¿Has perdido a Jesús?

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: ¿Has perdido a Jesús?

Introducción

Una relación con Dios debe, y tiene que ser, la relación más importante que toda persona debe establecer y desarrollar, porque ella determinará no solo como viviremos aquí sino dónde pasaremos el resto de la eternidad.

Lamentablemente, entre el bullicio de este mundo, las ocupaciones, preocupaciones, y tareas de nuestro vivir cotidiano, con frecuencia la intensidad de nuestra relación con Dios puede disminuir, y eventualmente comenzar a desgastarse. Esto es algo que sucede porque cuando estamos muy ocupados, en vez de sacrificar horas de trabajo, o diversión, preferimos sacrificar el tiempo que le corresponde a Dios. Y en muchas ocasiones decimos cosas similares a: estoy muy cansado, oraré mañana; tengo mucho sueño, leeré la biblia mañana; necesito descansar, hoy no asistiré a la iglesia, asistiré la semana que viene. En sí, hacemos un sin número de excusas para tratar de justificar en nuestra mente la razón por la que no le dedicamos el tiempo a Dios que Él merece. ¿Qué sucede entonces?

Lo que sucede en la mayoría de los casos es que cuando nos damos cuenta, no sabemos ni quien somos, o como hemos llegado hasta esa situación. En el mejor de los casos, reflexionamos y rectificamos nuestros errores, y/o omisiones para reparar nuestra relación con Dios. Pero les digo que este es el mejor de los casos, porque la realidad es que existen muchos que toman ese tren sin boleto de retorno.

¿Saben cuántas personas han estado congregándose activamente, se han bautizado, leían la Biblia diariamente, oraban sin cesar, servían fielmente en un ministerio, y hoy en día no forman parte de ninguna congregación? Estamos hablando de personas que iniciaron su relación con Dios con gran pasión y devoción, pero ahora están completamente apartados, rondando por lugares desolados. ¿Por qué les ha sucedido esto?

Esto es algo que les ha sucedido porque en un momento de su vida, descuidaron la relación que ninguno de nosotros podemos descuidar, y esa es nuestra relación con Dios. En un momento, no se dieron cuenta, y se les perdió Jesús. Pero esto no es algo que sucede repentinamente.

La realidad es que las personas no se apartan de Dios de un día para otro, sino que es algo que se va cocinando a fuego lento, como en cualquier otra relación. Por ejemplo, nadie se divorcia de un día para otro, sino que es una acumulación de cosas que van sucediendo, y que eventualmente producen una separación. Cosas que a través del tiempo causan que las parejas a pesar de que vivan juntos, están completamente distanciados de cada uno.

De igual manera funciona con Dios, nadie se aparta de Dios repentinamente, sino que es un proceso lento pero aplastante, y la misma persona va mostrando señales de que su relación con Dios no va por buen camino. Así que este será nuestro tema para el día de hoy.

Hoy vamos a examinar nuestra relación con Dios, y las señales que podemos estar inconscientemente mostrando que nuestra relación con Dios no va por buen camino. Haremos esto con el propósito de que podamos recapacitar y corregir nuestros errores.

Pasemos ahora a la palabra de Dios.

Lucas 2:41-50Iban sus padres todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. 42 Cuando cumplió doce años, subieron ellos a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. 43 Una vez acabados los días de la fiesta, mientras ellos volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén; y sus padres no lo supieron. 44 Suponiendo que él estaba en la caravana, fueron un día de camino y lo buscaban entre los parientes y los conocidos. 45 Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén buscándole. 46 Aconteció que después de tres días lo encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47 Todos los que lo oían se asombraban de su entendimiento y de sus respuestas. 48 Cuando lo vieron se maravillaron, y su madre le dijo: —Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros? He aquí, tu padre y yo te buscábamos con angustia. 49 Entonces él les dijo: —¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que en los asuntos de mi Padre me es necesario estar? 50 Pero ellos no entendieron el dicho que les habló. (RVA-2015)

Como podemos ver, aquí se nos narra el acontecimiento de la llegada de Jesús a Jerusalén cuando tenía doce años. Y como también podemos apreciar, esto era la costumbre de los padres del Señor. Ahora bien, como les mencione anteriormente, las personas no se alejan de Dios de forma inmediata, sino que el alejamiento es un proceso que ocurre gradualmente, y es algo que sucede por etapas. Y ahora debemos preguntarnos, ¿Cuál es la primera etapa?

