Llamado al arrepentimiento

Predicas Cristianas

Prédica de Hoy: Llamado al arrepentimiento

Predicas Cristianas Texto Bíblico:Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo” (Isaías 1:16)

Introducción

La búsqueda de Dios por el corazón del hombre no cesa. El Señor nos recuerda constantemente que debemos ser santos porque Él es Santo [1]. En nuestra vida tenemos la oportunidad única de dejar de hacer lo malo y servir a Dios, el Señor nos llama y escuchamos ese llamado para venir a ser parte de Su redil [2]. Pero muchas veces la comodidad, los ataques del maligno o la influencia del mundo nos enfría en nuestra vivir con Dios.

El Señor no quiere que nadie se pierda [3], por eso envió al Espíritu Santo para que nos acompañara en esta vida nueva que tenemos en Dios desde el momento que le reconocimos como nuestro salvador. Dios también declara que no quiere personas frías o tibias [4], sino personas que estén en el fuego de su Espíritu. Por eso es necesario conocer nuestra relación con Dios, y regresar a ese primer amor con el Señor.

I. ¿Quién es Dios? (Génesis 1:1)

Existen muchos que dudan de la existencia del Señor. En Su palabra encontramos Sus hechos, pero un versículo poderoso nos deja ver que Dios es quien tiene el derecho de reclamar todas las cosas como suyas.

Dios no tiene comparación con nada, Él está sobre todas las cosas. El ser humano ha sido bendecido al ser esa creación de Dios que puede ser consciente de ella misma y de su creador. Somos conscientes de la existencia de Dios y podemos comunicarnos con Él y llegar al arrepentimiento.

a. El creador

En el principio existía Dios, nada más. Dios, con su infinita sabiduría creó al universo entero, todo lo que existe y que incluso hoy escapa de nuestro conocimiento. También creó esta tierra y a los seres que la habitamos. Dios puede reclamar todas las cosas y gobernar sobre ellas porque Él las ha creado como bien le pareció.

No hay nadie que pueda decirle a Dios que hacer o cómo hacerlo, pues toda la sabiduría le pertenece, todo el poder también. Así Dios se convierte en el que merece toda la gloria de todo el universo, y es digno de ser adorado.

b. El salvador

Pero el ser humano ha cometido algo que Dios no puede soportar, el pecado [5]. Desde el huerto del Edén el pecado entró en la humanidad, y eso nos dejó fuera del reino de Dios. Fuimos desobedientes a nuestro creador en algo que fue específico en declararnos. Por lo tanto solo queda juicio sobre nuestra cabeza si no llegamos al arrepentimiento.

Pero Dios en su infinito amor ha provisto una manera por la que podamos ser limpiados de nuestros pecados y así acercarnos a Él. Por medio del sacrificio de Cristo en la cruz podemos tener el perdón de nuestros pecados; el arrepentimiento nos conduce a obtener el regalo de Dios de la vida eterna [6].

Cristo es nuestro Salvador, quien murió en la cruz y derramó Su preciosa sangre para que por medio de ella podamos ser justificados ante Dios Padre. Cristo es nuestro salvador y es necesario que le reconozcamos como tal, que creamos en Él y que le confesemos con nuestra boca. Es necesario que tengamos un genuino arrepentimiento, y no solo de palabras y apariencias.

II. La rebelión del hombre (Isaías 1:2)

A pesar del sacrificio de Cristo en la cruz, muchos le rechazan, muchos no le aceptan como salvador y se pierden en sus delitos y pecados. Pero hay un hecho mucho más triste, y es que hay muchos que le han conocido y saben que sólo Él salva, pero por múltiples motivos se olvidan de lo que Dios ha hecho por ellos y se alejan.

Hay quienes se rebelan contra Dios, aún conociendo que Él es el creador, que sólo Él salva y que sin Él estamos perdidos. Muchos lo hacen por la presión del mundo, otros por la influencia del enemigo, otros por no ser valientes para santificarse para Dios. Lo cierto es que rebelarse contra Dios no trae nada bueno.

