¿En qué mesa te sientas?

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Prédica de Hoy: ¿En qué mesa te sientas?

Introducción

Deseo iniciar advirtiendoles que hoy les traigo un mensaje que muchos, sino todos, encontraran fuerte. Hermanos, la razón por la les estoy presentando predicas y/o estudios bíblicos fuertes, es porque existe mucha complacencia (marcado por la autosatisfacción) en la iglesia de hoy.  Y esta autosatisfacción es ridícula, ya que profesar que somos cristianos no es una cosa leve.

Digo que ser cristiano no es algo leve porque cuando analizamos a lo que el cristiano esta llamado, creo que todos llegaremos a la conclusión de que ser un cristiano fiel no es nada fácil.  Digo que ser un cristiano fiel no es nada fácil, porque serle fiel a Dios significa que estaremos constantemente nadando en contra de la corriente.

Serle fiel, o permanecer fiel a Dios, significa que estaremos en una lucha constante no solo con el mundo, sino también contra nosotros mismos, ya que como he dicho en numerosas ocasiones, la carne nos hala hacia un lado, pero el Espíritu Santo nos hala hacia el lado opuesto.

En otras palabras, cuando decimos que somos cristianos y deseamos mantenernos fieles a Dios, entonces tenemos que negarnos a nosotros mismos [1]. No existe otra opción o manera de permanecer fieles a Dios.   Pero lamentablemente, este concepto es algo que muchos cristianos no han podido captar plenamente.

Y es por eso mismo que vemos como existen muchas personas de que a pesar de que profesan ser cristianos, en realidad no lo son [2].  La razón por la que digo esto es porque existen muchos que se llaman cristianos, pero que piensan que pueden continuar comportándose de la misma manera que se comportaban y vivian antes de aceptar a Jesucristo.  Esto es una mentira del diablo, que ha sido reforzada por la doctrina calvinista (Juan Calvino), que sostiene que la salvación no se puede perder. Pero la realidad es que la Biblia enseña algo muy diferente [3].  Comencemos ahora con nuestro estudio bíblico de hoy para que entiendan bien lo que les digo.

Predicas Cristianas Lectura Biblica: 1 Corintios 10:21-22No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios. 22 ¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él?

La advertencia

Quiero que prestemos mucha atención a esta advertencia que Pablo nos ha dejado aquí.  Como podemos apreciar, esta advertencia nos deja saber claramente de que es imposible que una persona que profese ser cristiana, pueda continuar comportándose de la misma forma que se comportaba antes de aceptar a Jesucristo.  Es completamente imposible y absurdo, pensar que podemos aceptar y participar en las cosas del mundo, y a la misma vez llamarnos cristianos.

Hermanos, sé que lo que les estoy diciendo son palabra fuertes.  Sé que son palabras que muchos pueden mal interpretar. También sé que son palabras que no muchos pastores están dispuestos a predicar, pero es hora de que dejemos de pasarle la mano al pecado, es hora de llamar las cosas por su nombre [4].

Al pecado, hay que llamarle pecado

Los cristianos no podemos continuar acariciando y pasándole la mano al pecado como si fuese un gatito gracioso, sino que tenemos que exponerlo y reprenderlo de nuestra vida [5].  Al pecado hay que llamarle pecado, y nada más. Ahora bien, deseo que quede bien claro que mi propósito con esta predicación no es de ofender, hacer sentir mal, o insultar a nadie.  Mi propósito siempre es el mismo; mi propósito con todos los estudios bíblicos y predicas cristianas que les presento, es de anunciar la verdad de Dios, y llamarnos al arrepentimiento.

Pero la realidad de todo es que no podemos decir ni pensar que somos salvos, si nuestra vida continúa igual que antes de aceptar a Jesucristo.  Si ahora que profesamos ser cristianos nos encontramos haciendo las mismas cosas que hacíamos cuando vivíamos en el mundo, entonces nos estamos engañando a nosotros mismos.

La razón por la que digo esto es porque continuar igual que antes, significa que no estamos participando de la mesa del Señor. Es por eso que Pablo nos da esta advertencia. Son por estas mismas razones que recibimos este mensaje tan fuerte. Es por eso que todos tenemos que profundamente examinar nuestra vida, y ver exactamente donde nos encontramos.

Si cuando vivíamos en el mundo éramos alcohólicos, adúlteros, envidiosos, celosos, vanagloriosos, o todas esas cosas que sabemos que no agradan a Dios, y ahora que vivimos en Cristo, o mejor dicho, decimos que vivimos en Cristo, seguimos en los mismos caminos, seguimos siendo tal como éramos, entonces no hemos hecho nada.

