Número dos; para vencer los ataques del enemigo tenemos que unirnos.  En los versículos que estamos usando en la predicación de hoy leemos: “…Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano…”  Quiero que nos detengamos aquí por un breve momento y notemos algo de suma importancia.  Quiero que notemos que Moisés no le dijo a Josue que reuniera a todos los varones para acudir a la batalla, sino que dijo: “…Escógenos varones, y sal a pelear…” ¿Por qué deseo que notemos este detalle que aparenta insignificante?  A pesar de que este detalle pueda aparentar insignificante, en realidad no lo es.  Digo que no lo es porque el ejército de Moisés estaba compuesto de alrededor de 603,000 hombres [4].  Y aquí vemos claramente que Moisés no mando a reunir a todo el ejército para confrontar las fuerzas de Amalec, sino que escogió a Josué como líder y le dijo que reuniera a unos varones para que salieran a pelear.  Les puedo decir que la tarea que Moisés le encargo a Josué no fue nada fácil, ya que los varones que Josué reunió no era nada comparado al ejército de los amacelitas.  Josué salio a pelear con grandes desventajas, ¿Por qué digo que salió a pelear con grandes desventajas?

Digo esto porque los varones que Josué reunió, y el ejército de Israel en general estaba falto de disciplina.  Ellos no estaban bien armados, y además de todo, la moral estaba bien baja debido al tiempo de esclavitud que sufrieron.  Pero si Moisés tenía conocimiento de esto, ¿por qué le dio órdenes a Josué de solo reunir a unos varones en vez de reunir al ejército completo?  Moisés dio estas órdenes porque él confiaba en que lo que vencería a esta fuerza agresora no sería el poder militar, sino que sería el poder de Dios.  ¿Confías tú en el poder de Dios?

Continuando leemos: “…Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec…”  Mientras Josué luchaba, Moisés oraba y tenía la vara en sus manos alzada al cielo.  Moisés levantaba esta vara para animar a los soldados, era como una bandera izada que despertaba el entusiasmo en ellos.  Ellos peleaban, pero Moisés intercedía apelando a Dios.  De aquí tenemos mucho que aprender.  Digo esto porque el gran error que muchos cometemos es que con frecuencia comenzamos a interceder por una persona o por una situación, pero al no recibir una respuesta inmediata, dejamos de interceder y de orar.  En muchas ocasiones comenzamos a interceder con fervor, sacudimos los cielos con nuestras oraciones, pero según el tiempo va pasando perdemos interés y no perseveramos. En otras ocasiones nos encontramos tan enredados en las cosas de este mundo que se nos olvida interceder. El enemigo nos entretiene tanto con las cosas del mundo que se nos olvida levantar un clamor al cielo, y esto es algo que no podemos permitir que suceda en nuestra vida.  Dile a la persona que tienes a tu lado, intercede por mí en tus oraciones.

Numero tres; todos necesitamos ayuda.  Continuando vemos que se nos dice: “…Y las manos de Moisés se cansaban…” ¿Qué nos deja saber esto?  Esto nos deja saber que la batalla no fue nada fácil o que se termino rápidamente.  Y deseo detenerme aquí por un instante y explorar esto acerca del cansancio con más detalle.  Como podemos apreciar, a Moisés se le cansaron los brazos de sostener la vara alzada después de un tiempo.  ¿Por qué deseo que analicemos esto acerca del cansancio?  Deseo que hagamos esto porque el cansancio es algo que afecta a muchos en este caminar.  El cansancio afecta al pueblo de Dios en general, pero les puedo decir por experiencia propia que es algo que afecta a muchos líderes, que afecta a muchos pastores, diáconos y ministros. Esto es algo que sucede porque igual que Moisés, llega el momento en la vida de muchos lideres cuando se encuentran completamente cansados de luchar y batallar.

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Existen muchos líderes que se cansan al ver que mientras más tratan, que mientras más se esfuerzan, menos repuesta reciben del pueblo, y quiero que noten que dije del pueblo y no de Dios.  Hoy en día el pueblo de Dios está muy desanimado.  El pueblo de Dios de hoy está apático; tal parece que mientras más palabra de Dios escuchan, menos entienden.  Es por eso que vemos como las sectas y falsas religiones continúan floreciendo y creciendo con cada día que pasa. La apatía y el desánimo es lo que causa que muchos abandonen su ministerio, y que menosprecien la bendición que Dios le ha dado de servirle.  Es extremadamente triste ver como nuestros hermanos en la fe se cansan de batallar en contra de la tentación, y a consecuencia caen nuevamente en la trampa del demonio.  ¿Por qué vemos estas cosas suceder?  Las vemos suceder porque la iglesia carece de la unión y el apoyo que debería existir.

A Moisés se le cansaron los brazos de sostener la vara alzada y tenía que bajarlos de vez en cuando; pero debemos notar que el agotamiento que Moisés sintió no causo que ellos abandonaran la batalla.  En ese momento ellos hicieron algo que todo cristiano fiel debe y tiene que aprender, y más importante de todo, ¡hacer! Aquí leemos: “…por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol…”  Aarón y Hur ayudaron a Moisés en su momento de debilidad; ellos le ayudaron en ese momento de agotamiento y cansancio.  Si queremos tener éxito como iglesia, entonces todos debemos reconocer que nos necesitamos los unos a los otros.  Como fieles cristianos y como iglesia de Dios que somos, tenemos que ayudar a levantar y sujetar los brazos de aquellos que se puedan encontrar debilitados [9].  Todos necesitamos ayuda, todos necesitamos intercesión.  Dile a la persona que tienes a tu lado; ayúdame a alzar mis brazos.

Para concluir.  Como les dije al inicio, el cristianismo está en grave problema; la iglesia de Cristo está en grave problema.  ¡La iglesia te necesita a ti! Los líderes no lo pueden hacer todo, el líder no puede ser el único responsable de luchar.

Se necesitan hombres y mujeres como Josué, se necesitan personas obedientes y dispuestas a enfrentarse a la batalla, dispuestas a enfrentarse a ese ejército del enemigo, aun cuando el grupo de personas que dirijas no sea el más poderoso.  Se necesitan hombres y mujeres como Aarón y Hur, personas dispuestas a levantar los brazos de los cansados.  Dispuestos a ayudar en todo momento a todo aquel que se pueda encontrar debilitado o cansado.  Cuando asumimos la responsabilidad que nos pertenece, entonces seremos victoriosos.  ¿Qué sucedió con el pueblo en ese entonces?

La palabra nos dice: “…Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada…”  Nosotros también podemos ser victoriosos; el pueblo de Dios puede y tiene que avanzar en todo momento con la Palabra de Dios.  Pero para que esto suceda tenemos que asumir nuestras posiciones y responsabilidades.

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Josué lucho, Moisés intercedió y Aarón y Hur le sirvieron de apoyo.  Un equipo completo fue quien venció el ataque del enemigo a través del poder de Dios, y no del suyo.  La iglesia necesita este equipo, el cuerpo de Cristo necesita estos tipos de personas e interacción entre los creyentes.

Ahora la pregunta final es: ¿qué tipo de persona eres tú?

[1] Efesios 6:12
[2] 2 Corintios 10:3-5
[3] 1 Pedro 5:8
[4] Números 1:45-46
[5] Apocalipsis 20:10
[6] Juan 8:34
[7] Génesis 3:1
[8] 2 Corintios 11:13-15
[9] 1 Tesalonicenses 5:14