Yo no sé cuantos aquí han tenido que llamar alguna vez a una empresa de tarjetas de crédito, o algo semejante, pero lo que si sé es que en ocasiones es algo frustrante y desesperante.  Llamas a la empresa al teléfono indicado, y no recibes una respuesta humana, sino que tienes que fajarte con una computadora.  ¿Cuántos han tenido esta experiencia?

Quizás lo único que deseas hacer es una simple pregunta, pero en todo caso tienes que presionar el uno para proceder en ingles; presionar el tres para proceder a la sección de preguntas; después tienes que escuchar nuevamente un nuevo menú, y nuevamente decidir que botón presionar.

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Dependiendo del tamaño de la empresa que llames, el menú telefónico de ayuda puede ser bien extenso, esto significa que podemos pasar varios minutos escuchando y seleccionando como proceder.  Pero lo más cómico del caso es que en casi toda ocasión, cuando ya has agotado todas las opciones, finalmente escuchamos las palabras más deseadas: “para hablar con un representante favor de presionar el cero.”

Pero una vez que presionamos el cero, entonces escuchamos esas palabras que no queremos oír, escuchamos: “todos los representantes están ocupados en este momento, su llamada será contestada en el orden recibida, por favor espere en la línea.”  Por supuesto que esta espera nunca es corta, así que tenemos que esperar, y esperar, y esperar, y mientras esperamos tenemos que escuchar anuncios y esa musiquita de fondo tan molesta.

Si nos ponemos de suerte, y no hemos cometido ningún error en las previas selecciones en el menú, finalmente hablamos con alguien, que si no esta teniendo un día muy malo nos trata con cortesía, y nos ayuda a resolver el problema o la cuestión.  Pero si hemos cometido un error, entonces no llegamos al departamento debido, y somos transferidos para de esta manera iniciar el proceso completo nuevamente.

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Como les dije, esto es algo frustrante, es frustrante porque todo esto es algo que agota nuestra paciencia.  Es de esto mismo que deseo hablarles en el día de hoy.  Hoy vamos a hablar un poco acerca de la frustración, y nuestra paciencia.  Deseo que exploremos este tema en el día de hoy, porque la gran realidad es que esperar en Dios es algo que en ocasiones causa gran frustración, y la razón principal es porque se nos agota la paciencia.  Así que hoy vamos a explorar lo que la palabra nos dice acerca del tiempo de Dios.

2 Pedro 3:8-10 Pero, amados, una cosa no pasen por alto: que delante del Señor un día es como mil años y mil años como un día. 9 El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; más bien, es paciente para con ustedes porque no quiere que nadie se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón. Entonces los cielos pasarán con grande estruendo; los elementos, ardiendo, serán deshechos; y la tierra y las obras que están en ella serán consumidas. (RVA 2015)

Una gran verdad acerca del ser humano es que somos impacientes, ¿cuántos están de acuerdo con esto?  Existen algunos que tenemos más paciencia que otros, pero tarde o temprano a todos se nos agota la paciencia.  Tarde o temprano llega el momento cuando no queremos esperar más, y es en ese momento cuando nuestro nivel de frustración aumenta. Y lo más común que sucede cuando llegamos a este punto en nuestra vida, es actuar impulsivamente [1].  En otras palabras, tomamos determinaciones, y hacemos las cosas por nuestra propia voluntad, y de la manera que pensamos que es mejor.

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Pero el problema en actuar de esta manera es que en casi toda ocasión, la determinación que hemos tomado, o la acción que hemos hecho, nos conduce fuera de la voluntad de Dios.  Es por esa misma razón que en Proverbios 3:7 encontramos que se nos dice: “…No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal…” (RVR 1960). Pero no obstante esta advertencia, la mayoría de las personas se afirman más en su propia opinión, que en la palabra de Dios.

La mayor razón por la que esto sucede es porque nosotros vivimos en un mundo apurado, y no estamos dispuestos a esperar.  Es como muchos suelen decir, “vivimos en la senda rápida.”  Esto es la gran realidad para las cosas del mundo, vivimos en un mundo súper apresurado, pero cuando tratamos de aplicar esta manera de vivir a las cosas de Dios, entonces surge un gran problema.

