Ahora pregunto: ¿le suena esto conocido a alguien? En realidad todo esto nos debe sonar conocido a todos nosotros, ya que en numerosas ocasiones el creyente fiel siempre tendrá que enfrentar gigantes en nuestra vida que aparentan ser invencibles. ¿Por qué aparentan ser invencibles? Continuemos con nuestro estudio para encontrar la respuesta a nuestra pregunta.

Anuncios

1 Samuel 17:8-11 “-Entonces se detuvo y gritó al ejército de Israel, diciendo: —¿Para qué salen a disponer la batalla? ¿No soy yo el filisteo, y ustedes los siervos de Saúl? ¡Escojan de entre ustedes un hombre que venga contra mí! 9 Si él puede luchar conmigo y me vence, nosotros seremos sus esclavos. Pero si yo puedo más que él y lo venzo, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán. 10 —Y el filisteo añadió—: ¡Yo desafío hoy al ejército de Israel! ¡Denme un hombre para que luche contra mí! 11 Cuando Saúl y todo Israel oyeron estas palabras del filisteo, se amedrentaron y tuvieron mucho temor.” (RVA-2015)

¿Se pueden imaginar cómo esto le sonó al ejército de Israel? Éste hombre se paro frente a ellos y básicamente les dijo que ellos no valían nada; que él solo derrotaría a cualquiera que ellos mandaran. ¿Qué resultado tuvo esto? El resultado fue que ellos temblaron al oír lo que éste hombre gritaba, y no hubo un hombre en todo el ejército de Israel que estuviera dispuesto a enfrentarle.

Cuando reflexionamos por un momento en el asunto, creo que todos estaremos de acuerdo cuando digo, que esto es exactamente lo que sucede en nuestra vida cuando confrontamos esas situaciones o circunstancias que aparentan invencibles. La intimidación y el temor nos roban nuestra voluntad de servir a Dios, nos arrebatan la victoria que Jesús nos entrego en la cruz, y detienen el propósito de Dios para con nosotros. ¿Por qué digo esto?

Anuncios

Digo esto porque como todos aquí sabemos, nosotros no estamos llamados a vivir en sufrimientos, nosotros estamos llamados a vivir en victoria [5]. Pero en muchas ocasiones dejamos que los gigantes nos arrebaten nuestra felicidad, dejamos que arrebaten nuestro honor.  Eso fue lo que le paso al pueblo de Israel, y es lo mismo que le sucede a muchos hoy en día.

¿Por qué sucede esto? Yo diría que la razón principal por la que esto le sucede a muchos, es porque muchos han permitido que la intimidación y el miedo les conduzcan a tratar de hacer paz con los gigantes. En otras palabras, a que comprometan su fe y sus principios.  Pero esto es algo que nunca podemos hacer. No podemos estar con Dios y con el diablo a la misma vez [6]. ¿Qué les estoy tratando de decir?

Lo que les estoy diciendo es que no podemos hacer la paz con los gigantes. Hermanos, no podemos hacer paz con el diablo. La realidad es que o servimos a Dios como Él merece y demando, o somos esclavos del diablo. No existe una tregua. ¿Qué tenemos hacer?

Anuncios

Tenemos que pelear. Tenemos que confiar en el poder de Dios y derrotar a esos gigantes. ¡Tenemos que suplir lo que quizás carezcamos en valor con fe!

Cuando leemos los versículos del 12-37, vemos que alguien finalmente tuvo el valor para enfrentarse a este tirano. ¡David dio el paso al frente! Pero quiero que nos fijemos bien en lo que sucedió cuando él dio ese paso al frente.

1 Samuel 17:38-39Saúl vistió a David con su propia armadura. Le puso un casco de bronce sobre su cabeza y lo vistió con una cota de malla. 39 Luego David se ciñó la espada de él sobre su ropa e intentó andar, porque no estaba acostumbrado. Entonces David dijo a Saúl: —Yo no puedo andar con esto, porque no estoy acostumbrado. David se quitó de encima aquellas cosas.” (RVA-2015)

Anuncios

¿Se pueden imaginar la sorpresa del rey en esta situación? Estoy seguro que el rey se quedo completamente sorprendió, al ver como solamente este joven estaba dispuesto a enfrentar al gigante. Pensemos en esto por un breve momento.

El rey tenía un ejército de soldados, pero ninguno de ellos tuvo el valor de aceptar el reto. Pero no solo no tuvieron el valor de aceptar el reto, sino que cuando leemos la historia completa encontramos que el mismo rey trato de convencer a David de que no lo hiciera (vers. 33). Trato, pero no pudo. ¿Saben por qué no pudo?

No pudo porque David tenía algo que ellos no tenían. David tenía fe, y una confianza absoluta en Dios, y al ver que no podía convencerle de que abandonara el reto, el rey le vistió con la mejor armadura que tenían para que se enfrentase al combate.  Ahora pregunto: ¿le suena algo de esto conocido? En realidad, esto es algo que nos debe sonar conocido a todos.

Digo que lo que aconteció nos debe sonar conocido, porque la realidad del caso es que muchos de nosotros actuamos de la misma manera que actúo el rey en éste instante. En otras palabras, al enfrentarnos a esos gigantes, tratamos de pelear con nuestra propia fuerza, y nos cubrimos con nuestra propia armadura. ¿De qué armadura les hablo?

Anuncios

Les hablo de nuestra fuerza de voluntad, determinación, y orgullo. Nos ponemos esa armadura que NO nos sirve. No nos sirve porque sin el poder de Dios, nosotros nunca podremos derrotar la obra del enemigo en nuestra vida. Sin la asistencia de Dios, nunca podremos derrotar a esos gigantes que tratan de separarnos de las bendiciones de Dios. Y es por eso que les digo en esta noche, que como fieles cristianos, es hora de comenzar a seguir el ejemplo de David.

Es hora de quitarnos esa armadura que NO nos sirve, esa armadura que nos limita y NO permite que nos podamos mover libremente. Como fieles seguidores de Cristo tenemos que aprender a confiar en la voluntad y poder de Dios. Como les dije hace un instante, nosotros no estamos peleando una guerra física, sino una guerra espiritual. Esto significa que las armas que tenemos que emplear para defendernos y conquistar no pueden ser carnales.

La realidad de todo es que todo tipo de solución humana simplemente no funciona. Todo tipo de solución humana no derrota a los gigantes que se levantan en contra de nosotros, y es por eso que Dios nos indica a que actuemos completamente diferente. ¿Cómo desea Dios que actuemos? Para contestar esta pregunta examinemos lo que sucedió a continuación.