Las puertas de Dios

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: Las puertas de Dios

Predicas Cristianas Texto Bíblico:Esta es puerta de Jehová; por ella entrarán los justos.Salmos 118:20

Introducción

Una puerta nos lleva a otra dimensión. De un exterior nos permite entrar a un ambiente completamente diferente al atravesarla y estar ante una habitación nueva. La decoración, el orden, los colores, sus elementos, nos pueden decir mucho del dueño de la habitación. Existen diferentes ambientes, diferentes personas, diferentes propósitos, pero todos usamos puertas para separar, para resguardar.

Pero hay una puerta que nos permite entrar a la presencia de Dios. Al atravesarla pasamos de un ambiente hostil y de muerte, a un ambiente de paz y bendición. Esta puerta la encontramos buscando al Señor de Señores, en ningún otro la podemos encontrar. Atravesarla es nuestra decisión para entrar a la presencia del Señor.

I. Ningún inmundo entrara por las puertas de Dios

La puerta que se debe abrir para que entremos a la presencia del Señor es puesta por Él mismo (2 Crónicas 23:19). Dios es quien nos lleva delante de ella, cuando nos humillamos, cuando tenemos un corazón contrito delante de Él. 

Esa puerta no puede ser atravesada por cualquiera. Es necesario pasar antes la aprobación del Señor para que seamos aptos, y atravesemos esa puerta que nos lleva a Su misma presencia. 

Podemos pasar nuestra vida entera intentando encontrarla, o pensar que la encontramos en otros lados, pero esta puerta está solo en Él. Dios la entrega a aquellos que sacrifican su vida, su razonamiento para creer en Él aunque no le veamos [1] para ofrecerle todo nuestro ser viéndole solo con los ojos de la fe.

a. Porteros puestos por Dios

El Señor no dejará que un inmundo cruce por esa puerta. Es necesario antes ser bañados, pero no por agua, sino por la sangre del cordero [2]. Es necesario antes purificar nuestro ser, limpiarlo de la mancha del pecado que nos condenaba [3].

Dios no permitirá que un inmundo de pecado cruce por la puerta que nos da acceso a Su presencia. Jesús así lo dijo, cuando recalca que Dios no oye a los pecadores [4]. Es necesario el arrepentimiento de corazón de nuestra maldad, y dejar que Jesucristo viva dentro de nuestra vida y empecemos a ser nuevas criaturas [5].

Dios solo puede permitir que los santos crucen por las puertas de la salvación. Dentro encontraremos la justicia, la verdad, la misericordia, el poder. Dentro encontraremos a Dios mismo. Solo aquellos que hayan sido justificados por la sangre del Hijo de Dios, solo ellos le verán cara a cara.

b. Por ninguna vía

Por ninguna vía, por ningún atajo, por ningún esfuerzo humano será posible entrar por la puerta de la salvación, no sin el permiso de Dios. Nadie puede interceder por nosotros, nadie puede darnos el permiso para entrar, no podemos forzarla, no podemos violar Su seguridad [6]. 

Cada uno de nosotros seremos juzgados por Dios y Él, solo Él decidirá quienes pueden entrar a la vida eterna, pueden cruzar la puerta que nos lleve a Él.

II. Puertas de la muerte

Pero no solo está la puerta de la vida eterna, también está la puerta de la muerte (Salmos 9:13). Esta puerta no nos conduce a Dios, todo lo contrario, nos aleja de Él. Esta puerta es bien conocida por la humanidad [7], hemos estado al pendiente de ella por mucho tiempo.

Esta puerta la conocemos, hemos estado esperando en ella, viviendo en pecado, jugando con ella creyendo que podremos escapar cuando se abra. Pero nadie, sólo ha podido escapar de ella, nadie sin Dios ha podido salir con vida.

Es solo a través del poder del Señor, solo a través de Su amor eterno que podemos alejarnos de la puertas de la muerte y tener vida. Las puertas de la muerte nos alejan de Dios, nos encierran en un mundo de maldad, en un mundo de injusticias por doquier. No podemos jugar en esta puerta, no podemos pretender estar limpios si estamos en ella.

Solo el amor de Dios nos puede rescatar de este lugar de tormento, de este mundo de maldad [8]. El salmista lo decía, y le pedía a Dios que lo levantara de las puertas de la muerte para poder levantar alabanzas al Señor, quien nos libera.

III. Restaurados por Dios 

Dios es quien nos restaura. Lo que estaba roto, lo que estaba sucio, es lo que Dios toma para sí y lo limpia, lo restaura para que sea útil. Dios puede tomarnos en Sus manos poderosas y hacernos una herramienta útil en Su obra, un vaso para poder derramar dentro de nuestra vida de Su poderoso Espíritu [9].

Así como Jesús tomó la vida de unos pescadores y los convirtió en pescadores de hombres [10], los convirtió en personas que pasaban, y su sombra sanaba enfermos [11]. Los convirtió en predicadores que cuando abrían su boca miles de personas creían en el Señor.

Dios convierte a un Jovencito en el rey de Israel [12]. Dios usó a un tartamudo para hablar ante el faraón rey de Egipto para liberar a un pueblo que era esclavo [13]. Dios usó a una mujer que no podía tener hijos para levantar a un profeta que estuviera delante del Dios altísimo [14].

