Continuando con nuestro estudio bíblico encontramos la razón por la que muchos dicen que no pueden dejar de pecar. Y la razón es: “…Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros...”

No creo que esto necesite mucha aclaración; este versículo que acabamos de leer nos deja saber explícitamente que la razón por la que muchos dicen que no pueden dejar de pecar, es porque no reconocen el pecado en su vida.

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En otras palabras, se engañan a sí mismos pensando o diciendo que lo que hacen no es nada de importancia. Es decir, entran en el debate de que si son pecados mayores o menores, o pecados de muerte o no de muerte.

Se enredan en esta trampa y dejan de ver que como les dije al inicio, el pecado solo sirve un propósito: apartar a las personas de Dios. Muchos se engañan a sí mismo, o permiten ser engañados por los falsos predicadores y hacedores de maldad, y se han convencido, o han permitido que se les convenza de que Dios les perdonara todo al final.

Pero si piensas de esta manera, en el día de hoy te digo ¡cuidado! [10]. ¿Cómo podemos vencer el pecado en nuestra vida? La respuesta es fácil.

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Continuando con nuestro estudio vemos que la Palabra de Dios nos dice: “…Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad…”

En este pequeño versículo encontramos la respuesta, y la condición a cumplir. Si queremos vencer el pecado, lo primero que tenemos que hacer es confesarlo.

Ahora bien, no quiero que piensen que estaré abriendo un confesionario para escuchar las confesiones y perdonar los pecados, como hace la institución católica. Ni el pastor ni yo somos nadie para escuchar y absolver a nadie de pecado. Solo existe uno capaz de hacer esto, y su nombre es Jesucristo. Así que manteniendo esto en mente continuemos.

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Ahora examinemos la palabra “confesamos”. Esta palabra es una traducción de la palabra Griega “ὁμολογέω” (ja-ma-lageo) cuya definición incluye: 1. no negar, 2. confesar, 3. declarar, 4. confesar, es decir, admitir o declararse culpable de lo que es acusado [11].

Pero lo que sucede es que a ninguno de nosotros nos gusta tomar responsabilidad por las cosas cuando salen mal, o cuando no quedan bien. Es mucho más fácil culpar a otros por nuestras faltas y errores. Es mucho más fácil hacer excusas o poner pretextos por nuestras acciones, pero la clave en lo que les acabo de decir es: “nuestras acciones.”

Por lo general, los cristianos siempre le echamos la culpa al diablo por todo lo que anda mal en nuestra vida. Pero la realidad de todo es que al diablo se le esta dando mucho más mérito de lo que merece por las cosas que no andan bien en nuestra vida.

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Digo esto porque todos hemos llegado a decir o pensar que él es responsable por todas las tentaciones que existen. Pero esto no es una declaración absolutamente correcta. Los poderes de las tinieblas pueden, y nos tientan, pero no nos pueden obligar a pecar.

De los estudios bíblicos aprendemos que el diablo tentó a Eva en el Edén, y que él tiene a sus demonios trabajando fuertemente tratando de separarnos de Dios. Pero hermanos, la decisión de pecar o no pecar descansa en nosotros.

No podemos ser obligados a pecar, es más, Dios nos ayuda aun en medio de la tentación [12]. ¿Cómo podemos vencer el pecado? Lo podremos vencer cuando lo reconozcamos y nos arrepintamos de ellos.

Como dicen, el primer paso para la recuperación es el reconocer que tenemos un problema.

Si no reconocemos que existe un problema, si no admitimos el problema, aunque influenciado por otras cosas, entonces nunca podremos resistir y vencer las tentaciones del mundo, no podremos vencer el pecado en nuestra vida.

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La palabra de Dios nos dice: “...Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros…”

En otras palabras, cuando no reconocemos que somos pecadores, cuando no reconocemos el pecado en nuestra vida, entonces le decimos a Dios que es un mentiroso. Todos pecamos; todos siempre tendremos algo que superar, todos tenemos algo que vencer, ninguno de nosotros por mucho que queramos somos, ni seremos perfectos en esta vida.

Fíjense bien lo que encontramos en Eclesiastés 7:20 para que entiendan bien lo que les estoy diciendo: “… Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque…” Como les dije hace un breve instante, mientras vivamos en esta tierra, siempre existirá algo que tendremos que superar.

Sé que el mensaje esta fuerte, y no quiero que nadie se ofenda. Pero lo que sí quiero es que todos nos examinemos, y nos demos cuenta en donde estamos en nuestro caminar.

Hermanos, muchos de nosotros nos engañamos pensando que nuestra relación con Dios esta bien, pero en la mayoría de los casos la realidad es que nuestra relación con Dios no esta como Él la desea, sino quizás esta a media. Nunca nos olvidemos que Dios no habita en medio del pecado; el pecado nos separa de Dios.

El pecado en nuestra vida, inspirado por demonios, crea una barrera entre Dios y nosotros. Y aunque Dios nos ama fuertemente, Él no comprometerá su Palabra y carácter por ninguno de nosotros.

Para concluir. Tomemos el primer paso a la recuperación y reconozcamos que el diablo no es el único responsable de todo; tenemos que recordar que la decisión final es nuestra, y que nada ni nadie te puede obligar.

Tomemos el primer paso y confesemos nuestros pecados a Dios; reconozcamos que tenemos tentaciones personales. Reconozcamos que todos somos vulnerables a los deseos de la carne.

Confesemos nuestros pecados al Padre y sepamos que Cristo esta aquí para liberarnos, Cristo esta aquí para quitar las cadenas que nos atan. Cristo esta presente llamándonos a que nos apartemos del pecado y caminemos con Él.

Escucha hoy Su voz, arrepintámonos de nuestros pecados, arrepintámonos de nuestras faltas y busquemos hoy Su rostro. Cristo esta a la puerta, Él quiere perdonarnos, limpiarnos y bendecirnos, pero solo si nos mantenemos fiel.

Si pensamos que estamos bien, si pensamos que no tenemos nada de qué arrepentirnos, les digo hoy ¡cuidado! No podemos permitir que lo que pensamos nos aleje de Dios.

De nuestro corazón, dice Él Señor, salen malos pensamientos, pero esto es solo si nuestro corazón y nuestra mente no están concentradas en Dios.

[1] Romanos 3:23
[2] Mateo 9:10-12; Marcos 2:16-17; Lucas 5:30-31
[3] Colosenses 2:8
[4] Génesis 18:20; Éxodo 32:30; Marcos 3:29; Juan 19:11; 1 Juan 5:16
[5] Proverbios 28:13; Isaías 59:2
[6] 1 Pedro 1:14-16
[7] Wilkinson & Boa Bible Handbook – First John
[8] 2 Corintios 4:1-4
[9] Mateo 5:14-16
[10] Apocalipsis 20:12-15
[11] Blue Letter Bible Lexicon – Strong’s G3670
[12] Santiago 1:14
[13] 1 Corintios 10:13

© 2014, José R. Hernández. Todos los derechos Reservados.