La respuesta a esta pregunta es obvia; la primera etapa de un alejamiento de Dios es la costumbre. ¿Por qué digo esto? Digo esto porque cuando comenzamos a hacer las cosas que hacemos para Dios solo por costumbre, entonces estamos dando un paso en falso en nuestra relación con Dios. Cuando hacemos lo que hacemos por costumbre, no pensamos por qué lo hacemos, ni en para qué lo hacemos,  simplemente, lo hacemos porque todos lo hacen, y es ahí donde existe un gran peligro.

Ahora debemos reflexionar por un momento y preguntarnos, ¿por qué asistimos a la iglesia? ¿Asistimos a la iglesia porque venimos a alabar a Dios, o porque es nuestra costumbre?  Ahora bien, quiero hacer hincapié en algo, asistir a la iglesia es una buena costumbre, pero la realidad del caso es que si asistimos a la iglesia solo porque deseamos complacer a nuestra pareja, o porque nuestras amistades lo hacen, la realidad es que eso no te servirá para nada.  ¿Por qué digo esto? Lo digo porque Dios no está buscando un número de personas que se aglomeren en un lugar, Dios está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad [1].

Quizás algunos de ustedes encuentren que esta predicación sea un poco fuerte, pero es necesario que comprendamos que los hábitos y disciplinas cristianas que les mencionare en esta predicación, no nos servirán de mucho si solo lo hacemos por costumbre, y no porque genuinamente deseamos establecer, reforzar, o reparar nuestra relación con Dios [2]. Examinemos ahora algunas de las cosas que quizás hacemos por costumbre, pero que en realidad no fortalecen y/o establecen una relación genuina con nuestro Dios.

La primera cosa que muchos hacen por costumbre es leer la biblia.

Y les puedo decir que  leer la biblia es muy buena costumbre, pero el problema no es leer la biblia, el problema es el no saber para qué lo haces. Durante mi vida yo he conocido a muchas personas que leían la biblia diariamente, pero que hoy no se congregan en ningún lugar, que hoy se encuentran completamente apartados de la presencia de Dios.

Es triste decirlo, pero la realidad es que existen muchos que leyeron la biblia con regularidad, pero que nunca escucharon la voz de Dios.  Y es por eso que con frecuencia les pido a que tomen notas de las predicaciones, y que tomen el tiempo de leer y meditar los versículos mencionados durante la predicación.

Hermanos, no podemos leer la biblia solamente por leer, sino que tenemos que meditar en la palabra de Dios. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque la palabra es viva, y eficaz, la palabra de Dios es la que nos da convicción de error y pecado, y es capaz de discernir los pensamientos y las intenciones del corazón [3].

Cuando tomamos el tiempo de estudiar la biblia, encontramos que el apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:16-17 explica claramente cuál es la utilidad de la Biblia cuando dijo: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la enseñanza, para la reprensión, para la corrección, para la instrucción en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente capacitado para toda buena obra.” (RVA-2015).

Y es exactamente por esta razón que cuando leemos la biblia, debemos, y tenemos que hacerlo pensando en que Dios quiere decirnos algo. Debemos, y tenemos que leer la biblia pensando que Dios desea revelarnos la solución a nuestras dificultades y/o preocupaciones, y guiarnos al camino que Él desea que andemos. Así que el problema no es leer la biblia, sino que es no entender que Él está contigo, y te está hablando a través de Su palabra escrita.

