No siendo oidor olvidadizo

Estamos llamados a perseverar hasta el fin porque si no perseveramos en nuestra fe, cuando lleguen las tentaciones tropezaremos y caeremos del lugar de bendición que Dios nos ha proporcionado.  Estos son los primeros tres llamados que Dios hace de todo cristiano.

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La realidad es que sería imposible cubrir completamente a todo lo que somos llamados en este pequeño espacio de tiempo que compartimos, pero pienso que con estos detalles que hemos explorado todos podemos fácilmente concluir que para recibir las bendiciones que Él tiene para nosotros, y agradar a Dios en todo momento, tenemos que convertirnos en hacedores de Su palabra.  Dile a la persona que tienes a tu lado: conviértete en hacedor.

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Porque si alguno es oidor de la Palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era…” No tomar acción es tomar una acción; ¿qué?  Si no somos hacedores, automáticamente somos oidores.

Desdichadamente existen muchos que asisten y participan en eventos de las iglesias, con regularidad, pero que permanecen sentados en las sillas y bancos de las iglesias domingo tras domingo.  Existen numerosas personas que participan de los estudios bíblicos y escuchan con atención las predicas cristianas; pero que no logran recibir todas las bendiciones que Dios quiere entregarles.  Seguramente que algunos ya se estén preguntando, ¿por qué no las reciben?

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Una de las razones por la que esto sucede, y quizás sea la razón principal, es porque muchos no reconocen sus errores.  Existen muchos que piensan que son más santos que el santísimo, pero que en realidad no son nada más que santurrones (hipócrita que aparenta ser devoto).

Como he dicho en numerosas ocasiones, todos aquí cometemos errores.  Ninguno de nosotros somos perfectos, pero la diferencia entre el cristiano fiel y el santurrón es la convicción que recibimos a través del Espíritu Santo, y la acción que tomamos al recibir la convicción.

Sin excepción de uno, todos aquí le fallamos a Dios, y es exactamente por eso que estamos llamados al arrepentimiento.  Pero cuando solo somos oidores de la Palabra y no hacedores de ella, entonces se nos hará muy difícil recibir la convicción y arrepentirnos de nuestras faltas.  Existe una gran distinción entre simplemente oír la palabra de Dios, y ser un hacedor de ella.

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Si hacen memoria de las últimas predicaciones y estudios bíblicos que les he presentado, creo que todos reconocerán que todas tienen algo en común. ¿Qué tienen en común?  Lo que tienen en común es que nos instan a entrar en acción. No podemos permitir que los afanes de ésta vida nos desvíen de nuestro camino, o que obstruccionen nuestro caminar.

No podemos permitirle al enemigo de las almas que destruya la obra que Dios ha iniciado en nosotros.

Cuando no entramos en acción, es decir, no somos hacedores de la Palabra de Dios, entonces se nos hará muy fácil justificar acciones y comportamientos que bien sabemos que desagradan a Dios.  Se nos hará fácil justificar nuestras faltas en nuestra mente, pero les aseguro que por mucho que las justifiquemos en nuestra mente, nuestras malas acciones nunca serán justificadas ante Dios.  Dios no puede ser engañado.

Fíjense bien como esto es algo que el Señor nos deja muy claro en Lucas 16:15cuando leemos: “…Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación…”  Dile a la persona que tienes a tu lado: nadie puede engañar a Dios.

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Continuando con nuestro estudio leemos: “…Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace…”  Aquí encontramos la promesa que debe motivar a todo cristiano.

Las cosas en el mundo continuaran empeorando lentamente; las profecías bíblicas se cumplirán una por una, y no existe nada que alguno de nosotros podamos hacer para evitarlo.  Noticias de eventos que nos alarman continuaran surgiendo.

Pero cuando nos convertimos en hacedores de la Palabra, Él aclarara nuestros pensamientos y preocupaciones.  La persona que escucha y es hacedora de la Palabra siempre será bendecida.  Dile a la persona que tienes a tu lado: seremos bendecidos.

