Fiel es Dios

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: Fiel es Dios

Introducción

Como he dicho en otras predicaciones, en ocasiones las preocupaciones y circunstancias que nos rodean sirven como una barrera entre nosotros y Dios.  Y la mayor razón por la que esto sucede es porque nosotros vivimos en una sociedad apresurada. 

Vivimos en un mundo que hace gran demanda de nuestro tiempo, y en ocasiones podemos llegar a pensar que el tiempo no nos alcanza.  Yo no sé si a ustedes le sucede lo mismo, pero en ocasiones a mí los días se me van volando.  Cuando vengo a ver, llegó el fin de semana o el fin de mes.

El problema más grande que existe con todo esto, es que esta rapidez en la que vivimos con frecuencia nos conduce a convertirnos en personas egoístas.  ¿Por qué digo esto?  Lo digo porque la rapidez en la que vivimos nos conduce a concentrarnos más en nuestras ambiciones, deseos y quehaceres, en vez de concentrarnos en lo que verdaderamente importa.

¿Qué es lo que realmente importa?

Primero Dios, segundo la familia, y después cualquier otra cosa que deseemos.

En la rapidez en que vivimos nos conduce a que estemos más atentos a las cosas del mundo, que a nuestra relación con Dios. Y la realidad es que esta manera de ser no solo influencia negativamente nuestra relación con Dios, sino que con frecuencia afecta nuestra relación con nuestro conyugue, hijos, hijas, y la familia en general.  En otras palabras, nosotros mismos creamos barreras y separaciones que nos separan de la presencia de Dios, y de aquellos que nos rodean.

Es por eso que hoy deseo enfocar nuestro estudio bíblico en uno de los llamados más importantes que hemos recibido, pero que con frecuencia desatendemos o ignoramos.  Estamos hablando de un llamado, que cuando lo cumplimos, las tempestades se calman, y los problemas se disipan.

Ahora bien, todo cristiano recibe dos llamados al llegar a los caminos del Señor.  El primer llamado es anunciar el evangelio de Jesucristo al mundo [1], y este es el llamado que todo cristiano fiel conoce, pero que en ocasiones piensa, o se siente incapaz de cumplir.

La mayor razón por la que un gran por ciento de los cristianos se sienten incapaces de cumplir con esta misión, es porque no han logrado fortalecerse en el poder de Dios.  Pero todo eso es algo que he cubierto en numerosas ocasiones, y como les he dicho y repito, tenemos que obrar para el reino de Dios.

Nunca nos olvidemos que el Señor se refiere a nosotros como la luz del mundo [2], y como Él dijo: “Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo de un cajón, sino sobre el candelero; y así alumbra a todos los que están en la casa.” (RVA-2015). Dile a la persona que tienes a tu lado: tenemos que obrar para Dios.

Pero para poder conectarnos a la fuente infinita del poder de Dios, primero tenemos que cumplir con el llamado que estaremos explorando en esta predicación.  Digo esto porque conectarnos a la fuente del poder de Dios es imposible, si primero no cumplimos con este llamado que muchos desconocen, o que quizás ignoran.

Estamos hablando de un llamado que frecuentemente es interrumpido por los deberes que tenemos, las presiones sociales y laborales, y la prisa en que vivimos.  Sé que les debo tener intrigados con todo esto que les he mencionado, así que abramos ahora nuestra biblia, y descubramos el llamado de que les hablo.

Fuimos llamados

1 Corintios 1:9Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.

Para tener un mejor entendimiento del estudio bíblico de hoy, nos será necesario tener conocimiento de algunos detalles, acerca de lo que estaba sucediendo en la ciudad de Corintios en ese entonces. 

No cubriré con detalle todos los males que afectaban a esta ciudad, ya que es algo que les he enseñado en otras ocasiones, pero basta decir que Corintios era la ciudad más importante de Grecia, y también quizás la más degradadas de todas. Corintios llegó a ser tan notorio por sus males que decir “actuar como un corintio” se convirtió en un sinónimo para la corrupción y la prostitución [3].