Dios puede usar a un hombre, a una mujer cualquiera que sea valiente para creer en Su poder. Dios puede usarte para Su propósito perfecto, solo es necesario poner toda nuestra fe en Él. Solo es necesario levantarnos de la puerta del pecado y pedirle que nos lleve a Su puerta.

IV. Las puertas de Dios están hechas para los verdaderos adoradores (Jeremías 7:2).

Dios busca que le adoren, pero quienes lo hagan deben hacerlo en espíritu y en verdad [15]. Las puertas de Dios están hechas para estos adoradores que se atrevan a servirle en todo lugar, en todo tiempo, ante cualquier circunstancia de la vida.

No es una puerta donde puede entrar el ocio, no, solo los verdaderos adoradores, aquellos que no solo lo son en el templo o cuando son vistos.

Los verdaderos adoradores adoran en el templo, pero también en la calle, en la oficina, en el hospital, en todo lugar. Los verdaderos adoradores son los que pueden entrar por la puerta de la salvación y acercarse a Dios y que Su alabanza suba a Su presencia como un perfume agradable.

Dios está dispuesto a llevarnos de las puertas de la muerte a puertas de bendición. Dios puede llevarnos y poner delante de nosotros puertas que nos lleven a la salud, a la felicidad, a la bendición, a la salvación.

Las puertas que Dios pone delante de nosotros lo hace porque nos ama, solo quiere que nos rindamos completamente a Él y nos alejemos del pecado para llevarnos de gloria en gloria y de victoria en victoria. Es algo que solo nuestro Dios puede hacer y quiere hacer en la vida de cada persona.

V. La puerta que Dios abre nadie la puede cerrar (Apocalipsis 3:8)

Dios nos abre la puerta que nos lleva a la vida eterna. Dios pone delante de nosotros la puerta que nos lleva a Su presencia, a un lugar donde no hay muerte, ni llanto, ni tristeza, ni dolor. Un lugar donde Él reina y está presente, un lugar donde se le adora para siempre. 

Dios pone la vida delante de nosotros, cuando guardamos Su palabra, eso es todo lo que Él nos pide. Dios quiere que seamos obedientes a Su palabra. Pero no una obediencia a medias, sino una obediencia completa.

Dios quiere que toda nuestra vida esté regida por la palabra del Señor. Que al levantarnos pensemos en nuestro Dios y tengamos Su palabra presente, que meditemos de día y de noche, que gobierne todo nuestro comportamiento, que vivamos por sus estatutos, así tendremos vida eterna.

Nadie puede cerrar una puerta que Dios haya abierto, si es puesta por Dios podrán venir enemigos, podrán venir tormentas, pero nosotros estaremos seguros dentro de Su presencia, cruzando la puerta de la bendición que Dios nos da.

Solo Dios puede abrirlas, solo Dios puede cerrarlas, pero ahora que hemos creído en Su amor Él la ha abierto para nosotros, para que entremos y gocemos de Su presencia por toda la eternidad.

Para concluir

El Señor quiere que todos procedan al arrepentimiento. Dios abre la puerta a través de Jesús para que podamos entrar a Su lugar santísimo y le adoremos en espíritu y en verdad. El Señor quiere que dejemos las puertas de la muerte, del pecado y que vengamos al conocimiento de la verdad de Su amor. 

Es a través de la fe en Jesucristo que podemos cruzar la puerta de la salvación, y por medio de esa fe tener acceso a Dios mismo y servirle con todo nuestro ser. El Señor quiere que cada persona venga a ese conocimiento, el Señor quiere que todos sean salvos [16].

Hay muchos que no quieren dejar Su puerta de pecado, la que los llevará a la perdición. Pero a los que hemos creído ahora tenemos puertas abiertas. Puertas puestas por Dios para bendecir nuestra vida de muchas maneras, pero principalmente con darnos la salvación de nuestra alma.

Lo que encontraremos en las puertas de Dios son solamente bendiciones. Encontraremos victoria, encontraremos en cada una de ellas el orden divino, encontraremos luz, encontraremos victoria en cada una de las puertas que Dios abre delante de nuestra vida. Puertas que nadie podrá cerrar y las atravesaremos cada una en el nombre del Señor para la gloria de Su nombre.

Entremos por Sus puertas, por Sus atrios con alabanza, vengamos delante de nuestro Dios siempre con una alabanza en nuestra boca, con un corazón que le adore, con una vida que le sirva y Él nos llevará de victoria en victoria por toda la eternidad.

[1] Juan 20:25-29
[2] Efesios 1:5-7
[3] 1 Juan 1:9
[4] Juan 9:31
[5] 2 Corintios 5:17
[6] Juan 14:6
[7] Mateo 7:13-14
[8] Juan 3:16
[9] Jeremías 18:6-10
[10] Mateo 4:18-20
[11] Hechos 5:15
[12] 1 Samuel 16:1-13
[13] Éxodo 4:10
[14] 1 Samuel: 19-20
[15] Juan 4:23-24
[16] 1 Timoteo 2:4

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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