Predicas Cristianas

Lo que nos contamina

Desviarse del camino recto

La Biblia nos dice que erramos cuando confiamos en nuestro propio entendimiento [5]. Y es muy cierto, porque somos humanos y podemos equivocarnos. Es aquí cuando debemos acatar los consejos y mandamientos de Dios para que no nos desviemos del camino de rectitud.

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Es cierto que es complicado, especialmente con tentaciones, pruebas y demás cosas. Pero ahí es cuando nosotros debemos estar firmes en nuestra decisión de seguir al Señor. Recordar todas sus promesas, lo que nos ha dado, su protección, y continuar, o regresar al camino.

Porque bien lo dice la Palabra que este camino no siempre es el más fácil de andar, aunque sí es el mejor y el que nos llevará a ser bendecidos, así evitar también que la contaminación espiritual llegue a nosotros [6]. 

Por lo que haya en nuestro corazón

Si bien, una persona puede leer la Biblia y congregarse con frecuencia. Pero esto no afectará en nada a su corazón, espiritualmente hablando, si no decide tomar todo lo que aprenda y aplicarlo a su vida. 

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De qué serviría predicar de amor si en nuestro diario vivir somos rencorosos. Qué sentido tiene profesar la honestidad si decimos mentiras, acudimos al chisme. Cómo podríamos hablarle al mundo de paz y amor si nos involucramos en pleitos, si tenemos pensamientos malos y constantemente hay malas palabras en nuestra boca.

De lo que haya en nuestro corazón, es lo que saldrá de nuestra boca [7].  Y es cierto, como se dijo hace un momento. Si en nuestro corazón tenemos rencor, odio, orgullo, tristeza, eso saldrá de nuestra boca. Esas son las palabras que destruirán a alguien, incluso a nosotros mismos.

Pero, al contrario, si alguien cultiva amor en su corazón, podrá dar palabras de aliento a los demás. Si nos dedicamos a llenarnos con bondad, alegría, perdón, eso será lo que hablemos a las personas. Y se notará que no hay contaminación en nuestra alma. 

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No somos perfectos

Aunque la Biblia menciona que somos hechos a imagen y semejanza de Dios, es cierto que ninguno de nosotros es perfecto. Y eso también es cierto, pero al Señor no le interesa si somos perfectos o no. Él quiere personas que estén dispuestas a renunciar a sus pecados, a sus errores y su pasado, con tal de seguirlo. 

Como aquel pasaje en el evangelio de Juan, cuando Jesús perdona a la mujer que iba a ser condenada por adulterio [8]. De hecho, eran las mismas personas que la iban a juzgar. Pero Jesús no lo hizo, aunque él era el único con autoridad de hacerlo. En cambio, decidió perdonar su pecado y la mandó para que no volviese a pecar.

Lo más bello de este versículo es que las personas que pretendían hacer justicia de forma indebida, fueron acusadas por su propia conciencia. Ellos sabían que también eran pecadores, al igual que aquella mujer que ya había sido perdonada por el único que podía haberla condenado.

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Conclusión

Contrario a lo que creyeron los fariseos, la verdadera contaminación del hombre es lo que sale de su boca, de su corazón. Y es necesario que reconozcamos nuestras faltas, nuestros errores y pecados. Porque sabemos que aquel que podía juzgar a la mujer adúltera, no lo hizo, disipó a sus acusadores y la perdonó.

¡Dios lo hará también con nosotros! Mientras nos dispongamos a cambiar nuestros hábitos. Retomemos el camino de la rectitud y que todo lo que sembremos y aquello que de nuestra boca salga, siempre sean palabras de bendición.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

[1] Marcos 7:1-23
[2] 1 Corintios 3:16
[3] Marcos 7:20-23
[4] Deuteronomio 5:17-19
[5] Proverbios 3:7
[6] Mateo 7:13-14
[7] Mateo 12:34
[8] Juan 7:4-11

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