Una realidad del ser humano, es que todos nosotros estamos llenos de opiniones.  En otras palabras, todos nosotros hemos formulado ideas en nuestra mente de cómo las cosas deben suceder, o deben ser.  Esto es especialmente verdad en cuanto a lo que a Dios respecta.

Digo esto porque la mayoría de los creyentes tienen un concepto formado en su mente de cómo Dios debe actuar, y cómo deben suceder las cosas.  El problema que existe es que las opiniones que formulamos en nuestra mente, no son necesariamente correctas.  En muchas ocasiones llegamos a conclusiones basadas en nuestras propias experiencias, y se nos olvida que nosotros servimos a un Dios soberano.

En otras palabras, le imponemos condiciones a Dios, y se nos olvida que nosotros servimos a un Dios que quizás no actúe de la manera que nosotros esperamos o deseamos.  Y es de esto mismo que deseo hablarles en el día de hoy.

En los versículos que estaremos estudiando en el día de hoy encontraremos tres poderosas lecciones. Número uno: es que nuestra opinión en ocasiones nos conduce a llegar a una conclusión equivocada; número dos: es que Dios no siempre obra de la manera que esperamos; número tres: es que cuando Dios obra en nuestra vida, entonces seremos irreconocibles.

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Juan 9:1-11Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.  4 Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. 5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. 6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. 8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? 9 Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. 10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  En este punto de la historia la popularidad de Jesús había crecido, y existía una lucha continua entre Jesús, y los líderes religiosos judíos de ese entonces [1].  Jesús estaba luchando en contra de personas que creían firmemente que ellos eran los únicos que conocían la mente de Dios [2].  Pero no obstante esto, Jesús deseaba revelarles la verdad, y no retrocedería de una confrontación.  Esto es algo que queda bien evidente en Juan 8:42-44 cuando leemos “…Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.   43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. 44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.”  Todo esto nos conduce a este punto en la historia.

¿Por qué es necesario que sepamos estos detalles?  Es necesario que sepamos estos detalles, porque estos detalles nos revelan que en este punto de la historia, Jesús estaba luchando en contra de un pueblo que había formado su propia opinión acerca de cómo Dios debía actuar, y que dependían más de los rituales y tradiciones que en Dios; esto todo entonces nos conduce al primer punto de hoy.

I. Nuestra opinión en ocasiones nos conduce a llegar a una conclusión equivocada

En los versículos que estamos estudiando en el día de hoy leemos: “…Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él…”  (verss. 1-3)

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Ahora bien, quiero que notemos aquí, que los discípulos no le dijeron al Señor nada de sanar a este hombre.  No es que ellos no supieran que Él tenía el poder de hacerlo, ya que en este momento en la historia Jesús ya estaba desarrollando su ministerio completamente, y esta no seria la primera sanidad o el primer milagro que Él hubiese hecho. Ya que la palabra nos dice que: “…le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos…” [3].  Así que podemos decir con toda seguridad, que la falta de conocimiento no fue lo que les detuvo de decirle algo al Señor de sanar a este hombre, sino lo que les detuvo fueron las nociones erróneas que ellos tenían acerca de Dios.

La razón por la que digo esto, es porque por una gran porción del pueblo judío creía que si una persona nacía con una incapacidad, esto significaba que era un castigo de Dios debido al pecado de alguien en la familia.  También habían algunos que creían y enseñaban que el propio bebe podía pecar dentro del vientre de su madre, y que esto les conduciría a nacer incapacitados.  Estas son ideas que a nosotros ahora nos suenan absurdas, pero esto es algo que era enseñado por la mayoría de los rabinos de ese entonces.  Eran enseñanzas basadas más en la opinión y superstición del hombre, que en la Palabra de Dios.  Eran enseñanzas completamente erróneas.  Y es por eso que vemos que cuando ellos le preguntaron ¿quién pecó?  Jesús les contesto: “…No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él…”  (vers. 3). Con esta respuesta Jesús les enseño a ellos, y a nosotros, lo muy poco que conocemos la mente de Dios.

En  Isaías 55:8-9 encontramos que Dios nos dice: “…Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos…”  Esto es una gran verdad, ninguno de nosotros podemos ni tan siquiera imaginarnos lo que Dios esta pensando.  Pero de algo que si podemos estar completamente seguros es de que Dios desea lo mejor para cada uno de nosotros [4].  Dile a la persona que tienes a tu lado, Dios quiere lo mejor para ti.

Pero lo que sucede es que cuando tratamos de sujetar a Dios a como debe obrar, basado en nuestras experiencias o conocimiento, siempre llegaremos a una conclusión equivocada.  Llegaremos a una conclusión equivocada porque Dios es soberano y actúa según Su voluntad y no la nuestra.  Dios es soberano y no siempre obrará de la manera que nosotros pensamos, o deseamos que obre.  Esto  nos conduce al segundo punto de hoy.

II. Dios no siempre obra de la manera que esperamos

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Continuando con nuestro estudio leemos que Jesús les dijo: “…Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. 5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. 6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo…” (verss. 4-7)

Estos versículos nos revelan dos cosas bien importantes; número uno nos revela que Jesús vino a este mundo con un propósito.  Jesús vino a este mundo para salvarnos y para aliviar nuestro sufrimiento.  Número dos, Jesús nos revela que Dios no obrara necesariamente de la manera  que el hombre piensa o imagina.  Digo esto porque como podemos ver aquí,  Jesús uso el sufrimiento y la calamidad de este hombre para glorificar al Padre.  Digo que utilizó la calamidad y sufrimiento de este hombre porque como pudimos ver, él había nacido ciego, y una gran realidad es que ser ciego en ese entonces no era igual que hoy en día.

En ese entonces no existían escuelas especiales para enseñar a una persona ciega como valerse por sí misma.  No existían escuelas donde pudieran aprender a leer, y hacer todas las demás cosas que hoy en día enseñan en las escuelas especiales para personas con algún tipo de incapacidad.  A pesar de que no sabemos la edad que tenía este hombre, de lo que si podemos estar bien seguros, es que este hombre había estado toda su vida dependiendo de otros.

Este hombre había estado toda su vida a la merced de aquellos que le rodeaban.   Así que podemos decir con toda confianza, que a este hombre le había tocado pasar por momentos muy difíciles; este hombre venía sufriendo desde su nacimiento.  Pero Jesús uso todo esto para la honra y gloria del Padre, y no solo esto sino que lo hizo de una manera inesperada.

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