Jesucristo te sana; levántate

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: Jesucristo te sana; levántate

Por: José R. Hernández, Pastor
Ministerio El Nuevo Pacto, Hialeah, FL.

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Hechos 9:32-35

Introducción

Una gran realidad es que en esta vida se presentan situaciones o circunstancias, que nos desaniman y nos detienen de obrar para Dios.  Es decir, permitimos que la influencia que nuestros círculos sociales y familiares ejercen en nuestra vida nos incapaciten, y/o  paralicen, de actuar de la manera a la que fuimos llamados a actuar. ¿De qué menara se nos ha llamado, y exige actuar? Todos cristiano está llamado a perseverar en la santidad [1].

Ahora bien, como he dicho en numerosas ocasiones, esto no significa que alcanzaremos la perfección, ya que solo existe uno perfecto, y su nombre es Jesucristo [2].  Pero esto tampoco significa que podemos pecar libremente, y andar por caminos que bien sabemos desagradan a Dios, pensando que seremos bendecidos [3].

Pero lo que no podemos permitir es que nuestros errores, o tropiezos, y les puedo asegurar que todos, sin excepción de uno los tendremos [4], nos incapaciten para que no caminemos hacia la perfección de Dios.   En otras palabras como fieles creyentes, no podemos permitir que las personas que nos rodean,  y/o las circunstancias y situaciones que se presentan en nuestra vida paralicen nuestro crecimiento espiritual.

Esto por supuesto nunca fue el caso en la iglesia primitiva;  es más, cuando analizamos la historia de la iglesia primitiva, pronto descubrimos que todo lo contrario es verdad.  Digo esto porque cuando analizamos la historia de la iglesia primitiva, pronto nos damos cuenta que a pesar de la gran persecución que existió en contra de los creyentes, la iglesia crecía y crecía.  Sin embargo, aunque en estos tiempos no existe ese tipo de persecución (por lo menos en este país), la iglesia y las congregaciones continúan decayendo.

Con cada día que pasa, más y más congregaciones cierran sus puertas permanentemente, y más y más pastores dejan el ministerio porque se sienten defraudados. ¿Por qué existen tantos pastores que se sienten de esta manera?   La razón principal es porque tal parece que las personas no quieren escuchar la verdad de Dios, y que cualquier otra cosa es más importante que dedicarle una o dos horas al Señor y congregarse para alabar, y escuchar la palabra de Dios.

Esto es algo que queda bien reflejado en el reporte de Pew Centro de Investigación Religión y Vida Pública más reciente que indica que “En los Estados Unidos, los cristianos disminuirán de más de tres cuartas partes de la población en 2010 a dos tercios en 2050, y que el judaísmo ya no será la religión no cristiana más grande. Los musulmanes serán más numerosos en los EE. UU.,  que las personas que se identifican como judíos por su religión”.

El estudio también encontró que “durante las próximas décadas, se prevé que la cantidad de personas religiosamente no afiliadas en todo el mundo crecerá modestamente, pasando de aproximadamente 1.100 millones en 2010 a un máximo de más de 1.200 millones en 2040 y luego disminuyendo ligeramente [5]”.

Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué está sucediendo esto?  ¿Por qué es que el cristianismo está en decadencia? Me atrevo a decir que la razón principal por esto es la apostasía  que estamos presenciando hoy en día. Digo esto porque hoy en día tal parece que las congregaciones están más preocupadas con ministrar la prosperidad, que la santidad.  Tal parece que hoy en día no quieren escuchar la verdad, sino que solo desean escuchar cuentos y fabulas que les hacen sentir bien, o complacidos en su condición espiritual [6].

Así que la apostasía, es decir, el apartamiento de la vedad de Dios es grandemente responsable del decaimiento cristiano que ha sucedido a través de los años, y que continuara en las décadas siguientes. Y existe algo extremadamente importante, y responsable, absolutamente relacionado con todo esto.  ¿De qué les hablo?  Este será el tema que estaremos estudiando en el día de hoy.

Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Hechos 9:32-35Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida. 33 Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. 34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó. 35 Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor.

¿Qué otra cosa esta causando, y causara el decaimiento en el número de cristianos además de la apostasía? La respuesta a esta pregunta la encontramos aquí bien reflejada cuando leemos: “…Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico…”  ¿Por qué digo que este pequeño versículo responde nuestra pregunta?

Lo digo porque la gran realidad es que la mayoría del pueblo cristiano no sufre de una enfermedad física, sino que sufre de una enfermedad espiritual. Y la realidad es que aunque una enfermedad física puede detenernos de hacer ciertas cosas, la enfermedad espiritual no solo nos detiene de hacer ciertas cosas por un tiempo; la enfermedad espiritual nos incapacita totalmente como en el caso de este hombre llamado Eneas.

Como podemos ver, este hombre llevaba “ocho años” en cama, y tal parece que los cristianos mientras más tiempo llevan en el evangelio, menos hacen para la obra de Dios.  Mientras más tiempo llevan en el evangelio, más paralizados se encuentran en su crecimiento espiritual, y en su compromiso a Dios.

Con los avances científicos y médicos que tenemos hoy en día, en un gran por ciento de las ocasiones, los médicos tienen a su disposición medicinas y tratamientos que pueden sanar a una persona de una enfermedad física, pero cuando se habla de una enfermedad espiritual, no existe médico ni tratamiento que pueda sanar y levantar a una persona.  Solo existe uno que puede sanar a una persona de esta condición, y su nombre es Jesús. Pero para obtener esta sanidad necesitamos dos cosas, compromiso y fe.

Como vimos, Eneas llevaba ocho años en cama, y aunque desconocemos de la enfermedad que sufría, podemos confiadamente asumir que su sufrimiento fue grande.  Si hacemos una comparación entre el sufrimiento de este hombre y el pueblo de Dios de hoy, creo que pronto encontraremos un paralelo, es decir, existen muchos igualmente afectados.  Claro ésta en que no les estoy hablando de una enfermedad física, pero si existen muchos dentro del pueblo de Dios que sufren de una parálisis espiritual.

¿Qué causa la parálisis espiritual?

La mayor causa de la parálisis espiritual es la falta de atención a la palabra de Dios. 

La mayor causa de la parálisis espiritual es que no queremos hacer caso a las advertencias; mientras más tiempo llevamos en el evangelio, menos queremos escuchar la verdad de Dios.

Esto es algo que queda mejor expresado en las palabras del apóstol según encontramos en Hebreos 5:12 cuando leemos: “…Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido…”  Dile a la persona que tienes a tu lado: tenemos que dejar la leche.

Cuando somos simples bebés la nutrición que la leche provee es suficiente, pero la gran realidad es que según crecemos, nuestro cuerpo necesita más nutrición de lo que la leche no nos puede proveer.  ¿Por qué?

Porque según vamos creciendo aprendemos a caminar, y luego a correr.  Ya no estamos en una cuna acostados, solo comiendo y durmiendo.  Según crecemos nuestro nivel de actividad aumenta, y este aumento requiere más nutrición, y más calorías.  De igual manera sucede en nuestra vida espiritual.  Según vamos creciendo, tenemos necesidad de mejor nutrición.

En otras palabras, necesitamos que nuestro espíritu sea nutrido por la verdad de Dios. 

¿Por qué?  Porque la verdad es que si no nos nutrimos y fortalecemos con la verdad de Dios, eventualmente sufriremos de anemia espiritual.  Y como todos saben, una persona anémica es una persona que no tiene ánimo ni fuerzas.  Una persona anémica puede tener fuerza de voluntad, pero no la fuerza física que necesita para mantenerse parado.  Y les aseguro que el enemigo tomara ventaja de esta condición espiritual en toda ocasión.