III. El castigo del pecado (Isaías 1:4-8)

El alejarse de Dios es motivo de su ira. Dios es bueno, pero no puede soportar el pecado. Dios ama al pecador pero aborrece el pecado y está dispuesto a castigarlo. Dios tiene preparado un lugar para el diablo y sus ángeles, un lugar de muerte eterna. Por eso el enemigo no quiere estar solo y busca cómo alejar de Dios a sus hijos.

Estos versículos en el primer capítulo de Isaías nos muestran lo que espera a alguien alejado de Dios. Sin Dios podemos solamente esperar enfermedad, destrucción de nuestra tierra, esclavitud y dolor. El hambre se apodera de las personas sin Dios y la esperanza no existe. Nada bueno le espera a aquel que deja al Señor.

Muchos tal vez piensen que nunca se llegará el día que deba pagar por sus actos, pero ciertamente el día del Señor viene y juzgará a todos por igual. Todos compareceremos ante el trono de Dios y Él, Juez Justo, determinará si le hemos sido fieles o si hemos pecado contra Él [7]. El día del castigo divino viene, cuando menos lo esperemos vendrá a juzgar al mundo, a juzgar al pecado y a los pecadores dar castigo.

IV. La misericordia de Dios (Isaías 1:9)

Pero aun en nuestra maldad, Dios sigue siendo bueno. El Señor continúa hablando con amor. El Señor no deja de anunciar que hay esperanza para el mundo. El Señor sigue esperando que volvamos a Él y tengamos paz para nuestra alma.

La misericordia de Dios es eterna y nos busca [8], nos llama al arrepentimiento de nuestros malos caminos, y a que regresemos a su redil, donde tendrá cuidado de nosotros y curará nuestras heridas [9].

Si Dios nos tiene con vida hasta este momento es porque tenemos esperanza. Dios nos regala esta maravillosa oportunidad de volver a Él, de humillarnos delante de su presencia y pedirle perdón por lo malos que hemos sido. Porque hemos sido malos delante de Dios, hemos hecho lo que no corresponde, hemos sido pecadores. Pero aún es tiempo de venir a Dios, reconocer nuestros pecados y recibir misericordia [10].

V. El consejo del Señor (Isaías 1:16-20)

En Su misericordia Dios nos aconseja, para que hagamos lo correcto. Así lo hizo con su pueblo Israel, dándoles la ley y diciéndoles los procedimientos para recibir perdón. Así lo hace ahora con nosotros, dándonos el regalo más grande que puede existir, la sangre de su hijo para perdonar nuestros pecados.

El Señor nos ha dejado Su palabra para que tengamos vida, para que conozcamos de Dios y cómo podemos alcanzar esa salvación que solo en Dios existe. Escuchemos el consejo de Dios, seamos obedientes en todas las cosas y entonces nos irá bien en todo.

a. Arrepentimiento

El Señor nos pide arrepentimiento. Al comprender que el pecado nos aleja de Dios, al saber que en Dios tenemos salvación por gracia, lo único que queda es humillarnos ante Dios y reconocer que no somos dignos, pero que gracias a ese amor eterno tenemos esa esperanza de vida. Dios nos pide el arrepentimiento; que nos arrepintamos de todas las veces que le hemos fallado, de todos los pecados que hemos cometido, para que por ese arrepentimiento venga el perdón de nuestros pecados.

b. Quitar el oprobio

Debemos quitar de nosotros todo aquello que nos aleja de Dios, debemos limpiarnos de toda maldad [11]. Si éramos idólatras debemos quitar los ídolos, debemos dejar de servir a aquello que no es Dios.

