Si se recordaran, la semana pasada exploramos el tema de los demonios inmundo. Durante esa predicación exploramos dos preguntas que surgen en la mente de muchos, cuales fueron: ¿es posible que el diablo pueda estar presente ante la presencia de Jesucristo?, y ¿puede estar el diablo presente en las congregaciones? La repuesta a la primera pregunta fue sí, ya que como encontramos en la palabra de Dios, el mismísimo Satanás tentó a Jesucristo en el desierto [1]. Y la segunda respuesta fue un absoluto no, ya que Satanás no tiene los atributos de Dios, así que no puede estar presente en más de un lugar a la misma vez. Pero es exactamente por esa razón que él entonces envía a sus soldados, espíritus inmundos, a tratar de influenciar y/o interferir en la relación con Dios que todo cristiano ha desarrollado.

Pero ahora debemos preguntarnos, ¿pueden existir personas dentro de las congregaciones con espíritus inmundos? Como les dije durante la predicación de la semana pasada, lamentablemente las iglesias de hoy están llenas de personas con espíritus inmundos. Claro está en que no estamos hablando de personas poseídas por poderes sobrenaturales, que causan que pierdan el uso de sus facultades, etc.

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Así que no estamos hablando de personas malas, o desagradables, sino que estamos hablando de personas que quizás sean honradas, amistosas, nobles, amables, y bondadosas, pero que en ocasiones no actúan de manera compatible con la fe, y/o con la manera que Cristo nos llama a actuar. Y es por eso que la palabra nos llama a abandonar nuestra antigua manera de ser, y renovar nuestra manera de  pensar [2].

Pero ahora la pregunta que debemos hacernos es, ¿por qué existen tantas personas dentro de la iglesia con espíritus inmundos? Y una pregunta aún más importante es: ¿qué tenemos que hacer para evitar que esto suceda en nuestra vida? Este será el tema que estaremos explorando hoy, así que pasemos ahora a la palabra de Dios.

Mateo 12:43-45Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. 44 Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. 45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.

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Ahora bien, para poder tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, vamos a detenernos aquí para examinar dos palabras claves en estos versículos, las cuales nos ayudaran a mejor entender lo que el Señor nos está diciendo.

Primero de todo vamos a examinar la palabra “espíritu”; esta palabra usada aquí es una traducción de la palabra griega “πνεῦμα” (pronunciada: niu-má), cuya una de sus definiciones es: “1. La disposición o influencia que llena y gobierna el alma de cualquiera. 2. La fuente eficiente de cualquier poder, afecto, emoción, deseo, etc.” [3].

La segunda palabra que vamos examinar ahora es: “inmundo”; esta palabra usada aquí es una traducción de la palabra griega “ἀκάθαρτος” (pronunciada: acar-zatos), cuya una de sus definiciones es: “en un sentido moral: impuro en el pensamiento y la vida”, [4]. Como podemos interpretar según las definiciones que hemos explorado, los espíritus inmundos pueden ser catalogados como todas esas cosas y/o pensamientos, que tratan de influenciarnos a actuar de manera que desagradan a Dios. Así que manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

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Analicemos ahora la primera pregunta de hoy: ¿por qué existen tantas personas dentro de la iglesia con espíritus inmundos? La respuesta a esta pregunta, es fácilmente encontrada en los primeros versículos que estamos estudiando hoy. Fíjense bien, aquí vemos que el Señor nos dice: “…Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla…” ¿Por qué digo que aquí encontramos la respuesta a nuestra primera pregunta de hoy?

La razón por la que digo que aquí encontramos la respuesta a nuestra primera pregunta de hoy, es porque en el primer párrafo encontramos exactamente lo que sucede una vez que una persona se entrega genuinamente a Dios. Y deseo que noten que dije “genuinamente”. Y entregarnos a Dios genuinamente, es algo de lo que se nos advierte claramente en 1 Juan 3:18 cuando leemos: “…Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad…” Dile a la persona que tienes a tu lado: ama a Dios de hecho y en verdad.