Nuestro enemigo es extremadamente complacido cuando ve a un creyente malnutrido.  ¿Por qué?  Porque él sabe muy bien que un creyente malnutrido es presa fácil [7].  Nuestro enemigo sabe muy bien que un creyente malnutrido eventualmente quedara paralítico, y postrado en un lugar. ¿Qué hará entonces?

Nuestro enemigo empleara pensamientos terrenales y carnales como un arma eficaz para tratar de alejarnos de la presencia de Dios. Y es por eso que nunca podemos olvidarnos que el campo principal de batalla de la guerra en la que nos encontramos, es nuestra mente. ¿De qué les hablo?

Les hablo acerca de pensamientos como el desanimo, la depresión, la avaricia, los celos, la soberbia, la codicia, la lujuria, la lascivia, y todos esos otros pensamientos desordenados que bien sabemos no agradan a Dios y que no edifican Su obra.  Estamos hablando acerca de pensamientos que si no aprendemos a reconocerles por lo que son, ataques del enemigo, tarde o temprano caeremos paralíticos y postrados en nuestro caminar cristiano.

En otras palabras, nuestro crecimiento espiritual será detenido y quedaremos postrados en un estilo de vida que no glorifica a nuestro Señor.  Sin embargo, cuando reconocemos nuestra condición espiritual, y aprendemos a reconocer estas cosas por lo que son, entonces las cosas son muy diferentes.  Continuemos ahora con nuestro estudio para que vean lo que les digo.

Aquí encontramos que se nos dice: “…Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó...”  Lo que sucedió con este hombre no es muy diferente a lo que nos sucedió a muchos de nosotros. Digo esto porque cuando una persona genuinamente acepta a Cristo como su Rey y Salvador, y permite que Él toque su corazón, entonces nuestro espíritu enfermo es sanado y liberado.  ¿Se acuerda alguien de lo que sucedió en su vida cuando el Señor llego a ella?

Yo diría que la mayor parte del cuerpo de Cristo consiste de personas que una vez estuvieron sedientos y hambrientos; necesitados y sufriendo; debido a las circunstancias difíciles que se presentan en éste mundo.   En otras palabras, Él llego cuando más lo necesitábamos, cuando más angustiados y llenos de dolor estábamos. Él llego y toco nuestro corazón y nuestro espíritu fue sanado de inmediato. Pero desdichadamente, en ocasiones, a muchos se les olvida el milagro que Él hizo y el que está haciendo en nuestra vida.

Digo que se nos olvida porque con frecuencia dejamos de ser el ejemplo a seguir, dejamos de servirle de la manera que Él busca y desea que le sirvamos.  En ocasiones nosotros mismos le facilitamos la oportunidad al enemigo para paralice nuestro espíritu.  Con frecuencia envés de alejarnos de esas cosas que paralizan nuestro crecimiento espiritual, persistimos en ellas.

Cosas como amistades y relaciones que bien sabemos no conducen a bien, sino que manchan nuestro testimonio.  Ahora pregunto, ¿quiere Dios que hagamos esto?  La respuesta es ¡NO! Esto es algo que queda muy bien reflejado en las palabras del apóstol Pablo como encontramos en 2 Corintios 6:17 al leer: “…Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré…”  ¿Cómo podemos saber si nuestro crecimiento espiritual esta paralítico y postrado?  La respuesta a esta pregunta es fácilmente encontrada tomando un inventario de nuestra vida.  Por ejemplo:

Si te encuentras en una relación inmoral, y fornicaria, pero continuas profesando que eres cristiano, estas paralítico y postrado en tu caminar cristiano.

Si te da lo mismo venir a la iglesia para alabar y escuchar la palabra de Dios que no venir, pero continuas profesando que eres cristiano, estas paralítico y postrado en tu caminar cristiano.