Lo más grave de todo esto es que la actitud y comportamiento de los ciudadanos de esta ciudad, de manera sutil estaba iniciando a afectar a la iglesia.  Como les he dicho en otras ocasiones, el pecado es como un virus mortal y extremadamente contagioso.

Y esto es algo que el apóstol Pablo nos da a entender en 1 Corintios 15:33 cuando les dijo: “No se dejen engañar: “Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.” (RVA-2015). Al buen entendedor, con pocas palabras bastan. Así que manteniendo esos breves detalles en mente, continuemos ahora con la predicación de hoy.

El mundo no ha cambiado

Quizás algunos hayan pensado; ¿por qué debemos conocer estos detalles?  Es necesario conocer estos breves detalles, porque el conocimiento de ellos nos revela que a pesar de que esta epístola fue escrita alrededor del 56 d.C., en realidad las personas no han cambiado mucho, y el mundo se encuentra más o menos en la misma situación que se encontraba esa ciudad.

Solo tenemos que fijarnos en lo que acontece a diario, y pronto nos damos cuenta que la depravación moral, la corrupción política, la idolatría, y todo lo que va en contra de la palabra de Dios aparenta crecer más y más con cada día que pasa. ¿Por qué está sucediendo esto?

Una de las razones principales por la que estamos viendo esto suceder, es porque la mayoría de las personas en este mundo, incluyendo a un gran por ciento de cristianos, se pasan la vida entera buscando satisfacer los placeres de la carne, ambiciones descontroladas, y las posesiones material, en vez de buscar la presencia de Dios.  ¿Por qué digo esto?

Digo esto porque existen muchos cristianos que están tan atormentados con las preocupaciones, obligaciones, y circunstancias que le rodean; es decir, el bullicio de este mundo, que ahora se encuentran completamente desconectados de la presencia de Dios.

Y como les dije al inicio, también se encuentran desconectados de sus conyugues y/o familia. Es exactamente por eso que los divorcios y/o separaciones continúan en crecimiento. Así que la pregunta que ahora debemos explorar es: ¿cómo podemos evitar caer en esta trampa que crea una barrera o abismo entre la presencia de Dios y nosotros? 

¿Cómo podemos evitar caer en esta trampa que crea una barrera o abismo en los matrimonios y familias?

La respuesta a nuestra pregunta es fácilmente encontrada en el llamado que todo cristiano ha recibido, pero que con frecuencia ignora, no aprecia, o permite que sea interrumpido.  La respuesta a nuestra pregunta la encontramos en la biblia cuando leemos: “…Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor…”   Dile a la persona que tienes a tu lado, fuimos llamados a la comunión con Jesús.  ¿Qué significa esto?

Este versículo nos deja saber claramente que los cristianos estamos llamados a conectarnos con Dios, y desconectarnos de las cosas de este mundo. No podemos estar tan preocupados y envueltos en las cosas que motivan y mueven a este mundo, que nos desconectemos de Dios. 

No podemos permitir que nuestros deseos y ambiciones nos detengan de tener comunión con Dios. 

Porque una vez que nuestra comunión con Dios es interrumpida, la palabra de Dios comienza a morir en nosotros. Esto es algo que el Señor nos dice claramente en Marcos 4:18-19 cuando leemos: “…Y otros son los que son sembrados entre espinos. Ellos son los que oyen la palabra, 19 pero las preocupaciones de este mundo, el engaño de las riquezas y la codicia de otras cosas se entrometen y ahogan la palabra, y queda sin fruto…” (RVA-2015) ¿Por qué nos dice el Señor esto aquí?

El Señor nos dice y nos advierte eso aquí, porque con frecuencia nuestros deseos, ambiciones, y obligaciones causan que nuestra vida cristiana se convierta en algo de rutina, en vez de fe y devoción.  Con frecuencia nuestros deseos, ambiciones, y quehaceres causan que nuestra vida familiar deteriore, ya que no les prestamos la atención que nuestros seres queridos requieren y esperan.

