posición donde se me exigía mucho más en cuanto al control y administración, y la zona que se me asigno cubría un área del tamaño de una ciudad pequeña.  La realidad es que yo me sorprendí mucho, y como les dije, éste traslado causo una variedad de preguntas y comentarios de parte de aquellos que me conocen.  Pero lo interesante de todo es que algunos, al ver la publicación del traslado, me llamaron para felicitarme, y otros me llamaron porque querían saber a quien yo había insultado.  En otras palabras unos lo vieron como una bendición, y otros como una maldición.

En realidad, la intriga que mostraron mis amistades no es algo muy fuera de lo común.  Digo esto porque todos formulamos opiniones basadas en nuestro punto de vista.   En otras palabras, algunos nos fijamos en unas cosas, pero se nos escapan otras.

Es muy parecido a cuando se reúne un grupo de personas, y un mensaje es dado a una persona para que esa persona se encargue de decírselo a otra persona, entonces esa persona se lo dice a otra, y así sucesivamente a un gran grupo.  Lo que sucede en la mayoría de los casos, es que cuando el mensaje finalmente llega a la última persona, el mensaje ha sido distorsionado de tal manera que ya no se parece en nada al original.  ¿Por qué sucede esto?

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Esto es algo que sucede debido a que nosotros escuchamos, e interpretamos las cosas a nuestra manera. Y éste es el tema que estaremos explorando en el día de hoy.  Hoy vamos a estudiar un pequeño momento en la historia del pueblo judío que nos hará reflexionar en la manera que vemos las cosas, y en la manera que interpretamos las situaciones. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Números 13:25-33Y volvieron de reconocer la tierra al fin de cuarenta días. 26 Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra. 27 Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. 28 Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. 29 Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán. 30 Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. 31 Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. 32 Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. 33 También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  En estos versículos encontramos al pueblo de Israel, que había sido liberado de las manos del faraón después de aproximadamente 430 años de esclavitud [1]. Ahora bien, como todos sabemos Dios uso a Moisés para liberarles, y ellos todos presenciaron grandes señales del Dios vivo [2].  Ellos presenciaron todas las plagas que cayeron sobre Egipto [3], y atravesaron el mar rojo sin tener que mojarse o usar una nave [4].

Es más, la palabra nos dice: “…Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo…” (Éxodo 14:31). Ellos vieron todo esto, ellos habían escuchado Palabra de Dios a través de Moisés y sabían que él les estaba guiando hacia la tierra prometida.   Ellos sabían que Dios les había liberado, y que les había prometido una tierra que fluía con leche y miel [5].

Ahora bien, sé que seguramente algunos ya se estén preguntando, ¿por qué debemos saber estas cosas?  Debemos estar conscientes de estos detalles, porque es necesario que nos demos cuenta de que ellos sabían exactamente hacia donde se dirigían; es necesario que sepamos que ellos estaban muy conscientes de la promesa de Dios.  Así que manteniendo esto en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

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Moisés guió a éste pueblo por el desierto hasta la frontera de la tierra que Dios les había prometido, y en los versículos que estamos examinando hoy, vemos que él envió a estos hombres a que fueran y reconocieran el territorio. Y un detalle que también debemos conocer, es que esto no fue algo que Moisés decidió por su propia cuenta, sino que Dios así se lo había ordenado [6]. ¿Por qué ordeno Dios esto?  Yo creo firmemente que Dios ordeno esto porque Dios deseaba probar la fidelidad de éste pueblo.  Pero desdichadamente, aquí es donde comienza el problema.  Digo que aquí es donde comienza el problema porque como les dije al inicio, todos vemos las cosas de diferentes maneras.

Ahora bien, estos hombres que Moisés envió a reconocer el territorio, en realidad le dieron muy buen reporte.  Ellos confirmaron que la tierra en verdad era buena, y que era fértil; es como encontramos aquí cuando leemos: “…Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella…”  Hasta aquí todo bien; pero lamentablemente, ellos no pasaron la prueba.  No pasaron la prueba porque ellos dejaron de confiar en Dios; ellos dejaron de confiar en la promesa y fijaron su vista en las circunstancias que le rodeaban.

Fíjense bien en como continua el reporte; ellos dijeron: “…Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. 29 Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán…

Dios les había liberado de la esclavitud con un propósito. Dios les había liberado de la esclavitud, para hacer de ellos una gran nación que sirviera de ejemplo en el mundo. Dios quería bendecir a éste pueblo, pero por su poca fe e infidelidad detuvieron la bendición que Dios deseaba entregarles.  Dile a la persona que tienes a tu lado, la infidelidad detiene las bendiciones.

El gran error que cometió éste pueblo fue que ellos dejaron de concentrarse en la promesa de Dios, para concentrarse en sus propias habilidades y debilidades.   Fíjense bien en éste detalle cuando leemos: “…Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros….”  La consecuencia fue que el pueblo que Dios libero de la esclavitud de Egipto, nunca llego a entrar a la tierra prometida.

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El pueblo que Dios libero de la esclavitud, nunca pudo disfrutar de la promesa de Dios [7].  De todo el pueblo que Dios libero [8], se estima que fueron alrededor de 3 millones de personas, solo dos entraron en la tierra prometida [9], solo Caleb y Josué.  ¿Saben por qué fueron ellos solamente?

Ellos fueron los únicos en entrar en la tierra prometida porque Caleb y Josué fueron los únicos que confiaron en Dios. Cuando el resto de los espías se quejaron, dudaron, y adoptaron un espíritu de derrota, Caleb dijo: “…Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos…” Y cuando el resto del pueblo buscaba regresar a Egipto, ellos fueron los únicos que hablaron contra el pueblo, y le instigaron a confiar en Jehová [10].

En otras palabras, estos dos hombres fueron los únicos que no dudaron de la promesa de Dios, y confiaron absolutamente en Su poder. Despierta al que tienes a tu lado y dile: no podemos dudar de Dios.

Hagamos ahora una pequeña pausa, y reflexionemos en estos acontecimientos por un breve momento.  Analicemos lo que le sucedió a ese pueblo, y comparémoslo con lo que nos sucede a nosotros hoy en día. Cuando pensamos un poco en el asunto creo que todos llegaremos a más o menos la misma conclusión; creo que todos concluiremos que lo que le sucedió a éste pueblo no es muy diferente a lo que nos sucede a nosotros hoy en día.

Digo esto porque en muchas ocasiones nosotros nos comportamos igual que éste pueblo. Dios quería que éste pueblo le sirviera de bendición al mundo, Dios quería que ellos fueran el ejemplo a seguir, pero ellos no confiaron en Dios. Ellos solamente se fijaron en que la tierra estaba habitada por un gran número de personas, tenía ciudades con murallas fortificadas y gigantes que habitan en ella.

Examinémonos ahora y preguntémonos, ¿existe esto en nuestra vida hoy? Les puedo decir con toda confianza que sí, y existen muchas personas que hacen igual que hizo el pueblo de Dios en éste instante.

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