Predicas Cristianas

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz

En el primer día Dios creó la luz y separo la luz de las tinieblas, el segundo día Dios separo las aguas de la expansión, el tercer día separo las aguas de la tierra, el cuarto día creó la luna y el sol, el quinto día los peces y las aves, el sexto día creó Dios al hombre y a todos los animales, y en el séptimo día descanso.

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El relato de la creación es algo que todos siempre debemos mantener en mente, ya que de él descubrimos que Dios no es un Dios que hace las cosas desordenadamente y a lo loco. Sino que todo tiene un orden, un orden perfecto por un ser perfecto.

Como les dije previamente, en el relato de la creación existe un mensaje muy poderoso; en el relato de la creación, podemos encontrar las respuestas a muchos interrogatorios que el enemigo pone en nuestra mente. Digo esto porque como les he predicado en otras ocasiones, el diablo nos puede tentar, pero la decisión final de no hacer lo que desagrada a Dios descansa completamente en nosotros.

Pero a pesar de que a través de estudios bíblicos y predicas cristianas hemos escuchado este mensaje numerosas veces, con frecuencia los cristianos permitimos que el enemigo entre nuevamente en nuestra vida para causar caos en lo que Dios había ordenado.

En otras palabras, permitimos que la obra que Dios ha iniciado en nosotros, y que esta edificando en nuestra vida, sea destruida o interrumpida, y esto causa que volvamos a sentir el vació que Él había llenado. ¿Cómo podemos evitar que esto suceda?

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De la única manera que podemos evitar caer en semejante posición es a través de la palabra de Dios, porque la palabra de Dios es lo único que puede mantenernos firmes en nuestra visión [9].

La palabra de Dios nos revela lo que es de Dios, y lo que no es de Dios. Solo tenemos que prestar atención y podremos distinguir sin dificultad alguna. En muchas ocasiones nosotros nos desviamos, dejamos de escuchar la voz de Dios, dejamos de hacer Su voluntad. Pero solo con la palabra de Dios podremos recuperarnos de esto.

La palabra de Dios fue la que tomó control del desorden que existía en la tierra.

La palabra de Dios formó del vació y el desorden, un lugar precioso y lleno de vida. Dios no creó un lugar desolado, no creo un lugar sin orden, Dios creó el mundo con un propósito, creo a toda criatura con un propósito.

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Pero como he predicado, en muchas ocasiones nosotros vemos cosas suceder que nos dejan pensando; en muchas ocasiones oímos testimonios que nos dejan confundidos. ¿Son estas cosas de Dios? ¡Absolutamente no!

Si lo que hemos visto o escuchado nos deja confundidos, frustrados o causa que dudemos de Su poder y gloria, entonces podemos estar muy seguros que no es de Dios.

Si pensamos, hacemos, o actuamos de una manera que nos conduce a violar el orden que Dios ha creado, el orden que Dios ha establecido, entonces tenemos que reconocer que estamos en rebeldía. Y todo cristiano debe saber que la rebeldía tiene su pago [10].

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Como he predicado y enseñado en los estudios bíblicos, Dios no quiere que nos apartemos de Su presencia, Dios no quiere que vivamos en discordia. Dios quiere restaurarnos a una relación completa con Él.

A través de su palabra Dios nos habla cuando nuestras vidas se encuentran desordenadas y vacías; Él causara que del vació, que del caos, que del desorden algo nuevo sea formado. Dios causara que algo excelente suceda, Su poder, Su amor y Su palabra nos llenará.

Él hará con nosotros tal como hizo con la tierra en el principio, de la nada, de lo vació, pasaremos a ser criaturas nuevas [11]. Todo lo que tenemos que hacer es abrazar a Dios, todo lo que tenemos que hacer es permitir que la luz sea separada de las tinieblas.

Tristemente, esto es algo que muchos cristianos tienen gran dificultad hacer. Les digo esto porque las tinieblas, es decir la vanagloria, el ego, los celos, la rebeldía, el yo, y todas esas otras cosas que pueden y son consideradas como tinieblas, son cosas difíciles de combatir y superar cuando tratamos de hacerlo usando nuestra propia fuerza.

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La razón es porque estos son espíritus inmundos que han sido creados y fortificados en nuestra vida a través de los años, y han tomado potestad en nosotros. Y es por eso que tenemos que aprender a reconocerlos por lo que son; espíritus inmundos que solo sirven para causar confusión, división, desorden y rebeldía.

¿Podemos dejar todas estas cosas atrás y servir a Dios humildemente? ¿Podemos abrazar la luz y dejar las tinieblas? ¡Sí! Solo tenemos que permitir que la Palabra de Dios penetre en nuestro corazón, y que nos cree nuevos con Su poder y orden.

Dios quiere renovarnos, Dios quiere restaurarnos al nivel que tenemos que llegar para poder ser utilizados. Sin la presencia de Dios en nuestra vida, o si estamos en un estado de rebeldía, entonces estamos igual que la tierra en el principio.

Todos los cristianos, y todo ser humano estamos necesitados de dirección, necesitados del orden que solo Dios puede establecer. No permitamos que el enemigo tome posesión legal en nuestra vida, no permitamos que lo que Dios esta haciendo en nosotros sea detenido o impedido a causa de un demonio mentiroso.

Nuestro potencial, lo que Dios quiere y tiene en mente con cada uno de nosotros es mucho más de lo que nos podemos imaginar. Dios puede y quiere causar que nuestras tinieblas se conviertan en luz, y nuestros errores en victorias.

Para concluir. La Palabra nos dice: «…Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz…» Dios envió la luz al mundo, Dios envió a su hijo unigénito para que nunca más estuviésemos perdidos en las tinieblas. Existe un orden divino en este mundo, existe un potencial inmenso en cada uno de nosotros, pero tenemos que estar dispuestos para que Dios lo pueda cultivar.

Tenemos que reconocer esas cosas que en muchas ocasiones nos hacen tropezar. No permitamos que las cosas de este mundo, que los poderes de las tinieblas tomen autoridad en nuestra vida nuevamente.

Dios dijo “…Sea la luz; y fue la luz…”, dejemos que la luz sea reflejada en cada uno de nosotros, busquemos el orden de Dios y sirvámosle en obediencia.

[1] Isaías 55:8-9
[2] Hebreos 11:6
[3] Génesis 35:11; Jeremías 32:17, 27; Apocalipsis 19:6
[4] Salmos 139:7-12
[5] 1 Juan 3:20
[6] Filipenses 4:4-7
[7] 2 Corintios 11:14-15
[8] 1 Corintios 14:33
[9] Isaías 55:11
[10] Jeremías 2:19
[11] 2 Corintios 5:17

© 2014, José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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