Dios es el único digno de ser adorado, por lo tanto todo aquello que nos aleja de Dios debe desaparecer. Jesús dijo palabras tan fuertes como si tu mano te es ocasión de caer es mejor quitarla de nosotros, porque es mejor entrar en el reino de Dios carente de todo pero estar ahí. Porque lo más importante es Dios, lo demás está en otro plano, en otra categoría, pero Dios y sus mandamientos deben ser primero en nuestra vida.

c. ArrepentimientoDejar de pecar

Jesús nos dice que no pequemos más. Si hemos recibido el perdón de Dios, un perdón que no merecíamos, debemos de agradecer y dejar de hacer lo malo. Pero no solo nos lo dice el Señor, sino que envió a su Espíritu para ayudarnos, para santificarnos, para fortalecernos, para no dejarnos caer en la tentación. Dios lo ha hecho todo perfecto y debemos servirle con amor.

Es momento de dejar el pecado, de santificar nuestra vida, de desechar todo aquello que nos aleja de Dios y vivir para Él. Que todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, estén enteramente dedicados en servir a nuestro Señor. No servir a la carne, no servir al mundo, porque no nos salvarán, el único que nos salva es Dios.

d. Hacer el bien

Además de dejar de hacer lo malo, Dios pide que hagamos el bien [12]. El bien es obedecer, buscar la paz con todos, el predicar este mensaje del reino. El bien es estar cerca de Dios y ser hijos fieles a Su palabra. Dios quiere que hagamos el bien.

e. Ser justos

La justicia es relativa en este mundo. Pero hay una justicia que de verdad lo es, es la justicia de Dios. El Señor no es parcial y conoce todas las cosas. Los seres humanos juzgamos según nos convenga o según conocemos, pero Dios sabe lo que es bueno y lo que no y nos lo indica. Dios quiere que seamos justos según Él lo ha dictado, porque Él es bueno y no pagará con mal el bien. El Señor es quien nos juzgará y podemos estar seguros que su juicio es verdadero.

f. Recibir misericordia

Si le somos fieles, si le obedecemos con todo nuestro ser, el Señor nos bendecirá con la vida eterna. Pero también con su protección en esta tierra, con su fortaleza, con su prosperidad, con su salud, con su felicidad en nuestra vida [13]. Dios nos ama y recompensa nuestra fidelidad. Es el deseo de Dios que estemos a cuentas con Él y que recibamos sus misericordias cada mañana.

Para concluir

Dios nos da la vida y tenemos esperanza de venir a Él arrepentidos de nuestros pecados y pidiendo que nos salve. No hay mejor momento para acercarse a Dios que ahora, no podemos regresar al pasado y el futuro lo desconocemos, pero este momento es un regalo de Dios para que seamos sus hijos fieles.

Es momento de estar a cuentas con Dios, de recibir su salvación, porque la necesitamos. Hemos pecado contra Dios, aceptemos el llamado del Señor, arrepintámonos de nuestros pecados y pidamos misericordia, Dios es fiel y justo para perdonarnos [14].

[1] Levítico 11:44; 19:2; 20:26; 21:8; 1 Pedro 1:15-16
[2] Juan 10:27
[3] 2 Pedro 3:9
[4] Apocalipsis 3:16
[5] Isaías 59:2
[6] Juan 3:16
[7] Apocalipsis 20:11-12
[8] Salmos 136
[9] 2 Crónicas 7:14
[10] Mateo 3:1-3
[11] Efesios 4:22
[12] Salmos 34:14; 37:3; Lucas 6:35; 2 Tesalonicenses 3:13
[13] Deuteronomio 28:1-25
[14] 1 Juan 1:9

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Un comentario

  1. MUY Cierto SIN santidad nadie podrá entrar al reino de los cielos necesitamos arrepentirnos de aquello que contamino el corazón gracias por su paciencia por seguirme compartiendo la palabra gracias por esta palabra pase un proceso difícil Dios me ha dado la victoria que Dios les siga bendiciendo