Si alguno tiene oídos para oír

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: Si alguno tiene oídos para oír

Introducción

Si se recordaran, la predicación de la semana pasada nos llamo a que examinásemos que tipo de terreno éramos.  Y durante esa predicación también les ministre, que para alcanzar la felicidad y la paz que Dios desea entregarnos, tenemos que fortalecer nuestra fe.  En otras palabras, tenemos que actuar por convicción, y nunca dejarnos llevar por emoción.

Durante esa predicación, también les dije que no podemos permitir que las cosas del mundo, y/o las circunstancias que nos rodean, nos separen o creen una barrera entre nosotros y Dios.  La razón principal por la que no podemos permitir que nada nos separe de la presencia de Dios, es porque el ser humano es nada; es decir el hombre apartado de Dios nunca alcanzara la paz y felicidad que Dios desea derramar sobre su creación [1].

Así que en la predicación del día de hoy, deseo que estudiemos más de cerca uno de los puntos principales acerca del fortalecimiento de nuestra fe.  Deseo enfocar el estudio bíblico de hoy en esta dirección, porque la gran realidad es que la mayoría de los cristianos con frecuencia oímos, y oímos la palabra de Dios (predicaciones Biblicas), pero no siempre estamos dispuestos a hacer lo que se nos dice, sino que escogemos hacer lo que mejor estimamos este correcto.  Pero el problema que hay con esto es que el ser humano, incluyendo a los cristianos más fieles, podemos, y con frecuencia nos equivocamos; sin embargo, Dios nunca se equivoca.

Como todo cristiano fiel sabe, la biblia, es decir, la palabra de Dios, es nuestra espada [2].  Y como he predicado en numerosas ocasiones, la palabra de Dios es un arma eficaz e indispensable. Porque sin la palabra de Dios no tenemos como defendernos contra los ataques del enemigo.  Así que hoy vamos a determinar qué bien escuchamos lo que Dios nos advierte y dice.  Abramos ahora nuestra biblia a la lectura del versículo principal de nuestro estudio bíblico.  Usemos ahora nuestra espada para combatir al enemigo.

Marcos 4:23Si alguno tiene oídos para oír, oiga.

Durante su ministerio aquí en la tierra Jesús con frecuencia concluía sus enseñanzas diciendo “el que tiene oídos para oír, oiga”.  Lo dijo con respecto a Juan el bautista [3]; con respecto a la parábola del sembrador [4]; con respecto a la explicación de la parábola de la cizaña [5]. Y en el libro de Apocalipsis en sus cartas a las siete iglesias de Asia, Jesús también concluye con lo mismo: “el que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

La realidad es que esta manera de concluir las enseñanzas, y mensajes del Señor, puede ser encontrada en numerosos lugares en la biblia.  Pero ahora debemos preguntarnos: ¿qué nos quiere decir el Señor con esto?

Creo que todos aquí estaremos de acuerdo cuando digo, que lo que el Señor nos está diciendo con esa frase es que lo que se ha dicho es de suma importancia. Para ponerlo en términos modernos, esta frase frecuentemente usada por el Señor, es igual que decir: ¿entendiste bien lo que te he dicho?

En otras palabras, tratar de asesorarnos de que lo que hemos dicho fue correctamente entendido, y que las instrucciones que hemos dado serán seguidas correctamente.  Así que al escuchar esta frase, tenemos que saber que lo que se nos está diciendo es de suma importancia, y que tenemos que prestar atención.  Así que despierta al que tienes a tu lado y dile: Si alguno tiene oídos para oír, oiga

Algo interesante a notar acerca de esta frase, es que nos demuestra que el mismo Jesucristo, a menudo experimentaba el problema que existe hoy en día. ¿Qué problema tenía Jesús y continuamos experimentando hoy en día? El problema es que muchas personas no quieren escuchar, o no escuchan lo suficiente para entender.

Y existe un gran peligro en esto; si se recordaran, este fue uno de los puntos principales de la predicación de la semana pasada, ya que como el Señor dijo: “…Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón…” (Mateo 13:19).

Y es por eso que tenemos que examinarnos y preguntarnos, ¿qué tan bien escuchamos?  Yo sé que todos aquí oímos, pero, ¿qué tan bien escuchamos? Hago esta pregunta porque existe una gran diferencia entre oír y escuchar.

Para que entiendan bien lo que les quiero decir, examinemos ahora brevemente la definición de ambas palabras según el diccionario de la Real Academia Española.  Oír es definida como: “Percibir con el oído los sonidos”. Escuchar es definida como: 1. Prestar atención a lo que se oye. 2. Dar oídos, atender a un aviso, consejo o sugerencia”.

