Tierras Desconocidas

Dios tiene un propósito con nuestra vida, y Él nos revela este propósito a través de Su palabra.

Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios te habla. Dios le hablo a Jacob y Él nos habla a nosotros de igual manera, el que estemos aquí reunidos es gran prueba de esto. Pensemos en esto por un breve instante; ¿por qué estamos reunidos aquí?

Creo que hablo de parte de todos los que nos encontramos aquí, cuando digo que la razón por la que estamos aquí, es porque hemos recibido convicción de estar aquí. Estamos aquí porque sentimos en nuestro corazón la necesidad de alabar y bendecir el nombre de Dios.

Estamos aquí porque Dios nos a dado la misma visión; en otras palabras, hemos escuchado la voz de Dios y hemos dicho: «…Heme aquí…» Pero decirle a Dios heme aquí es una gran responsabilidad; es una responsabilidad porque nosotros no estamos llamados permanecer inmóviles, sino que estamos llamados a seguir las instrucciones de Dios. Y con frecuencia, las instrucciones de Dios nos conducen a áreas que están fuera de nuestra zona de confort. En otras palabras, nos conducen a tierras desconocidas. ¿Qué les quiero decir con esto?

Bueno, tierras desconocidas para nosotros pueden ser muchas cosas. Para aquellos que son tímidos como yo, pues entonces se les hace muy difícil hablarles a las personas del reino de Dios. ¿Quién puede creer que yo soy tímido?

Bueno, créanlo o no, yo era bien tímido. Pero cuando Jesucristo me toco, un cambio drástico sucedió en mí. Mi vida cambio drásticamente cuando me atreví a entrar en tierras desconocidas. Fue en este punto de mi vida, que a través de Su palabra, Jesucristo me hablo.

Fue en ese instante que el Señor me revelo lo que Él quería con mi vida. ¿Se pueden imaginar si no me hubiese atrevido? Si yo no me hubiese atrevido a entrar en tierras desconocidas, eso es, dejar atrás mi área de confort, entonces no estaríamos aquí en el día de hoy. Y solo Dios sabe dónde y que estaríamos haciendo.

Lo que nos sucede a todos es que tememos cambios, y a muy poco de nosotros nos gusta arriesgarnos. Todos tememos cosas nuevas y más que nada, tememos situaciones que nos lucen dañosas, arriesgadas o peligrosas, y esto nos conduce a que busquemos pretextos e inventemos excusas para no hacerlo.

Por ejemplo, una persona que nunca ha evangelizado no se siente cómoda haciéndolo, así que esta persona pondrá pretextos e inventara excusas para no hacerlo.

Una persona que normalmente no le gusta hablar de experiencias personales, tendrá gran dificultad dando testimonio de lo que Dios ha hecho en su vida, y pondrá pretextos e inventara excusas para no hacerlo.

La realidad es que el simbolismo de tierras desconocidas puede ser numeroso, ya que pueden representar una gran variedad de circunstancias, situaciones, y sentimientos personales; pero cuando confiamos en Dios, podemos conquistar todo obstáculo.

Cuando nos atrevemos, cuando confiamos en Dios, Él empieza a hablarnos. A través de Su palabra, Jesucristo comienza a enseñarnos el propósito que Dios tiene con nuestra vida. Ahora pregunto, ¿confías en Dios? ¿Qué es confiar en Dios? Confiar en Dios es no temer hacer lo que Su palabra nos revela. Confiar en Dios es entrar en nuevas tierras a pesar de lo difícil, arriesgado, o peligroso que pueda aparentar.

Dios sabe que el hombre tiende a confiar más en lo que puede ver y palpar que en lo invisible; Dios sabe que nosotros tememos lo nuevo o desconocido. Es por esta razón que Él nos promete algo muy importante. Él nos promete algo para que no temamos. Él nos ha dicho: «…no temas de descender á Egipto, porque yo te pondré allí en gran gente…»

No podemos temer lo que la gente pueda decir, no podemos temer lo que puedan hacer, no podemos temer a lo que pueda suceder. Tenemos que confiar que Él esta con nosotros [15], que Él nos protege, que Él nos guía y provee por nosotros.

No podemos permitir que las mentiras de Satanás nos causen temor. Después de todo, ¿a qué debemos temer si Dios esta con nosotros? ¿Debemos temer a lo que la gente pueda decir? NO.

Debemos temerle solo a Dios. Y me detengo aquí por un breve instante, para hacer una aclaración. Con lo que les he dicho, no quise decir ni implicar que le tengamos miedo a Dios.

Lo que les estoy diciendo, es que debemos temer que Dios se pueda alejar de nosotros. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque si no tememos que Dios se aparte de nosotros, y no hacemos Su voluntad, entonces no estaremos viviendo bajo la bendición, si no bajo la maldición.

¿Por qué bajo la maldición? Porque como todos nosotros hemos aprendido a través de predicaciones y estudios bíblicos, no se puede servir a dos amos a la misma vez.

La palabra de Dios es bien explícita en cuanto a esto y nos dice así: «…No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios…» (1 Corintios 10:21).

Escuchemos hoy la voz de Dios y prestemos atención a lo que nos dice. Él nos dice, Yo estaré contigo, Yo estoy encargado de todo. Yo soy Dios, y ustedes mis hijos. No teman, Yo les protegeré. Hagan mi voluntad, y Yo estaré con ustedes.

Esta es la convicción que los cristianos recibimos de Dios, los cristianos recibimos convicción de que lo que realmente importa, es que la voluntad del Padre se cumpla en nuestra vida, y que si la ignoramos existirá un precio a pagar [16].

Cuando buscamos hacer Su voluntad en nuestra vida, Él nos guía. En muchas ocasiones nosotros tratamos de hacer las cosas por nuestra voluntad, pero esto nunca nos funciona. También tratamos de aplicarle las leyes del hombre a Dios, pero esto tampoco funciona.

Nos llenamos de orgullo, y tratamos de servirle de esta u otra manera según nuestras ideas y opiniones, pero esto tampoco funciona. Lo único que funciona es confiar en Dios y sus promesas. Confiar que Él estará a nuestro lado, no obstante la circunstancia, dificultad, o situación.

Para concluir. Confiemos en Dios y hagamos Su voluntad. Confiemos que Dios, a través de Su palabra, nos guiara a través de toda situación, todo dolor, toda circunstancia. Tengamos Fe que Él esta encargado de todo.

Fortalezcamonos los unos a los otros, pero hagámoslo con la palabra de Dios. Entreguemosle a Jesucristo nuestras cargas, y permitamos que Él que se encargué de lo demás.

No temamos, Dios esta con nosotros. Entremos en nuestro Egipto confiando plenamente en Él. Avancemos hacia las tierras desconocidas sin temor, avancemos y hagamos Su voluntad.

Avancemos completamente confiados de que Él esta presente y nunca nos abandonara. Dios te dice hoy: “…Yo descenderé contigo…”

[1] Hebreos 11:6
[2] Romanos 8:14-16; 2 Timoteo 1:7-9
[3] Apocalipsis 21:7-8
[4] Juan 3:16
[5] Mateo 7:21
[6] Génesis 25:19-26
[7] Génesis 25:27-34
[8] Génesis 27:41-46
[9] Génesis 32:23-30
[10] Génesis 35:9-11
[11] Génesis 37:3-36
[12] Génesis 41:39-44
[13] Génesis 42:1-3
[14] Mateo 5:14-16; 28:19-20; Marcos 16:15-16
[15] Juan 14:15-17; 14:25-27; 16:6-8
[16] Lucas 11:2; 12:46-48; Juan 6:38

© 2014 José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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