Así que ahora debemos preguntarnos, ¿estamos leyendo la biblia, o estamos escuchando la voz de Dios? Hermanos, si al leer la biblia no estamos escuchando la voz de Dios, entonces lo único que estamos haciendo es leer un libro cualquiera y nada más. Pero recordemos que la biblia no es un simple libro, la biblia es la palabra de Dios, y el alimento principal de todo cristiano [4]. Así que leer la biblia solo por leer, eventualmente te conducirá a que pierdas de vista la verdadera razón por lo cual debes hacerlo, la cual es escuchar la voz de Dios.

La segunda cosa que muchos hacen por costumbre es orar.

Ahora bien, no quiero que nadie me vaya a mal interpretar; la oración es un elemento vital en la vida de todo creyente, y es por eso que la palabra de Dios nos llama a orar sin desmayar [5]. Pero el problema surge cuando oramos solamente por costumbre, y se nos olvida que a través de la oración estamos hablando directamente con nuestro Dios. En otras palabras, antes de comer oramos de esta manera; antes de predicar oramos de esta manera; antes de participar de la cena del Señor oramos de cierta manera, etc. etc.

Es decir, desarrollamos ciertas maneras de orar, y nos acostumbramos a decir palabras repetitivas. Pero la realidad es que Dios no quiere escuchar oraciones repetitivas, o frases memorizadas, Dios quiere que al orar entres en comunión con Él, y quiere escuchar tu corazón [6].  Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar, Él no les dijo cuando oren repitan estas palabras, sino que les dijo: “…Ustedes, pues, oren así…” [7]; en otras palabras, tenemos que comunicarle nuestro corazón a Dios. Tenemos que orar con sinceridad, y no con palabrería vana y repetitiva.

Es verdad que a través de la biblia encontramos que existieron grandes personas que tenían el hábito o la costumbre de orar en determinadas ocasiones, como Daniel que oraba tres veces al día [8]. Así que es importante destacar que el problema no es la oración en sí, o la disciplina de orar, sino que es el no tener en cuenta que cuando oramos estamos hablando con Dios, y que la oración es más que hablar bonito con Dios.

Lamentablemente, para muchos la oración se ha convertido en un monólogo, donde le pedimos a Dios lo que queremos, sin esperar para escuchar que es lo que Él quiere decirnos [9]. Así que como les dije, el problema con la oración es no pensar en que estamos hablando con Dios, y que Dios quiere hablarnos. Cuando dejamos de escuchar a Dios en oración damos otro paso en dirección contraria hacia donde Él está.

Pudiera continuar nombrando otras cosas que hacemos para Dios, pero que al hacerlas por costumbre pierden su efectividad y su sentido. Pero la costumbre es la primera etapa en esa pérdida de Jesús porque cuando leemos la biblia, pero no sabemos para qué lo hacemos, tarde o temprano dejaremos de leerla;  si oramos a diario, pero no sabemos por qué necesitamos hacerlo, tarde o temprano dejaremos de orar;  si asistimos a la iglesia con regularidad, pero no hemos descubierto el propósito de congregarse, tarde o temprano dejaremos de congregarnos.

¿Cuál es el primer punto que he deseado hacerles en esta predicación? El primero punto que he deseado hacerles en esta predicación, es que lo que hacemos por costumbre, si no sabemos por qué lo hacemos, tarde o temprano dejaremos de hacerlo por mala costumbre. Así que hoy les llamo a que tomen el tiempo de examinar su relación con Dios, y a que revisen que disciplinas espirituales están haciendo solo por costumbre.

El segundo punto de esta predicación, y la segunda etapa de ese alejamiento de la presencia del Señor, es la insensibilidad.

Regresando a los versículos que estamos estudiando en el día de hoy, encontramos que se nos dice: “…Una vez acabados los días de la fiesta, mientras ellos volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén; y sus padres no lo supieron. 44 Suponiendo que él estaba en la caravana, fueron un día de camino y lo buscaban entre los parientes y los conocidos. 45 Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén buscándole.” (verss. 43-45).