Y ahora vamos a ver la definición de la palabra “oiga” que el Señor emplea en el versículo principal que estamos usando hoy.  Según el Blue Letter Bible Lexicon, la palabra “oiga” (Strong’s G191) es una traducción de la palabra griega “ἀκούω” (pronunciada: á-qúo, que se define como: “1. Escuchar para atender, considerar lo que se está diciendo o se ha dicho. 2. Entender, percibir el sentido de lo que se dice.” Así que cómo podemos apreciar, existe una gran diferencia entre oír, y escuchar, y el Señor no nos llama a oír, el Señor nos llama a escuchar.

Al igual que hicimos la semana pasada, hoy vamos a examinarnos. Hoy vamos a examinar los diferentes tipos de oyentes que existen, para determinar en qué categoría nos encontramos. Hoy vamos a determinar si solamente estamos oyendo, y si estamos escuchando.

Existen tres tipos de oyentes. 

Los tardos (desanimados) como encontramos en Hebreos 5:11 cuando leemos: “…Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hechos tardos para oír…”  El problema que existe con este tipo de oyente, es que es muy difícil que alguien le pueda explicar algo.  El problema no está en lo que se enseña, ni en lo que se presenta, sino que el problema está en el oyente.

Esto es algo que nuestro Señor explico claramente cuando dijo como encontramos en Mateo 13:13 cuando leemos: “…Por eso les hablo en parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden…” Y ahora debemos preguntarnos, ¿por qué existen tantos cristianos en esta categoría?  ¿Por qué existen tantos cristianos que viendo no ven, y oyendo no escuchan ni entienden?

La razón principal por la que vemos esto acontecer es porque existe un gran número de cristianos descorazonados.  Y la razón principal por la que esto sucede es la falta de fe, o falta de confianza absoluta en el Señor.  La falta de fe es lo que evita que podamos correctamente entender la verdad de Dios.  La falta de fe es lo que evita que podamos darle las espaldas al pecado, y que recibamos las bendiciones que Dios desea derramar en nuestra vida. Dile a la persona que tienes a tu lado: fortalece tu fe.

El segundo tipo de oyente que existe es el que escucha con oído anheloso (deseo vehemente de conseguir alguna cosa).  Fíjense bien como Pablo los describe en 2 Timoteo 4:3-4, y para que entiendan bien el punto que deseo hacerles, les voy a leer estos versículos según encontrados en la traducción Nueva Versión Internacional; “…Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. 4 Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos…”.  Y las palabras claves aquí que nos ayudan a entender bien lo que la palabra de Dios nos está diciendo son: “…novelerías que quieren oír..”

¿Qué tipo de oyente es este? 

Este es el tipo de oyente que solo desea escuchar lo agradable.  Y lamentablemente existe un gran número de cristianos que a diario se unen a este grupo; pero, la verdad de Dios no siempre es algo que nos agrada.  Es más, yo diría que la mayoría de las predicaciones y estudios bíblicos basados en la sana doctrina, no agradan a las personas. ¿Por qué digo esto?

Digo esto porque las predicaciones y los estudios bíblicos basados en la sana doctrina, en todo momento nos llaman al arrepentimiento, y a seguir la palabra de Dios.  En otras palabras, las predicaciones y estudios bíblicos basados en la sana doctrina nos llaman a separarnos de las cosas del mundo, y a cambiar nuestra vida por completo.  Pero lamentablemente existen muchos cristianos que no están dispuestos a cambiar su manera de vivir de tal manera.  ¿Qué significa esto?

Esto significa que cuando las predicaciones o los estudios bíblicos hablan fuerte, ellos no los entienden, se molestan, se ofenden, etc. etc.  ¿Qué hacen entonces?  Lo que hacen es que se convierten en saltamontes, y se pasan la vida brincando de congregación a congregación.  Se pasan la vida buscando maestros, pastores, y oradores que prediquen mensajes que les agrade, sin importarle que si lo que están escuchando es bíblico o invento de hombres.  En otras palabras, prefieren y buscan oír lo bonito o las fábulas.

Pero como verdaderos cristianos, y seguidores de la palabra de Dios, nosotros no podemos estar buscando que se nos halague, sino lo que tenemos que siempre buscar es la verdad de Dios. Tenemos que buscar, descubrir, y eliminar de nuestra vida todas esas cosas que desagradan a Dios. Y como he repetido en numerosas ocasiones, y continuare repitiendo en el futuro, ninguno somos libres de pecado. Dile a la persona que tienes a tu lado: busca la verdad de Dios.

El tercer tipo de oyente que existe son aquellos que escuchan con un corazón dispuesto. Esto es algo que vimos claramente en la predicación de la semana pasada, cuando el Señor hablo de ellos en Lucas 8:15 cuando leemos: “…Mas la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia…” ¿Qué tipo de oyente es este? Como les dije la semana pasada, este es el tipo de persona que todos debemos, y tenemos que buscar ser.