No hemos hecho nada, sino que solamente hemos dado pasos a seguir para apacentar nuestra conciencia. No estamos participando de la mesa del Señor, sino que estamos participando en la mesa de los demonios. Sé que ser cristiano es algo difícil; sé que es difícil porque estamos en una constante lucha contra la carne.  Pero también sé que no luchamos contra algo que no podemos derrotar. Esto es algo que queda bien claro en 1 Corintios 10:13 cuando leemos: “…No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar…”  Hermanos, Dios nos da la salida.

Nosotros servimos al Dios justo

Nosotros servimos al Dios que no quiere que nos alejemos de Él. Pero en muchas ocasiones nosotros caemos en el pecado debido al desconocimiento de la palabra de Dios [6].  Digo esto porque si toda persona que profesa ser cristiana tuviera mejor conocimiento de la palabra de Dios, si toda persona que profesa ser cristiana buscara más de Él, entonces muchas de las cosas que nos suceden pudieran ser evitadas.

En otras palabras, fuéramos más felices, porque tendríamos la convicción de que el diablo no puede derrotar a los cristianos fieles [7]. Viviéramos vidas más felices porque tendríamos la convicción de que no existe poder alguno que nos pueda arrebatar las bendiciones que Dios nos ha entregado.

El enemigo no nos puede arrebatar las bendiciones

Con frecuencia nosotros mismos las rechazamos.  Debido a los impulsos de la carne, nosotros mismos dejamos de ver que: “…fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar…”   ¿Por qué no podemos ver la salida que Dios nos proporciona?

No la podemos ver porque la avaricia, el celo y los placeres de la carne nos ciegan.  Lo que he visto en numerosas ocasiones, y en numerosas iglesias o congregaciones, es que el hombre raramente hace algo si no tiene algo que ganar. El hombre raramente hace algo si no existe algún tipo de recompensa que pueda ver de inmediato (remuneración, reconocimiento público, titulo, ministerio, etc.).

Un ejemplo de esto sería cuando nosotros sentimos un deseo genuino por hacer algo por la obra de Dios. Sentimos un deseo poderoso, sentimos el llamado de Dios y comenzamos hacer lo que Dios ha puesto en nuestro corazón. ¿Qué sucede con frecuencia cuando comenzamos a servir a Dios?

Lo que sucede con frecuencia es que empezamos a ser tentados grandemente. Es decir, los ataques del enemigo aumentan.  Esto no es algo que sucede abiertamente, en otras palabras, no suceden repentinamente para que podamos detectarlos fácil y reprenderlos.

La realidad es de que al diablo se le puede acusar de muchas cosas, pero de algo que no le podemos acusar es de obrar abiertamente; el diablo trabaja sutilmente. Como les estaba diciendo, comenzamos a obrar, pero llega a nosotros la tentación. Puede ser que comience en nuestro mismo hogar, puede ser que comience con una amistad, o con un familiar. Y de lo que no podemos tener duda es que nuestro enemigo usara a toda persona o circunstancia, para tratar de destituirnos de la gracia de Dios.

Una tentación muy común

Permítanme exponerles un ejemplo para que entiendan bien lo que les estoy diciendo.  Una tentación muy común que estoy seguro nos ha llegado a todos en un momento u otro, es cuando nos sentamos en el día de pago a pagar nuestras cuentas. Cuando una persona es verdaderamente fiel a Dios, cuando una persona ha hecho un compromiso sin condiciones con Cristo, pues lo primero que aparta a un lado siempre es el diezmo y/o la ofrenda a su iglesia, ¿verdad?

Pero ¿qué sucede en muchas ocasiones? En ese mismo instante llega el ataque del enemigo, en ese mismo instante llega la tentación de no hacerlo. Llega el enemigo de manera sutil, llega a través de nuestras esposas o esposos, amistades o familiares. Entonces empezamos a oír comentarios como: «¿tu le vas a dar esa suma de dinero a la iglesia? Estás loco, te han lavado el cerebro, no sabes que los pastores son todos una partida de vagos que viven de personas como tu.»

O quizás sea algo como: «¿sabes todas las cosas que pudiéramos hacer con ese dinero?» En si pueden ser muchas las cosas que sean dichas, pero si no estamos fuertes en Dios, si no conocemos Su palabra, si no ha ocurrido un cambio completo en nuestra vida, entonces sucumbimos a la tentación.  Sucumbimos a la tentación porque no podemos ver la bendición que Dios nos está entregando de poder dar [8].

Aclaración 

Y ahora me detengo aquí por un breve momento para hacer una aclaración.  Con este ejemplo no estoy haciendo una plegaria de dinero; es más el cristiano no tiene obligación de diezmar. Pero he usado esta palabra “diezmo”, y esta palabra es algo que causa gran controversia en las iglesias.  Pero como he enseñado en otros estudios bíblicos acerca de este tema, en el Nuevo Testamento no encontramos un mandato a diezmar, ni tampoco una cifra mínima o promedio que tenemos que contribuir.

