Prédicas Cristianas

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Introducción

No sé cuántos de ustedes han estado prestando atención a lo que está sucediendo no solamente en este país, sino en el mundo entero, pero con solo prestar un poco de atención no es difícil llegar a la conclusión que los tiempos actuales no son nada fáciles.

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Digo esto porque no importa donde miremos; noche tras noche, y día tras día, estamos viendo manifestaciones, injusticias, malas noticias, enfermedad y muerte. Las redes sociales, televisión, prensa, y los medios de comunicación en general, todos nos muestran lo complicado que son estos días.

Para muchos, esta situación es desesperante, y buscan la solución en lugares indebidos. Hay quienes se refugian en la bebida y en las drogas, creyendo que ahí pueden encontrar paz. Otros intentan refugiarse en el trabajo, creyendo tener las cosas bajo control. Pero la realidad es que solo existe un lugar donde se puede encontrar la paz, y Su nombre es Jesucristo [1].

Pero el problema está, en que toda esta situación por la que nos encontramos atravesando, algo que creo firmemente que ha sido causado por el enemigo para promover el odio, violencia, racismo,  división social, y anarquismo, ha causado que muchos creyentes cierren sus bocas, y no prediquen la verdad de Dios. Muchos cristianos han optado por esconderse en su fe, y no están cumpliendo con la misión que se nos ha encargado.

Sin embargo este no es momento para esconderse, sino para brillar. Este no es momento para atemorizarnos y llorar, sino que es el momento para actuar. Es tiempo de que el pueblo de Dios se levante, y actúe en nombre del Señor para el bien de la humanidad. Como cristianos, es tiempo de resplandecer, es tiempo de permitir que la luz de Jesucristo brille [2], para hacer que las tinieblas que se han apoderado de nuestros tiempos se desvanezcan.

Recordemos que donde existe la luz, no pueden existir tinieblas [3]. ¿Qué les estoy tratando de decir con todo esto?  Lo que les estoy diciendo es que debemos, y tenemos que mostrar Su luz en todo lugar, y en todo tiempo, sin importarnos de lo que algunos puedan decir o pensar de nosotros.  Pero ahora la pregunta es, ¿cómo podemos lograr esto?  ¿Cómo podemos tener la valentía necesaria para hacer que nuestra luz brille en todo momento? Para responder nuestra pregunta, pasemos ahora a la palabra de Dios que estaremos examinando en esta predicación.

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Mateo 25:1-13 “»Entonces, el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al novio. 2 Cinco de ellas eran insensatas, y cinco prudentes. 3 Cuando las insensatas tomaron sus lámparas, no tomaron consigo aceite; 4 pero las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. 5 Y como tardaba el novio, todas cabecearon y se quedaron dormidas. 6 A la medianoche se oyó gritar: “¡He aquí el novio! ¡Salgan a recibirle!”. 7 Entonces, todas aquellas vírgenes se levantaron y alistaron sus lámparas. 8 Y las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos de su aceite, porque nuestras lámparas se apagan”. 9 Pero las prudentes respondieron diciendo: “No, no sea que nos falte a nosotras y a ustedes; vayan, más bien, a los vendedores y compren para ustedes mismas”. 10 Mientras ellas iban para comprar, llegó el novio; y las preparadas entraron con él a la boda, y se cerró la puerta. 11 Después vinieron también las otras vírgenes diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!”. 12 Pero él respondiendo dijo: “De cierto les digo que no las conozco”. 13 Velen, pues, porque no saben ni el día ni la hora.” (RVA 2015)

Ahora bien, como les explique la semana pasada, con frecuencia Jesús le predicaba a sus discípulos con parábolas. Y la que estaremos examinando hoy es la “parábola de las diez vírgenes.” Como podemos apreciar en esta enseñanza, el Señor nos muestra a diez vírgenes que esperaban la llegada de su Señor, pero que solo cinco fueron prudentes y se prepararon con aceite para sus lámparas.

Las otras cinco no se prepararon, y cuando llegó la noche sus lámparas empezaron a apagarse porque les faltaba el aceite. ¿Qué tuvieron que hacer entonces? Ellas tuvieron que ir a comprar aceite para poder encender sus lámparas, pero en lo que iban llego el novio, y las cinco vírgenes prudentes entraron a la fiesta con Él, y las insensatas quedaron afuera.

Ahora bien, con esta parábola el Señor nos enseña que como cristianos fieles, nosotros siempre debemos estar preparados para los acontecimientos de la vida. En otras palabras, así como un deportista se prepara para una competencia importante, así debemos prepararnos en cada aspecto de la vida. Y no hay acontecimiento más grande que aquel que un día nos permita entrar a una eternidad con Dios. Para este acontecimiento debemos prepararnos lo suficiente y ser prudentes, como esas cinco vírgenes que llevaban aceite suficiente.

Pero, ¿qué significa prepararse? Prepararse significa conocer el asunto a profundidad, estudiarlo y en base a ese conocimiento tomar las medidas pertinentes para afrontar el acontecimiento. ¿Qué les estoy tratando de decir con esto? Lo que les estoy diciendo es que no sabemos con exactitud, lo que será estar delante de Dios un día en la eternidad, pero sí podemos tener claro el camino que Dios nos dejó para entrar a esa eternidad.

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Por lo tanto tenemos, y debemos, conocer ese camino y seguirlo. Recordemos siempre que Jesús dijo “yo soy el camino” [4], así que solo a Él debemos seguir. Así que el primer paso que debemos dar, para obtener la valentía que necesitamos para permitir que nuestra luz brille en todo momento es ser prudentes.  Esto me conduce al segundo punto de esta predicación.

Cuando tomamos el tiempo de leer y estudiar nuestra biblia, encontramos que llegó un tiempo cuando los discípulos le preguntaron a Jesús como serian esos últimos días antes de Su segunda venida [5]. También vemos como Jesús les explica las señales que se verían, para que entendiesen bien los tiempos que se vivirán.

Hermanos, Dios quiere que entendamos los tiempos que se viven. Y con solo prestar un poco de atención a la situación mundial actual, no es difícil discernir que con cada día que pasa, los últimos tiempos de los que el Señor nos habla, quizás estén más cerca de lo que pensamos. Es por eso que no podemos tener en poco la situación, sino que debemos y tenemos que estar atentos, y conocer los tiempos.

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