¿Qué bendición recibiremos primero?  Para contestar esta pregunta tenemos que notar de la forma que Santiago aquí se refiere a la Palabra, él dice: “…la perfecta ley, la de la libertad…” Pero, ¿qué nos dice esto?  Lo que estas breves palabras nos dan a conocer claramente es que la Palabra de Dios libra a las personas de la esclavitud del pecado, y de la muerte.  Ésta es la primera bendición que recibimos cuando nos convertimos en hacedores de la Palabra.

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La segunda bendición que recibiremos es que la Palabra de Dios nos enseña claramente como vencer las tentaciones que a diario enfrentamos.  Fíjense bien como esto es algo que queda muy bien declarado por el apóstol Pablo en 1 Corintios 10:13 cuando leemos: “…No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar…”  La Palabra de Dios es la ley de la libertad, la ley que nos libera para que le podamos conocer, y entrar en comunión con Él.

Para concluir.  Como les dije al inicio, estamos viviendo en tiempos inciertos.  La situación mundial, tanto política como económica se encuentra en un estado bastante volátil.

Estos eventos y noticias son cosas que nos alarman, y preocupan, pero como seguidores de Cristo nosotros tenemos donde refugiarnos.  ¿Dónde encontramos nuestro refugio?  Nuestro refugio es encontrado en la Palabra de Dios.  Pero para encontrarlo, tenemos que convertirnos en hacedores.

Escuchar la Palabra de Dios es muy bueno, pero no es suficiente.  De nada te vale oír estudios bíblicos, predicas cristianas, y mensajes cristianos veinte y cuatro horas al día, siete días a la semana, y trescientos sesenta cinco días (24-7-365) al año si no lo aplicas a tu vida.

La persona que solamente escucha y conoce la Palabra de Dios se miente así mismo.  No podemos solamente escuchar y memorizarnos versículos, tenemos que vivirla.

La persona que simplemente escucha y aprende, pronto se le olvidara lo que ha aprendido.  ¿Por qué?  Porque cuando uno no practica lo que aprende, el conocimiento pasa a ser parte de la memoria, pero nunca forma parte de quien somos.

Permítanme hacer una pregunta que mejor ilustra el punto que deseo hacer; visitemos la ilustración del cirujano y hagámonos una pregunta.  ¿Si necesitas una cirugía para salvar tu vida, quién deseas que se el cirujano, uno acabado de graduar y sin practica, o uno con años de experiencia? La respuesta es obvia, todos escogeríamos al cirujano con experiencia.

Pon en práctica todo lo que has aprendido; permite que sea Dios el que guie todos tus pasos.  Recordemos siempre que como cristianos nosotros estamos llamados a guardar la Palabra de Dios en todo momento.

Aprendamos de lo que Santiago nos dice en estos versículos y reconozcamos que si no ponemos en práctica lo que hemos aprendido, entonces el enemigo podrá fácilmente distraernos con el bullicio de este mundo, y separarnos de las bendiciones que Dios quiere entregarnos.

Dejemos de ser oidores de la Palabra, y convirtámonos en hacedores de ella.  Recuerden que lo que no se practica, será olvidado.  Permite que la Palabra de Dios sea la parte integral de tu vida, y recibirás la paz y la bendición de Dios en todo momento.

[1] CNN – Iran reaches nuclear deal with world leaders — now what? – By Reza Sayah. Holly Yan and Josh Levs, Monday, November 25, 2013.
[2] Obama calls Netanyahu after Israeli leader slams Iran nuke deal – Published November 24, 2013 – FoxNews.com
[3] BBC – Saudi nuclear weapons ‘on order’ from Pakistan – Diplomatic and defence editor, Mark Urban – 6 November 2013
[4] Juan 14:1-4
[5] Juan 14:6; 1 Timoteo 2:3-5
[6] Marcos 8:37
[7] Hechos 4:11-12
[8] Marcos 12:30-31

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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