En otras palabras todo se convierte en una rutina, no hacemos las cosas por amor o devoción, sino que las hacemos porque estamos acostumbrados a hacerlo, y nada más. ¿Qué sucede entonces? Lo que sucede en nuestra vida espiritual, es decir en nuestra relación con Dios, es que se convierte en algo de rutina.

En otras palabras, asistimos a los servicios y actividades de la iglesia, para quizás apacentar nuestra conciencia, y dejamos de hacerlo por la razón principal.  Dejamos de hacerlo para entrar en comunión con Dios, y gozarnos en Su presencia. 

Dejamos de hacerlo para alabar y adorar a Dios de todo corazón; dejamos de hacerlo para escuchar Su palabra y aprender más de Él.  La iglesia se convierte como en una especie de club social donde se va a hablar y hacer cuentos, en vez de entregarle a Dios lo mejor de nosotros.  ¿Qué significa lo mejor de nosotros?

Lo mejor que todo cristiano puede ofrecerle a Dios es amar a Dios de la misma manera que Él nos ama.  ¿Cuán grande es Su amor por nosotros?  Dios nos ama de tal manera que entrego lo mejor de Él para que nosotros pudiésemos ser salvos [4].  Dile a la persona que tienes a tu lado: lo mejor de Dios nos salvo.

Lo mejor de Dios nos salvo

Lo mejor de Dios rompió las cadenas que nos ataban a una vida de condenación [5].  Pero en muchas ocasiones nosotros estamos tan atados por las cosas de este mundo, que ni tan siquiera nos acordamos de silenciar y/o apagar el celular, antes de entrar en la iglesia.

Estamos tan preocupados con las cosas de este mundo que no nos podemos desconectar del mundo por completo, y conectarnos exclusivamente con Dios.  No nos podemos desconectar de las cosas del mundo ni por unas horas, para honrar al merecedor de toda honra.

En Apocalipsis 4:11 encontramos que se nos dice: “…Digno eres tú, oh Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder; porque tú has creado todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron creadas…” (RVA-2015).

Pero entre las preocupaciones, conversaciones, quehaceres, celulares y tabletas, tal parece que no hay tiempo de entregarle a Dios toda honra y gloria.  Tal parece que no podemos concentrarnos solamente en Él, o dedicarle una o dos horas a Él exclusivamente.

Dios ofreció lo mejor de Él para salvarnos, y nos llama a la comunión con Su hijo amado, pero nosotros menospreciamos o ignoramos por completo a lo que estamos llamados.  Estamos tan atados a las cosas del mundo, que no podemos desconectarnos, y quiero que se fijen bien que dije atados. 

¿Qué les quiero decir con esto? Lo que les estoy diciendo es que la corriente de maldad que corre por este mundo, tiene a muchos amarrados sin poder moverse.

En Apocalipsis 5:12-13 encontramos que la biblia nos dice: “…Y decían a gran voz: “Digno es el Cordero, que fue inmolado, de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza”. 13 Y oí a toda criatura que está en el cielo y sobre la tierra y debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que hay en ellos, diciendo: “Al que está sentado en el trono y al Cordero sean la bendición y la honra y la gloria y el poder por los siglos de los siglos…” (RVA-2015).

Pero la atadura a las cosas del mundo con frecuencia nos conduce a que dejemos de darle a Dios la alabanza, la honra, y la gloria que Él merece.  Las ataduras a las cosas del mundo, crean un gran abismo en nuestra comunión con Dios, y nos mantienen alejados de Su santa y divina presencia.

¿Cómo podemos romper estas ataduras? 

¿Cómo podemos entregarle a Dios lo mejor de nosotros? ¿Cómo podemos romper estas ataduras que están influenciando nuestros matrimonios y/o creando distanciamiento familiar?

De la única manera que podemos romper estas ataduras es haciendo como encontramos en el versículo de hoy. De la única manera que podemos superar estas ataduras, es entrando en una verdadera comunión con Dios. Digo esto porque donde Dios está presente, ahí hay gozo, amor, paz y harmonía [6].

¿Cómo podemos entrar en comunión con Dios? 