Digo esto porque estas son las personas que escuchan y entienden la palabra de Dios.  Estas son las personas que escuchan las predicaciones y estudios bíblicos, con un corazón dispuesto a recibir y entender la voluntad de Dios en su vida.  Estas son las personas con un corazón dispuesto a recibir las bendiciones que Dios desea derramar en su vida.

La realidad de todo es que para recibir las bendiciones que Dios desea derramar en nuestra vida, tenemos que no solamente oír, sino tenemos que escuchar la palabra de Dios con un corazón dispuesto; tenemos que escuchar con un corazón dispuesto para que la palabra de Dios penetre y obre en nosotros.  Dile a la persona que tienes a tu lado: la palabra de Dios produce fe.

Nuestra fe viene a través de la palabra de Dios [6].  Una de las razones por la que nuestra fe en muchas ocasiones no está al nivel que debe estar, es porque no escuchamos debidamente, y a consecuencia nos falla, o se nos debilita la fe.  Y cuando esto sucede nos perdemos las bendiciones que Él nos tiene.

Escuchar debidamente es de suma importancia para dar buenos frutos.  En la parábola del sembrador [7], la biblia nos dice que la única buena tierra son aquellos que oyen la palabra de Dios con un corazón bueno.  Esto es porque el fruto viene del entendimiento de la gracia de Dios.  Solamente oyendo con un corazón bueno podemos entender la gracia de Dios.  Solamente con un corazón bueno podemos dar frutos para su gloria.

Pero lo que sucede con frecuencia es que en ocasiones, nuestro orgullo evita que nuestro corazón sea tierra fértil.  Es decir, no escuchamos lo que el Señor nos dice.  Pensamos que no estamos haciendo nada mal, así que no tenemos que cambiar en lo absoluto.  Esto es algo que sucede porque con frecuencia; las malas experiencias y circunstancias que nos rodean endurecen nuestro corazón.

Pero la realidad es que al igual que los predicadores tienen que hablar claramente para ser bien entendidos, los oyentes tienen que oír con un corazón dispuesto a entender, a recibir, y aceptar la convicción que Dios nos habla a través de Su palabra. Dile a la persona que tienes a tu lado: no endurezcas tu corazón.

Como he repetido en numerosas ocasiones, Dios nos habla de diferentes maneras.  Dios nos habla a través de la biblia; Dios nos habla a través de las predicaciones y estudios bíblicos; Dios nos habla a través de nuestros hermanos en la fe; Dios nos habla a través de la convicción que recibimos a diario.  Dios nos habla a través de las alabanzas y adoraciones. Pero para poder escuchar la voz de Dios, nuestro corazón tiene que ser tierra fértil.

Nuestro corazón tiene que estar dispuesto a escuchar y asimilar lo que hemos escuchado, leído, o estudiado.  Tenemos que escuchar con fe, escuchar sabiendo que lo que se está diciendo es la palabra de Dios.  Dile a la persona que tienes a tu lado; no oigas, ¡escucha! ¿Qué les quiero decir con esto?

Lo que les estoy diciendo, es que tenemos que estar muy conscientes de que lo que estamos escuchando es un mensaje de Dios muy personal.  Lo que les estoy diciendo, es que tenemos la obligación de hacer que nuestra fe crezca, la obligación de hacer la voluntad de Dios.  Cuando aceptamos al Señor tomamos una responsabilidad muy grande. Y es hora de que escuchemos las advertencias que Él nos da.

Así que escucha bien esta advertencia según el apóstol en Santiago 1:22 cuando leemos: “…Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos…” No nos engañemos; de nada nos vale asistir a la iglesia veinte veces por semana, esto es religión, y como he repetido en numerosas ocasiones, la religión no salva. Si NO somos hacedores de lo que la palabra de Dios nos indica, entonces no estamos haciendo nada. Dile a la persona que tienes a tu lado: tenemos que ser hacedores de la palabra.

Para concluir.

Ahora pregunto; ¿qué tipo de oyente eres tú?  Nunca te olvides de que para ser bendecidos, tenemos que aprender a escuchar, porque todo empieza con un buen entendimiento.

El escuchar lo que Jesús nos dice es esencial para el beneficio de nuestro espíritu. Preguntémonos ahora, ¿hemos escuchado lo que Él nos ha dicho?, ¿hemos tomado en serio sus advertencias? Si la respuesta es no, pues entonces escucha estas palabras del Señor:

Lucas 6:46 – ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?

No podemos ignorar el mensaje, no podemos ignorar las advertencias, no podemos permitir que Satanás se cuele en nuestra vida y derrumbe lo que Dios está edificando.

Así que ahora los dejo con este pensamiento final: “…El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias…”

[1] Juan 15:4-6
[2] Hebreos 4:12
[3] Mateo 11:15
[4] Mateo 13:9
[5] Mateo 13:43
[6] Romanos 1:17
[7] Lucas 8:15

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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