Si encuentras de entretenimiento y diversión programas y películas que glorifican, y en ocasiones instigan el robo, los asesinatos, el adulterio, la fornicación, la promiscuidad, y todas esas otras cosas aborrecidas por Dios, pero continuas profesando que eres cristiano, estas paralítico y postrado en tu caminar cristiano.

Si permites ser dominado por el egoísmo, la lujuria, la lascivia, y el orgullo, pero continuas profesando que eres cristiano, estas paralítico y postrado en tu caminar cristiano.

Si estas más preocupado con los placeres y gusto que ofrece éste mundo, envés de en tu relación con Dios, pero continuas profesando que eres cristiano, estas paralítico y postrado en tu caminar cristiano.

Si al tomar inventario de tu vida has encontrado que algunas, o todas estas cosas se aplican a ti, no todo está perdido.  Escucha hoy: “…Jesucristo te sana; levántate…”

Nunca nos olvidemos de lo que nos dice la palabra en Romanos 6:23 cuando leemos: “…Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro…”

Para concluir.

En estos versículos vemos que Eneas se levanto de su cama inmediatamente. Y esto es exactamente lo que todos nosotros debemos y tenemos que hacer. Jesucristo llega a nosotros, nos sana, y tenemos que levantarnos inmediatamente.

No hay tiempo que perder, no existen excusas. No podemos dudar; como les dije al inicio, para recibir la sanidad que Cristo nos brinda necesitamos dos cosas; compromiso y fe. Así que tenemos que absolutamente confiar en las palabras del Señor cuando nos dice: “…Si el Hijo os libertare seréis verdaderamente libres…” (Juan 8:36). Digo esto porque esto fue lo que sucedió en el caso de Eneas.

Eneas respondió a las palabras del apóstol, y fue sanado; y tú puedes ser sanado hoy de la misma manera.  Cristo es el único capaz de sanarte de la parálisis espiritual que sufres. Cristo es el único capaz de liberarte de la angustia y dolor que sientes.

Cuando Jesús nos toca somos sanados, cuando Él nos toca los demonios huyen, pero una vez que esto sucede tenemos que comenzar a servirle.  Aquí vemos que la Palabra nos dice: “…Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor…”  ¡Esto es de lo que estoy hablando! Una vez que somos sanados, una vez que somos liberados, tenemos que testificar.

Tenemos que mostrarle al mundo como el Señor nos ha liberado, salvado y sanado. Tenemos que mostrarle al mundo el milagro que Él ha realizado en nuestra vida. Para que a través de nuestro testimonio, al igual que en este caso, otros se conviertan al Señor.

Si no queremos caer paralíticos, o desarrollar una anemia espiritual, entonces tenemos que perseverar en nuestra fe, y nutrirnos con la palabra de Dios. Parte de la recuperación de toda enfermedad son las vitaminas, y una buena nutrición, especialmente en el caso de la anemia.  Así que tenemos que tomar nuestras vitaminas, que son las promesas que Dios nos ha entregado, y tenemos que nutrirnos con Su verdad, algo que es solamente encontrado en Su santa y divina palabra.

No podemos permitirle al enemigo que nos paralice y postre en una condición espiritual que desagrada a Dios, sino que tenemos que siempre recordar que Cristo nos ha liberado.  Cristo nos sano, Cristo nos restauro, y es hora de levantarnos y servirle como Él espera y exige.

Dile a la persona que tienes a tu lado: “…Jesucristo te sana; levántate…”

[1] Levítico 11:44-45; 19:2; 20:26; 1 Pedro 1:15-16; Mateo 5:48
[2] 1 Pedro 2:21-22
[3] Romanos 6:1-2
[4] Romanos 7:18-19
[5] Pew Research Center Religion & Public Life – DEMOGRAPHIC STUDY APRIL 2, 2015 – THE FUTURE OF WORLD RELIGIONS: POPULATION GROWTH PROJECTIONS, 2010-2050
[6] 2 Timoteo 4:3-4
[7] 1 Pedro 5:8

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