Predicas Cristianas

Sígueme

No existe nada malo en ser rico, yo no estoy diciendo ni implicando que todos los ricos son malas personas. Existen numerosas personas ricas en el mundo, que ayudan y mantienen instituciones dedicadas a ayudar a los pobres y necesitados.

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Quiero que también quede muy claro que no estoy implicando, ni diciendo, que existe algo malo en querer superarse, y darle una mejor vida a nuestra familia, esposa, esposo, hijos, hijas, y demás. Pero lo que yo si estoy diciendo, y a lo que el Señor esta aludiendo en estos versículos, es que cuando las riquezas o posesiones remplazan la necesidad que sentimos de servir a Dios, en realidad no estamos siguiéndole a Él [6].

Cuando permitimos que las cosas del mundo tomen el lugar número uno en nuestra vida, le estamos cediendo espacio al enemigo. Le estamos permitiendo avanzar y destruir lo que Dios nos ha entregado. Le estamos permitiendo que nos detenga de cumplir con el llamado que hemos recibido, o a que no podamos claramente escucharlo. ¿A que fuimos llamados?

Los estudios bíblicos acerca del llamado del Señor nos revelan que todo cristiano está llamado a ser mucho más de lo que es.

Pasemos ahora a Mateo 28:18-19 y veamos a lo que todo cristiano esta llamado. En estos versículos encontramos que se nos dice: “…Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…” Y la clave para entender bien nuestro llamado es: “…haced discípulos…” ¿Por qué digo que esta es la clave?

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Lo digo porque la realidad de todo es que existe una gran diferencia entre ser un discípulo y ser un simple creyente. Examinemos brevemente la definición de las palabras “creyentes” y “discípulos” para ver si lo que les estoy diciendo tiene sentido o no.

“Creyente”; definida como: “Que cree, especialmente el que profesa determinada fe religiosa.” “Discípulo”; definida como: “Persona que sigue la opinión de una escuela, aun cuando viva en tiempos muy posteriores a los maestros que la establecieron [7].” La diferencia que existe entre estas dos palabras es grande y clara. El creyente “cree”, pero el discípulo “sigue”. Y como hemos visto el Señor no le dijo al joven “cree” el Señor le dijo “!sígueme!”

Los estudios bíblicos nos enseñan que nuestro primer llamado es creer en Dios y en Jesucristo como nuestro Rey y Salvador, pero como fieles cristianos no podemos quedarnos estancados en solo creer en Dios, sino que tenemos que crecer y avanzar [8]. Tenemos que avanzar hacia el llamado que Él nos ha hecho. Dile a la persona que tienes a tu lado; el Señor te dice: ¡sígueme! Y para seguir a alguien tienes que entrar en acción.

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Es imposible seguir a una persona sentado en una silla. Es imposible seguir a una persona encerrado en un edificio. Para seguir a una persona tienes que levantarte, tienes que moverte, tienes que entrar en acción. Creer es el primer paso, pero no podemos permitir que nada nos detenga ahí. En Santiago 2:19-20 encontramos que se nos dice: “…Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. 20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?..” Dile al que tienes a tu lado; entra en acción. Permítanme compartir con ustedes una reflexión cristiana que alguien me envió hace un tiempo atrás para que entiendan bien lo que les estoy diciendo.

Reflexiones Cristianas – Diferencias Entre El Creyente Y El Discípulo

El creyente busca que le animen; el discípulo procura animar. El creyente puede caer en la rutina; el discípulo es revolucionario. El creyente espera que le asignen tarea; el discípulo es solícito en asumir responsabilidades. El creyente murmura y reclama; el discípulo obedece y se niega a sí mismo. El creyente suele ser condicionado por las circunstancias; el discípulo aprovecha las circunstancias para ejercer su fe. El creyente reclama que le visiten; el discípulo visita. El creyente busca en la Palabra promesas para su vida; el discípulo busca vida para cumplir las promesas de la Palabra. El creyente es yo; el discípulo es ellos. El creyente se sienta para adorar; el discípulo le anda adorando. El creyente pertenece a una institución; el discípulo es la institución él mismo. El creyente vale para sumar; el discípulo para multiplicar. La meta del creyente es ganar el cielo; la meta del discípulo es ganar almas para el cielo. El creyente es «ojala»; el discípulo es «Heme aquí.»

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Para concluir. Como hemos podido apreciar, Dios demanda mucho más de nosotros de lo que imaginamos. Para alcanzar el Reino de Dios tenemos que hacer mucho más que guardar los mandamientos; si realmente hemos reconocido a Jesucristo como nuestro Rey y Salvador personal tenemos que rendirnos completamente a Él. Tenemos que convertirnos de creyentes a discípulos. Tenemos que escuchar Su llamado cuando nos dice: ¡sígueme!

Seguir a Jesús nos costara nuestra comodidad. Como les dije, esto no significa que regalemos todo lo que tenemos y nos convirtamos en mendigos, o que dejemos de mejorar nuestra vida. Pero tenemos que dejar la comodidad del saber que somos salvos, y levantarnos de nuestra silla y seguirle. ¿Por qué es esto tan importante de hacer?

Esto es de suma importancia porque la comodidad produce complacencia, y la complacencia da a luz a la desobediencia y pecado. Como seguidores de Cristo tenemos que negarnos a nosotros mismos, esto significa que no podemos dejarnos guiar por los deseos e impulsos de la carne [9].

Seguir a Jesús significa que laboraremos para el Reino de Dios a pesar de las circunstancias; y esto es algo que nos debe causar gran gozo y placer, ya que Dios debe, y tiene, que siempre ocupar la primera posición en nuestra vida. Seguir a Jesús nos costara perder posesiones, amistades y familiares.

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Seguir a Jesús nos costara que seamos aborrecidos por muchos [10]. Pero nada de esto nos debe importar ya que: “..¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?..” (Marcos 8:36).

Existen muchos cristianos como el joven en este instante. Cristianos que sienten la necesidad de servirle, que quieren de todo corazón hacerlo, pero que permiten que las posesiones y preocupaciones cotidianas los detenga. No permitas que esto suceda en tu vida, sino que escucha hoy que Él te dice: ¡sígueme! Levántate, deja todo a un lado, y sigue al Señor.

[1] Lucas 18:18-23; Marcos 10:17-22
[2] Mateo 26:11
[3] Lucas 11:2
[4] Romanos 12:1-2
[5] Marcos 10:21
[6] Mateo 6:24; Lucas 16.13
[7] Diccionario de la Real Academia Española
[8] Mateo 5:14-16
[9] Mateo 16:24; Marcos 8:34; Lucas 9:23
[10] Mateo 24:9

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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