Estamos en una estación del año muy significativa para nosotros los cristianos, estamos acercándonos a la celebración de la crucifixión y resurrección del Señor. Y hoy es el día cuando las iglesias cristianas alrededor del mundo, celebran la entrada triunfal de nuestro Señor Jesucristo en Jerusalén. Demás está decir que en éste momento de la historia, Jesucristo era bastante reconocido, ya que Él había desarrollado Su ministerio, y había hecho milagros, y muchos habían sido testigos de las sanidades que Él había hecho.

Muchos habían sido testigos de cómo Él le había devuelto la vista a los ciegos [1]; Él había sanado a los leprosos [2]; Él había liberado a los endemoniados [3]; y había hecho la señal más poderosa que podía hacer para demostrar Su verdadera identidad, Él había resucitado a Lázaro después de cuatro días de muerto [4].

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Los milagros y señales que Él había hecho habían impactado grandemente a las personas de ese entonces, y es por esa razón que ese pueblo salió a la calle a recibirle. El pueblo salió a recibir a quien ellos pensaban que era el Mesías que ellos esperaban; salieron a recibir a quien ellos veían como el rey que finalmente les liberaría de la opresión del imperio romano. Pero lamentablemente, este jubilo y gozo no duraría por mucho tiempo, sino que cambiaria drásticamente en muy poco tiempo.  Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué sucedió esto? Este es el tema que estaremos explorando en el día de hoy.

Juan 12:12-19 –  El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, 13 tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: !!Hosanna! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! 14 Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: 15 No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna. 16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho. 17 Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. 18 Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal. 19 Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Lo primero que observamos aquí es que se nos dice que en Jerusalén había una gran multitud.  Pero, ¿por qué había ésta gran multitud?

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La razón por la que había una gran multitud es porque el pueblo judío estaba a punto de celebrar las pascuas.  Ésta celebración comienza el día 15 del mes judío Nissan, y es uno de los tres mayores festivales celebrados por el pueblo judío con significado ambos histórico y agrícola.

Agrícolamente, ésta celebración representa el comienzo de la temporada de cosecha, pero muy poca atención es prestada a éste aspecto del festival.  El principal motivo de ésta celebración, es para conmemorar el acontecimiento histórico, de la liberación del pueblo judío de las manos de Egipto [5].

Éste acontecimiento histórico marco el nacimiento de la nación judía, y es por esa razón que Dios ordeno que ésta fecha fuera observada con celebración.  Esta celebración continúa siendo hasta el día de hoy, una celebración muy importante para el pueblo judío.

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Era,  y es, un tiempo de reuniones familiares, grandes cenas, reuniones de oración y demás.  En Israel las pascuas son siete días feriados, y el primero y último día es celebrado como un gran festival.  Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Lo primero que observamos aquí es que se nos dice (verss. 12-13): “…al oír que Jesús venía a Jerusalén, 13 tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: !!Hosanna! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!…” Pero, ¿qué significado tiene esto?  Lo que estamos viendo aquí es el recibimiento de un rey.  Estamos viendo el recibimiento que se le ofrecía a un rey que acaba de triunfar sobre su enemigo en el campo de batalla, y que ahora regresaba nuevamente a su reino.

Ellos echaban sus mantos y cortaban ramas de árboles para tenderlos en el camino [6], esto demuestra que ellos pensaban que la tierra no era lo suficiente buena para que éste hombre caminara sobre ella.  Según Jesús iba entrando en Jerusalén, éste pueblo le honraba y adoraba.

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Fíjense bien como nos dice aquí la Palabra cuando leemos (vers. 13): “…y clamaban: !!Hosanna! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!..”  Éstas son palabras de celebración; son palabras de júbilo. ¿Cuántos pueden levantar un grito de júbilo conmigo ahora mismo y decir: ¡Hosanna!?

Fíjense bien en otro detalle aquí cuando leemos (verss. 14-15): “…Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: 15 No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna…” Ellos estaban tan alegres porque el rey que había sido profetizado [7], finalmente había llegado. La multitud que había presenciado los milagros y señales de nuestro Señor aclamaba diciendo, ¡Hosanna! Ahora pregunto, ¿cuántos saben el significado de esta palabra?

La palabra hosanna viene de la palabra hebrea “Yasha anna” y ésta palabra es definida como “Sálvanos ahora” [8].  Así que como podemos ver, lo que ellos en realidad estaban diciendo es: “mi rey sálvanos ahora”.   Inicialmente la multitud le reconoció por quien Él es, pero todo esto pronto cambiaria.  Después de un pequeño tiempo, las alabanzas y el júbilo se terminarían, y se volverían en traición y condenación.

Después de un pequeño tiempo, éste pueblo que gritaba “¡Hosanna al Hijo de David!”, pronto escogería aceptar a un  ladrón y homicida en la comunidad, en vez de a Jesucristo [9].  Pero la pregunta que debemos hacernos ahora es, ¿por qué sucedió un cambio tan drástico?

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Una de las razones por la que esto sucedió, es porque las personas se dejaron llevar por las opiniones y doctrinas de hombres (escribas y fariseos), en vez de por la palabra de Dios. Las personas de ese entonces, al igual que muchos hoy en día, permitieron que la religión y leyes establecidas y creadas por hombres, les cegaran a la verdad.  Ellos sucumbieron a la presión social producida por estos líderes religiosos, y fueron cegados a la verdad de Dios. Pero la razón principal por la que el pueblo de ese entonces término rechazando y condenando a Jesucristo, fue para que se cumplieran todas las profecías acerca de nuestro Señor.

En si existen más de 300 profecías mesiánicas, que nuestro Señor cumplió con su ministerio y muerte.  Además, Él mismo les había enseñado a los discípulos lo que tenía que acontecer.  Esto es algo que encontramos bien declarado en Mateo 20:18 cuando leemos: “…He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte…”

Otra razón por la que el pueblo término rechazando y condenando al Señor, fue porque Jesús no actuó de la manera que ellos deseaban, o esperaban que Él actuara.  ¿Qué es lo que ellos deseaban y esperaban? Este pueblo deseaba y esperaba a un guerrero; ellos deseaban a un hombre que dirigiera una revolución en contra del imperio romano; pero Jesús no llego para dirigir una revolución, sino que llego desenmascarando el pecado que existía en los líderes religiosos de ese entonces.  Esto es algo que queda bien ilustrado en las palabras de nuestro Señor Mateo 23:27 cuando leemos: “..!!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia…”