Abraham le entregó a Melquisedec la “ofrenda” de un diez por ciento (diezmo), 400 años antes de que la ley fuese establecida, y creo que esto les provee a los cristianos la medida de una buena ofrenda. Repito nuevamente, no estoy demandando o pidiendo el “diezmo” como muchos hacen; los cristianos no estamos obligados a diezmar.

No estamos viendo la bendición

Volviendo al tema original, cuando cedemos a la tentación de no aportar para la obra de Dios, o aportar solamente una porción de lo que nos sobra, entonces no estamos viendo la bendición que Dios nos provee cuando podemos dar.  No estamos viendo la bendición que nuestro apoyo produce, el cual incluye la bendición de poder reunirnos en un lugar, para alabar y santificar Su santo nombre.

No estamos viendo la bendición que nuestro apoyo produce, el cual incluye la bendición de asistir a una iglesia para escuchar la palabra de Dios libremente sin temor de persecución.  Y digo que estas son grandes bendiciones porque existen miles de personas en el mundo que quisieran poder hacerlo, pero no pueden.

Hermanos, cuando nosotros obramos y le damos a Dios el lugar que Él merece, cuando ponemos a Dios por encima de todas las cosas, Él derrama sus bendiciones sobre nosotros. Pero en muchas ocasiones dejamos que los placeres de la carne, dejamos que las cosas de este mundo nos detengan de recibir todas las bendiciones que Dios desea derramar sobre nosotros.  En otras palabras, en vez de reprender y echar fuera de nuestra vida al enemigo de las almas, permitimos y le damos autoridad a Satanás y a sus demonios, a que entren de nuevo en nuestra vida.

Este ejemplo de tentación que use es uno muy común, y como les dije, nos ha sucedido a todos en un momento u otro. Pero la realidad es que existen numerosos ejemplos que pudiéramos usar, pero si nos pusiéramos a enumerar todos, no tendríamos para cuando acabar. Pero ahora debemos preguntarnos: ¿por qué sucede esto o cosas semejantes?

La respuesta a nuestra pregunta es fácilmente encontrada en 2 Corintios 4:4 cuando leemos: “…En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios…” ¿De quién nos está hablando Pablo aquí?

Simple, el dios de este siglo es Satanás. Satanás y su ejército de demonios no descansan en tratar de separarnos de la gracia de Dios. El diablo no quiere que sepamos la verdad, él no quiere que le seamos fieles a Dios.

El diablo quiere cegarnos con sus mentiras y decepciones, para que la luz del evangelio y la Gloria de Dios no resplandezcan. Piensen en el ejemplo que les acabo de dar, piensen ¿puede sostenerse una iglesia sin la ayuda de sus miembros? ¿Puede crecer la obra de Dios sin cristianos fieles? Son preguntas difíciles de hacer, son preguntas que nos hacen reflexionar. Pero como les dije al comienzo, el tiempo de llamar a las cosas por su nombre ha llegado. El tiempo de llamar al pueblo de Dios a un compromiso con Cristo ha llegado.

Para concluir.

Hermanos, si no hemos hecho un compromiso con Cristo genuino, si no hemos tomado el tiempo de conocerle más de cerca, entonces no estamos participando de la mesa del Señor. Estamos participando de la mesa del demonio porque hemos dejado que el enemigo nos engañe, hemos dejado que el enemigo nos ciegue con las cosas de este mundo. Le hemos dado autoridad a Satanás y sus demonios a que regresen y habiten en nuestra vida.

Como cristianos fieles nosotros no podemos darle ni la más mínima entrada al demonio. No podemos permitir ser engañados a sentarnos en la mesa que no es Dios. El demonio no tiene autoridad sobre ninguno de nosotros, el demonio no nos puede tentar de tal manera que no podamos resistirle. Cristo murió en la cruz del Calvario para darnos la victoria.

Todos aquí debemos tomar esta advertencia en estos versículos seriamente. Si no hemos hecho un compromiso completo con Dios, reconozcamos que estamos sentados en la mesa equivocada.

Ahora pregunto: ¿en qué mesa te has sentado?

[1] Mateo 16:24; Marcos 8:34
[2] Lucas 6:46; Mateo 7:22-23
[3] 1 Corintios 6:8-10; Filipenses 2:12; Hebreos 2:1-5; 2 Pedro 2:20-21; Apocalipsis 3:14-15;
[4] Isaías 58:1
[5] Lucas 21:34
[6] Isaías 5:13; Oseas 4:6
[7] Lucas 10:18-19; Filipenses 2:9-11
[8] Hechos 20:35
[9] Juan 16:33

© Jose R. Hernandez.  Todos los derechos reservados.

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