Deseo informarles, que durante las tres próximas semanas, no estaré predicando como normalmente lo hago, sino que estaré presentándoles un estudio bíblico. Estaré presentándoles un estudio bíblico del que el Señor me dio convicción en el 2014, que trata con diversos temas, pero en específico trata con el día que el Señor exige que Su pueblo se reúna para escuchar la palabra de Dios, y para alabar Su santo nombre.

Ahora bien, como he predicado en numerosas ocasiones, todo cristiano fiel debe, y tiene que crecer espiritualmente; todo cristiano fiel debe y tiene que examinar la palabra de Dios con detalle para evitar caer en las trampas del enemigo [1].

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Habiendo dicho esto, estoy aquí para informarles que nuestro ministerio ha cometido un error doctrinal.  Pero deseo que quede bien claro, que no ha sido un error salvífico. En otras palabras que tenga que ver con nuestra salvación.

Pero gracias a Dios que en Su infinita misericordia nos ha revelado el error, para que podamos arrepentirnos, y corregirlo.   ¿Cuál ha sido nuestro error?

Nuestro error ha sido seguir doctrina y tradición del hombre, en vez de seguir lo que la biblia claramente nos enseña, acerca del día de reposo (Sabbat).

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Ahora bien, antes de proceder deseo que quede bien claro que nosotros no aceptamos, ni estaremos adoptando, la doctrina Adventista del Séptimo Día, ya que a pesar de que ellos guardan el día de reposo, es decir, el Sabbat, este culto también sigue doctrinas de hombres, en este caso, las enseñanzas de Ellen G. White.

También quiero que quede muy claro, que nosotros no estamos adoptando una doctrina legalista, ya que el legalismo no salva, solamente existe un salvador, y solo por obra y gracia de Dios es que alcanzamos la salvación [2].

Así que deseo que quede extremadamente claro, que no estoy diciendo que tenemos que convertirnos en estrictos y exclusivos seguidores de la ley. La realidad es que ningún hombre ha podido, ni podrá cumplir la ley, y es exactamente por eso que Dios tuvo que enviar a Jesucristo para que la cumpliera, y a través de Él pudiésemos obtener la salvación [3].

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En el sermón del monte (Mateo 5) encontramos que el Señor dijo: “… No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir…” Y quiero que nos fijemos en un detalle aquí que nos ayudara a entender mejor lo que el Señor nos dice.   El Señor dijo: “…sino para cumplir…”  Dile a la persona que tienes a tu lado: Jesucristo vino a cumplir la ley.

A primera vista esto aparenta perfecto, ya que si el Señor cumplió la ley por nosotros, esto significa que no existe nada más que nosotros tengamos que hacer.  Si el Señor cumplió toda la ley, esto quiere decir que estamos libres de hacer lo que queramos porque ya no vivimos bajo el Pacto de la Ley, sino que vivimos bajo el Pacto de la Gracia, así que el pecado no existe, ya que por definición, el pecado es la infracción de la ley [4].

Pero la realidad es que nosotros no estamos libres de la ley.  Cuando examinamos el significado de la palabra “cumplir” encontrada en ese versículo, vemos que su origen es de la palabra griega “πληρόω” (plei-rra-ó), y esta palabra no se define como cumplir, sino que su definición es:

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  1. para hacer completo, para llenar, es decir, para llenar al máximo;
  2. causar que abunde, proporcionar o facilitar liberalmente.
  3. para llenar a la cima: de modo que no quede nada deseado, llenar hasta el borde [5].

Esta pequeña exploración de esta definición, nos permite entender que el Señor en vez de quitarle a la ley de Dios, lo que hizo fue elevarla a un nivel superior.  Dile a la persona que tienes a tu lado: el Señor elevo la ley.

Por ejemplo; observemos lo que el Señor nos dice acerca del sexto y el séptimo mandamiento:

En Mateo 5:21-22 encontramos que el Señor nos dice (sexto mandamiento):

“…Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego…”

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Y también en el mismo capítulo vemos que nos dice (séptimo mandamiento):

“…27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón…”

¿Pueden ver lo que el Señor está diciendo? Creo que con estos dos pequeños ejemplos, todos podemos entender que el Señor elevo la ley de Dios a un nivel superior, ya que Él nos está indicando que podemos pecar, o ofender a Dios, con solo un pensamiento o mala intención.

Pero a pesar de que esto está más claro que el agua, todavía existen muchos que predican y enseñan que Cristo abolió la ley, y con frecuencia usan Efesios 2:15 para apoyar o reafirmar su posición.

Pero examinemos este versículo brevemente para ver si tienen razón o no.  En Efesios 2:15 encontramos que se nos dice: “…aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz…”