La comunión con Dios es lograda y fortalecida de diferentes maneras, pero solo toma inicio de una manera.  La comunión con Dios es iniciada solamente cuando dejamos de comportarnos de la manera que nos comportábamos cuando vivíamos en el mundo.

En 2 Corintios 5:17 encontramos que el apóstol Pablo también le dijo a ese pueblo esto: “…De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas…” (RVA-2015). Y esto es algo que continua vigente.  Si esto no ha sucedido en la vida de una persona al llegar a los caminos del Señor, entonces una verdadera comunión con Dios es imposible.  ¿Por qué digo esto?

Lo digo porque nadie puede decir que disfruta de una comunión con Dios, si todavía vive en pecado. Nadie puede decir que disfruta de la presencia de nuestro Padre celestial, si persevera en el mal, y no en Su palabra [7].

De la única manera que podemos romper las ataduras de este mundo, es entrando en comunión con Dios, reconociendo nuestras faltas, y arrepintiéndonos de todo corazón. De la única manera que podemos romper las ataduras de este mundo, es entrando en comunión con Dios, y conectándonos al Espíritu Santo que mora en nosotros.

Recordemos siempre que las batallas y situaciones por las que tenemos que atravesar están diseñadas con un propósito; están diseñadas para apartarnos de la presencia de Dios, y para robarnos la vida, y la paz que el Señor murió en la cruz para entregarnos [8].  Y es por eso que también debemos siempre tener muy en mente lo que David le respondió Goliat, cuando trato de intimidarle y hacerle huir del campo de batalla.

En 1 Samuel 17:47 encontramos que David le dijo: “…También todos estos congregados sabrán que el SEÑOR no libra con espada ni con lanza. ¡Del SEÑOR es la batalla! ¡Y él te entregará en nuestra mano!…” (RVA-2015).

Cuando se presenten esos gigantes en tu vida que tratan de hacerte huir, cuando se presenten esos gigantes en tu vida tratando de apartarte de la presencia de Dios, cuando se presenten esos gigantes en tu vida tratando de irrumpir en tu matrimonio, y/o familia, recuerda que Dios te entregara la victoria. Pero para poder recibir la victoria que Dios desea entregarte, primero tienes que estar en comunión con Él.

Para concluir

Una gran realidad es que todos nosotros aquí necesitamos más de Dios en nuestra vida. Todos debemos estar buscando activamente la presencia de Dios en todo lo que somos.  Todos necesitamos apartarnos de las cosas de este mundo y acercarnos a nuestro Padre.

Tenemos que olvidarnos de todo eso que nos preocupa, olvidarnos de todo eso que nos atormenta, de todo eso que busca robarnos la paz, y concentrarnos solo en Dios.  Recordemos siempre lo que encontramos en Salmos 124:8 cuando leemos: “…Nuestro socorro está en el nombre de Jehová,   Que hizo el cielo y la tierra…” (RV1960).

Siempre busquemos la presencia de Dios en nuestra vida y en nuestro hogar, porque Su diestra es la que nos sostiene y fortalece en esos momentos de debilidad.  Esto es algo que queda bien reflejado en Salmos 17:6-7 cuando leemos: “…Yo te invoco, porque tú oirás, oh Dios. Inclina a mí tu oído; escucha mi palabra. 7 Muestra tus maravillosos actos de misericordia, tú que, a los que confían, libras con tu diestra de los que se levantan contra ti.…” (RVA-2015).

Recordemos siempre que se nos hará imposible cumplir con el propósito de Dios, si primero no tenemos comunión con Dios.  Estamos llamados a entrar en comunión con nuestro Señor, así que desconecta el teléfono, apaga el celular, la tableta y el televisor, y conéctate con Dios.

[1] Juan 15:16; Marcos 16:15
[2] Mateo 5:12-16
[3] The Wilkinson & Boa Bible Handbook
[4] Juan 3:16
[5] Juan 3:18
[6] Gálatas 5:22-24
[7] 1 Juan 1:6-10
[8] Juan 10:10; 14:27

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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