III. El centurión (Mateo 8:5-13)

En el libro de Mateo encontramos un milagro que Jesús hizo con el siervo de un centurión. Este se acerca al Señor y le pide que sane a su siervo. Seguramente era de gran estima para este oficial del ejército romano, pues se acercó al Maestro. Hay algunas enseñanzas que podemos aprender de este relato.

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a) Quien hace la petición

Para nada era común que un oficial romano se acercara a un israelita a pedir algo. Sin embargo así pasó, pues él tenía fe en Jesús. Así que no importa quién sea por fuera el que se levante como intercesor, importa como es por dentro. Dios ve el interior de la persona, ve su corazón. 

b) Acercarse con fe (Santiago 1:6)

Dios se agrada cuando nos acercamos a Él con fe [4]. Este centurión vence el prejuicio político de aquel momento y logra acercarse al Señor, pues sabe completamente que si Jesús decide sanar a su siervo, este recibirá el milagro.

Jesús le dijo al centurión que irá hasta su casa sanará a su siervo. el centurión responde que no es digno que entre en su casa, pero la palabra nos dice que su siervo “sanará” (vers. 8). Jesús se maravilla de su fe y obra el milagro en su siervo (verss. 10; 13). Desde ese mismo instante Él obra el milagro y el centurión se va sabiendo, por la fe, que su siervo había sido sano.

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Quien se acerca a Dios debe saber ante quien es que intercede, nada menos que ante el Dios Todopoderoso. Al acercarse ante Dios debemos hacerlo con fe, sabiendo que Él tiene el poder para obrar milagros y sabiendo que es justo. Sin fe es imposible agradar a Dios [5].

III. Jesucristo (1 Timoteo 2:5)

Pero sin duda el más grande milagro que ha conseguido un intercesor fue el de la salvación de nuestra alma. Toda la humanidad se encontraba alejados permanentemente de Dios a causa del pecado que reinaba en todos los seres humanos.

Dios castiga el pecado y este nos aleja de Él [6]. Por lo tanto no teníamos oportunidad de ser salvos y lo que nos esperaba era solo la muerte. Pero no la muerte del cuerpo, sino la muerte de nuestra alma eternamente. Estábamos destinados a estar para siempre alejados de Dios recibiendo castigo por nuestros pecados.

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Sin embargo Jesucristo vino a derramar Su sangre, sin pecado, para que podamos recibir por medio de Él, el perdón de pecados [7]. Ahora a través de su sangre preciosa podemos ser redimidos, podemos ser limpios de nuestra maldad y acercarnos confiadamente ante Dios. Jesucristo entonces es el más grande intercesor que ha existido.

Jesús aceptó el castigo de nuestro pecado para que podamos ser salvos y pasar la eternidad con Dios. Así lo dice 1 Timoteo 2:5, que hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo.

Solo por medio de Él podemos tener entrada al reino de Dios. Jesús entonces intercede al Padre, con toda autoridad llega al cielo e intercede por nosotros para que por medio de su sangre tengamos el perdón de Dios [8].

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Ahora tenemos entrada al reino celestial por medio de Jesucristo. Y la palabra de Dios nos dice claramente que en ningún otro hay salvación [9]. Solo Él ha sido tentado en todo pero sin pecado. Solo Él ha logrado vencer como hombre y entregado su sangre para acercarnos a Dios. Entonces podemos acercarnos a la presencia de Dios y hablar con Él.

Para concluir

Dios había dicho que destruiría a la humanidad y hasta los animales que había creado, a causa de la maldad de los hombres. Dios no soporta el pecado, y el castigo de este es la muerte [10].

Dios decidió obrar con su justicia divina y destruir todo lo que el pecado había corrompido. Sin embargo encontró a Noé, quien halló gracia ante los ojos de Dios [11]. Dios entonces decide salvarlo de su castigo, a él y a su familia.

Noé estuvo predicando el mensaje de Dios mucho tiempo para que los demás también pudieran ser salvos de la ira de Dios.

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Sin embargo nadie más llegó a tener fe en Dios, todos decidieron apartarse y permanecer en su pecado. Pero esto no desanimó a Noé quien siguió intercediendo para la supervivencia de la humanidad. Dios envió su ira pero salvó a Noé, a su familia y a los animales que entraron al arca con él.

Dios busca personas valientes, personas que estén dispuestos a pagar el precio y que sean intercesores. Personas que se pongan en medio e intercedan al Padre para la salvación de las almas. Debemos buscar ser agradables ante Dios, estar constantemente en Su presencia y obedecerle.

Dios escucha nuestra oración, por lo tanto debemos interceder los unos por los otros y principalmente interceder por aquellos que no han conocido a Dios. Para que Dios tenga misericordia y los alcance con Su poder y puedan ser salvos de este mundo de maldad.

No es nada fácil ponerse en medio de la ira de Dios, pero Dios busca intercesores. Dios quiere obrar milagros y maravillas pero busca quien provoque su amor para misericordia.

Recordemos que el amor de Dios es para siempre, pero Él no soporta el pecado. Seamos esos intercesores que provoquen la mano de Dios, que lo mueve a misericordia y las almas puedan ser salvas. 

[1] Isaías 55:8-9
[2] Juan 9:31
[3] Isaías 59:2
[4] Hebreos 4:16
[5] Hebreos 11:6
[6] Proverbios 3:11-12; Apocalipsis 3:19
[7] Juan 3:16
[8] Romanos 8:34
[9] Hechos 4:11-12
[10] Romanos 6:23
[11] Génesis 6:8

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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