Digo que surge un gran problema porque cuando nosotros oramos por una situación, si no recibimos la respuesta de inmediato, pues simplemente dejamos de orar. ¿Qué sucede entonces? Lo que sucede es que inconscientemente, le damos entrada al enemigo en nuestra mente.  Le damos entrada al enemigo en nuestra mente, al contemplar esos pensamientos que nos llegan diciéndonos que Dios no nos responde, o diciéndonos que Él no nos escucha. En otras palabras, permitimos que el enemigo nos derrote y aparte de la voluntad de Dios.

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Pero la gran realidad es que Dios si escucha la oración de todo siervo fiel, esto es algo que el Señor dejo bien claro en Mateo 21:22 cuando leemos: “…Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis…” (RVR 1960). Y también queda bien afirmado en Juan 9:31 cuando leemos: “…Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye…” (RVR 1960). Así que podemos decir con certeza que Dios si escucha nuestras oraciones, y que Dios si responde.  Dile al hermano que tienes a tu lado, Dios te escucha.

Pero el problema comienza cuando nosotros tratamos de imponerle nuestro tiempo a Dios, en otras palabras, tratamos de imponerle nuestra agenda.  Pero algo de lo que debemos estar muy conscientes es que la agenda de Dios, y la nuestra, en muchas ocasiones no coincidirán.  Y es por esa razón que en los versículos que estamos estudiando en el día de hoy encontramos que se nos dice: “…Pero, amados, una cosa no pasen por alto: que delante del Señor un día es como mil años y mil años como un día...”  (vers. 8). Dios si escucha, y Él si nos responde, pero todo en el tiempo adecuado.

Dios responde en el momento exacto, no antes y no después [2].  Pero como les dije, en ocasiones la mayoría de nosotros permitimos que el enemigo invada nuestra mente, y que nos llene de duda.  Permitimos que el enemigo nos convenza de que Dios no nos escucha, o que no está atento a nuestras oraciones. ¿Por qué sucede esto?

Esto es algo que sucede porque en ocasiones podemos frustramos al ver como personas que no sirven a Dios aparentemente prosperan rápidamente; sin embargo, nosotros que tenemos temor de Dios, tal parece que no salimos adelante.  Pero cuando este pensamiento llegue a tu mente, recuerda lo que nos dice la palabra en Salmos 37:7 cuando leemos: “…Quédate quieto en la presencia del Señor, y espera con paciencia a que él actúe. No te inquietes por la gente mala que prospera, ni te preocupes por sus perversas maquinaciones.…” (NTV). En otras palabras, cuando a nuestra mente lleguen esos pensamientos de duda y frustración, tenemos que reconocerlos por lo que son, reconocerlos como un ataque más del enemigo.  Te digo en el día de hoy, reprende esos pensamientos que solo buscan alejarte de la voluntad de Dios.  Dile al hermano que tienes a tu lado: Dios te escucha.

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Continuando con nuestro estudio leemos: “…El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; más bien, es paciente para con ustedes porque no quiere que nadie se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento…” (vers. 9).

Ahora, deseo detenerme aquí y hacer una pequeña aclaración.  Estos versículos que estamos estudiando en el día de hoy tratan directamente con la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo [3], pero como todos sabemos, la palabra de Dios es viva, y nos habla en todo momento.  Y porque la palabra de Dios es viva y eficaz [4], entonces podemos confiadamente decir que en ella siempre encontraremos la respuesta a nuestra inquietud, y la solución a nuestro problema.

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, podemos decir con certeza que en ella encontraremos la paz y la esperanza que tanto anhelamos, la paz que sobrepasa todo entendimiento [5].  Porque Su palabra es viva y eficaz, entonces podemos confiar completamente que recibiremos las promesas que encontramos en ella [6].

Pero para poder recibir las promesas tenemos que saber esperar en Él.  Fíjense bien lo que encontramos en Salmos 18:30 cuando leemos: “…Perfecto es el camino de Dios; probada es la palabra del SEÑOR. Él es escudo a todos los que en él se refugian.…”  (RVA 2015). Claro está en que en ocasiones esperar en Dios no es nada fácil.