Y al leer esto estoy seguro que la mayoría de nosotros nos preguntamos, ¿cómo se te va a quedar tu hijo?, ¿qué padre dejaría a su hijo de 12 años cuando van a hacer un viaje? Pero la realidad es que ellos no lo dejaron a propósito, sino que no se dieron cuenta que se había quedado.

Ahora bien, cuando hablamos del amor de los padres por sus hijos, sé que todos aquí estamos de acuerdo cuando digo que los padres son capaces de entregar todo por sus hijos, especialmente en el caso de María. Reflexionemos en esto por un momento, imagínense lo emocionados e impactados que debieron estar María y José cuando nació Jesús, y todos los eventos que rodearon su nacimiento.

Su concepción milagrosa, los ángeles, los pastores, lo sabios del oriente, las visiones, todo fue parte de un evento único como lo fue la venida a esta tierra del Hijo de Dios. María y José sabían que Jesús era el Salvador [10], ellos sabían que su hijo no era un niño común como cualquier otro. Ellos sabían que Jesús era el Hijo de Dios, pero a pesar de ello, cuando Jesús tenía 12 años, se les perdió.

El asunto es que la costumbre, el hacer las cosas religiosamente, hace que vayas perdiendo la sensibilidad, y tal como le sucedió a María y a José, puede causar que se te pierda Jesús. Te vas alejando de Dios, y no te das cuenta; estás dejando a Jesús de lado, y no te das cuenta; tu relación con Dios está desmejorándose, y no te das cuenta. No te das cuenta de lo que está sucediendo porque de una u otra forma, estás haciendo las mismas cosas que antes pero no tienen el mismo efecto.

Comenzamos a vivir una vida cristiana, pero sin Dios. Asistimos a la iglesia, cantamos, oramos, leemos la biblia, aplaudimos, saludamos a nuestros hermanos en la fe, y hablamos con el pastor pero ¿y Dios?, Dios no está.  Y sencillamente a nosotros, nos puede faltar de todo, pero lo que nunca nos puede faltar es la presencia de Dios.  La costumbre (primera etapa), te lleva  a la insensibilidad, y la insensibilidad (segunda etapa) te, lleva a la tercera etapa.

El tercer punto de esta predicación, y la tercera etapa de perder la presencia de Jesús, es pensar de forma errónea.

Fíjense bien lo que sucedió aquí para que entiendan bien el punto que deseo hacerles, aquí vemos que la palabra de Dios nos dice: “…Suponiendo que él estaba en la caravana, fueron un día de camino y lo buscaban entre los parientes y los conocidos…” (vers. 44). Como podemos apreciar, María y José pensaron de forma errónea.

Continuando en el vers. 45 encontramos que se nos dice: “…Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén buscándole…” Aquí podemos ver muy bien reflejado que después que te acostumbras, te haces insensible, y luego comienzas a pensar de forma errónea. ¿Por qué digo esto? Digo esto porque ellos pensaban que Jesús iba con ellos, pero no era así. Hay varios puntos en ese pasaje que explican algunas de las diversas formas erróneas de pensar con respecto a Jesús y porque a muchos se les pierde Jesús.

Por ejemplo, muchos piensan “si Jesús está entre la gente, Jesús está conmigo” [11], y es por eso que asisten a la iglesia. Pero como podemos apreciar, María y José pensaban que Jesús venía entre la gente, pero no era así. ¿Qué les quiero decir con esto? Lo que les estoy diciendo es que el hecho de que Jesús este en un lugar, eso no quiere decir que Jesús está contigo en ese lugar. Uno de los ejemplos más claros de esto es el milagro de la mujer del flujo de sangre [12].