Pero lamentablemente, existen muchos que escuchan la palabra de Dios, y de momento se entregan a Jesucristo, pero que no perseveran en la fe [5], y el resultado final es que terminan pretendiendo en vez de creyendo. Existen muchos que se entregan a Jesucristo de momento, pero que no perseveran en la santidad, y como todos sabemos, sin la santidad nadie verá al Señor. [6].

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Lo que ha sucedido, y continúa sucediendo en la vida de muchos, es que no se preocupan, o completamente descuidan su condición espiritual. Y es por eso que las congregaciones de hoy están llenas de personas que no oran, esto es a pesar de que todos estamos llamados a como nos dice la palabra: “…Orad sin cesar….” (1 Tesalonicenses 5:17).

Las congregaciones de hoy, están llenas de personas que no cumplen con la responsabilidad que se nos ha encomendado [7]; personas que aún viendo una necesidad no se ofrecen para ayudar [8]; personas que lo mismo de la venir a la iglesia que quedarse en su casa, y/o participar de cualquiera otra cosa en vez asistir a la iglesia para compartir con sus hermanos, aprender de la palabra de Dios, y alabar al único merecedor de toda alabanza [9]. ¿Por qué es que existen tantas personas así dentro de las congregaciones? La razón es porque estas personas han permitido que espíritus inmundos influencien, y/o interfieran en su relación con Dios.

En los pasajes bíblicos que estamos estudiando hoy, el Señor estaba describiendo la condición espiritual del pueblo en ese entonces.  Y en unos versículos anteriores Él la había descrito como una generación “mala y adultera” [10], y aquí vemos que nuevamente les llama una “generación mala.”

La realidad es que cuando meditamos un poco en  las condiciones del mundo de hoy, no es difícil llegar a la conclusión que no existe mucha diferencia entre el mundo de hoy, y el mundo de ese entonces. Digo esto porque la realidad es que nosotros estamos rodeados de personas que no buscan hacer el bien, sino que hacen el mal. Los cristianos están rodeados de personas que se disfrazan como siervos de Dios, pero que en realidad son lobos rapaces [11]. Y estas personas, y les voy a llamar por lo que son, obreros del diablo, son responsable de que muchos cristianos pierdan su fe y esperanza. En otras palabras, que su casa (mente y corazón) este completamente desocupada. ¿Qué sucede entonces?

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La palabra nos dice que esos demonios de los que fuimos liberados dicen: “…Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. 45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero…”. Y ahora debemos explorar la segunda pregunta de hoy: ¿qué tenemos que hacer para evitar que esto suceda en nuestra vida? Hermanos, lo primero que tenemos que hacer para evitar que esto suceda en nuestra vida, es darle a Dios el primer lugar que solo Él se merece.

Para evitar que los espíritus inmundos de los que fuimos liberados regresen a la casa de donde salieron (nuestra vida), tenemos que asegurarnos que la casa no este desocupada, sino que este rebosada con la presencia del Espíritu Santo. ¿Cómo podemos lograr esto?

Cuando Satanás tentó a Jesús en el desierto a que convirtiera las piedras en pan, el Señor le contesto diciendo: “…Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios…” (Mateo 4:4). ¿Qué les estoy tratando de decir con esto?

Lo que les estoy diciendo es que el primer paso a tomar, es que tenemos que alimentar el fuego del Espíritu Santo en nuestra vida. Y de la única manera que alimentamos el fuego del espíritu Santo en nuestra vida, es a través de vivir según la palabra de Dios. No podemos ser simplemente oidores de la palabra, sino que tenemos que ser hacedores de ella, ya que si no practicamos lo que aprendemos, entonces nos estamos engañando a nosotros mismos [12]. De no practicar lo que aprendemos, entonces el mundo nunca vera el amor, misericordia, y gracia de Dios reflejado en nosotros.