La semana pasada hablamos acerca de la felicidad, y toque brevemente en lo que son las bendiciones. Si se recordaran, durante esa predicación, yo les dije que existía un gran número de cristianos que a pesar de estar completamente rodeado de bendiciones, no lograban verlas y regocijarse en ellas.

También les dije que la razón principal por la que existen tantos cristianos que no han logrado obtener la felicidad, es porque en la mayoría de las ocasiones, muchos tienden a buscar la felicidad en lugares equivocados.  Es decir, muchos tratan de hallar la felicidad en las cosas no duraderas, (las cosas del mundo). Pero como les dije, la felicidad nunca puede ser alcanzada en las cosas del mundo. La verdadera felicidad solo puede ser alcanzada en las bendiciones de Dios, pero lamentablemente muchos no logran recibir las bendiciones que Dios tiene para Su pueblo.  Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué sucede esto? 

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Yo diría que la principal razón por la que esto sucede, es porque existen muchos que no están dispuestos a alzar sus manos y arrebatarlas.  En otras palabras, existen muchos que no están dispuestos a luchar en contra de toda oposición, y no permitir que se les robe lo que Dios tiene para ellos.  ¿Qué les quiero decir con esto?

Lo que les estoy diciendo es que en ocasiones, nosotros tenemos que pelear por nuestras bendiciones. 

Es decir, no podemos darnos por vencido, o pensar que las bendiciones de Dios no están a nuestro alcance porque no nos las merecemos debido a nuestro pasado, o porque no las recibimos de inmediato.

Así que hoy vamos a examinar un acontecimiento histórico, que nos demostrara que las bendiciones de Dios si están a nuestro alcance, pero que en ocasiones tendremos que luchar por ellas.  Hoy vamos a explorar un acontecimiento histórico que nos enseñara que Dios quiere bendecirnos, pero que si verdaderamente queremos la bendición, entonces no podemos darnos por vencido, sino que tenemos que estar dispuestos a luchar por ella.  Pasemos ahora a la palabra de Dios.

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Génesis 32:24-30Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 25 Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. 26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. 27 Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 28 Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. 29 Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. 30 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Primero de todo preguntémonos, ¿quién era Jacob?  Cuando Isaac tomo por mujer a Rebeca, ella no podía engendrar, entonces Isaac oró y Dios le concedió su oración.  Rebeca engendró dos varones, engendró a gemelos.

Esto es algo que queda bien resumido en Génesis 25:21 cuando leemos: “…Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer…”  Dile a la persona que tienes a tu lado: la oración es indispensable para recibir la bendición.  Pero, a pesar de que ambos hijos eran queridos por su padre, Esaú era el mayor, y el preferido [1], y como se acostumbraba en ese entonces, Esaú seria el heredero de todos los bienes de su padre.

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Ahora bien, cuando Isaac estaba casi a punto de morir, Jacob y su madre Rebeca conspiraron en contra de Esaú, y le robaron la herencia [2].  Este acto de traición condujo a que Esaú aborreciera a su hermano y que procurara matarle.

Esto es algo que queda bien resumido en Génesis 27:41 cuando leemos: “…Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob…”  Pero cuando Rebeca se entero de las intenciones de Esaú, ella inmediatamente ayudo a Jacob a que escapase de la tierra, y le envió a vivir con su hermano Labán en Harán.  Esto produjo que Jacob pudiera evitar la venganza que su hermano planeaba [3].

Jacob vivió por un tiempo con Labán y Dios le bendijo grandemente, pero llego el día cuando Dios le dijo que tenía que regresar a su tierra.  Esto es algo que queda bien claro en Génesis 31:3 cuando leemos: “…También Jehová dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo estaré contigo…”  En obediencia a Dios, Jacob comenzó el regreso a su tierra, y envió un mensaje a Esaú para informarle que estaba en camino [4].  Pero la respuesta que Jacob recibió no fue nada agradable, sino que fue una respuesta alarmante.

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Digo que Jacob recibió una respuesta alarmante, porque los mensajeros que él había enviado regresaron y le informaron que Esaú venia a recibirle acompañado de un ejército. Esaú venía acompañado de 400 hombres.  Esto causo temor en Jacob porque él pensó que su hermano venia a destruirle.  Fíjense bien como todo esto queda bien ilustrado en Génesis 32:6-8 cuando leemos: “…Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Vinimos a tu hermano Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él. 7Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y distribuyó el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos campamentos. 8 Y dijo: Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el otro campamento escapará…”

Ahora bien, la realidad del caso es que Jacob en ese momento tuvo la oportunidad huir; al escuchar estas noticias tan alarmante, Jacob podía haber tomado todo lo suyo y huir a otra tierra, o quizás haber regresado a Harán, pero no lo hizo así.

¿Por qué no huyo Jacob al escuchar que su hermano venía a recibirle con un ejército? 

Jacob no huyo porque él confió en la promesa de Dios.  Jacob confió en la promesa de Dios, y clamo a Él [5].  ¿Cómo oró Jacob a Dios?  La oración de Jacob no fue vanagloriosa,  él no pidió cosas para gastar en su deleite.  Jacob no oró pidiendo satisfacer sus deseos.  Jacob oró reconociendo que él no era merecedor de todas las bendiciones que Dios había derramado sobre él, y solo buscaba la bendición y protección de Dios.  Repítele a la persona que tienes a tu lado: la oración es indispensable para recibir la bendición.

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Cuando le oramos al Padre debemos tener mucho cuidado de la manera que lo hacemos.  Debemos tener mucho cuidado de no postrarnos ante Su presencia pidiendo cosas que no necesitamos, pero que pensamos que merecemos. Digo esto porque con frecuencia nosotros le pedimos al Padre con insistencia.

Le pedimos y pedimos, y le volvemos a pedir, pero se nos olvida incluir dos cosas esenciales en nuestra oraciones; se nos olvida pedir Su voluntad para con nosotros, y se nos olvida clamar Su gloria en nuestra vida.  Y cuando se nos olvida incluir estas dos cosas en nuestra oraciones, entonces lo único que estamos haciendo son oraciones que solo sirven para satisfacer los deseos de la carne. Oraciones que solo sirven para satisfacer los deseos de este mundo, y a consecuencia no recibimos nada.  Fíjense bien como todo esto queda bien reflejado en Santiago 4:3 cuando leemos: “…Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites…”  Pero este no fue el caso de Jacob.