En el relato de esa historia encontramos que Jesús iba entre una multitud de personas que lo apretujaban, sin embargo, la mujer del flujo de sangre fue la única que tuvo la fe para recibir un milagro que el resto de la multitud no recibió. En la biblia también encontramos que a Jesús le traían enfermos constantemente para que fuesen sanados [13].

Así que no es absurdo pensar, que entre muchas de esas personas que seguían a Jesús aquel día, habían personas enfermas, o que estaban buscando un milagro para su vida, sin embargo, a la persona que Jesús sanó fue a la mujer del flujo de sangre, y no a los otros que le tocaban o rodeaban.

A veces en nuestras congregaciones vemos que todo funciona bien, que las personas salen alegres, que las personas salen impactadas por el mensaje de Dios, pero eso no quiere decir que eso esté sucediendo en nuestra vida.

También hay muchos que piensan: “Si Jesús está con mis familiares, Jesús está conmigo”. Pero esta manera también es muy errónea. ¿Por qué digo esto? Digo esto porque como podemos apreciar, cuando María y José se dieron cuenta que Jesús les faltaba, ellos fueron a ver si estaba con sus familiares y conocidos, pero no estaba con ellos.

¿Por qué razón tendrían tus familiares que cuidar de tu hijo? Tu hijo es responsabilidad tuya. De igual forma, tu relación con Dios es tu responsabilidad, no la del grupo, no la de los pastores, no es de tu familia, no es de tu pareja. Hay personas que creen que están bien con Dios porque su pareja está bien, pero eso no es así.

La relación con Dios es personal; la salvación es individual.

Jesús vino a morir por ti, y por tus pecados [14]. Tú eres quien tienes que determinar los que harás con esa información, lo que hagan tus familiares es asunto de ellos.  El pensar de forma errónea es la última etapa de perder la presencia de Jesús en tu vida. Lamentablemente, existen muchos que cuando llegan a ese punto, no vuelven al camino.

María y José, a pesar de que descuidaron a su hijo, se dieron cuenta al día siguiente que les faltaba algo, que les faltaba alguien: Jesús. Tristemente, hay personas que pasan años alejados de Dios hasta que se dan cuenta de que se les perdió Jesús. Cuando María y José se dieron cuenta de que les faltaba Jesús, ellos regresaron a Jerusalén, y la palabra nos relata que: “…después de tres días lo encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas…” (vers. 46). Ahora pregunto, ¿se te ha perdido Jesús? ¿Has regresado para buscarle?

 Para concluir.

La buena noticia es que Jesús quiere ser encontrado. Quizás, al igual que María y José, cueste un poco encontrar ese punto favorable en el que estaba tu relación con Dios. Quizás te cueste un poco orar como lo hacías antes, quizás te cueste un poco leer la Biblia, quizás te cueste un poco congregarte con regularidad después de perder a Jesús, pero a pesar de lo que cueste, puedes estar seguro que la mejor decisión es regresar a Jesús, y así como María puedes comenzar a buscarlo en el lugar indicado: el templo.

No dejemos que las disciplinas espirituales como orar, leer la Biblia, ayunar, y congregarse, se conviertan en algo mecánico y sin sentido. Tomemos un momento de reflexión y autoevaluación cada cierto tiempo para verificar cómo estamos, y no dejar que la insensibilidad nos juegue una mala pasada haciéndonos pensar que estamos cerca de Dios cuando en realidad no es así. Nunca es tarde para volver a Dios. No pierdas a Jesús. Esa es tu responsabilidad.

[1] Juan 4:23-24
[2] Mateo 15:8; Marcos 7:6
[3] Hebreos 4:12
[4] Lucas 4:4
[5] Lucas 18:1; 1 Tesalonicenses 5:17
[6] Mateo 6:5-7
[7] Mateo 6:9-13
[8] Daniel 6:10
[9] Jeremías 33:3
[10] Mateo 1:21
[11] Mateo 18:20
[12] Lucas 8:40-48
[13] Lucas 4:40
[14] Juan 3:16

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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