Predicas Cristianas

Religión y religiosidad

c. Es murmuradora

Así como los fariseos descritos en la Biblia, las personas religiosas suelen ser murmuradoras. Si buscamos la definición de esta palabra, significa conversar en perjuicio de un ausente, censurando sus acciones. Es decir, con ciertos prejuicios o acusaciones en razón a lo que hace o hizo la persona de la cual están hablando. Por lo general. una murmuración hace referencia a cosas malas, bien sea emitiendo un juicio o una crítica.

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Entonces, entendemos que una persona murmuradora es aquella que dice cosas en ausencia de su prójimo. Esto es algo inaceptable, pues si siendo creyentes nuestro principal mandamiento es amar a nuestro hermano en la fe ¿por qué deberíamos hablar mal de alguien? La Biblia nuevamente condena a aquellos que hacen este tipo de cosas, Dios no ve con buenos ojos estas acciones (Salmos 101:5).

Es posible que en alguna ocasión hayamos murmurado contra alguien. Sin embargo, si estamos en tentación de hablar mal de nuestro prójimo, pensemos qué beneficio puede traer esto a nuestra vida o a la de esa persona. ¿Es esto provechoso para mi vida, es algo útil, Dios se agradaría de que yo hable de esta manera? Si la respuesta a alguna de esas preguntas es un rotundo no, entonces no tendremos motivos para hacerlo.

II. Seamos libres de religión y religiosidad

Jesús es el camino, la verdad y la vida. Si hemos visto que alguna de estas cosas las hemos hecho en algún momento, es tiempo de cambiar. Como indiqué antes, lo primero es pedir perdón a Dios, pues ninguna de estas cosas son agradables para Él. Además, atentamos contra la integridad y el buen nombre de algún hermano, lo cual tampoco es muy bueno desde un punto de vista ético.

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Es importante que identifiquemos nuestros errores y pecados. Reconozcamos que esto es algo indebido y lo que podemos hacer es pedir perdón. Lo que Dios quiere de nosotros es que siempre seamos portadores de la verdad, que meditemos en la Biblia todo el tiempo y esta sea lámpara a nuestro camino (Salmo 119:105).

Si somos personas religiosas, vamos a estar sesgados siempre por la murmuración, por el chisme, la mentira, la manipulación. Por el contrario, al entender que somos luz y debemos llevar la Palabra a todo el mundo, en nuestra boca llevaremos siempre palabras de bendición, de verdad y perdón para nuestro prójimo.

Conclusión

Ya que entendemos cómo es una persona religiosa y sabemos lo que esto puede causar, es necesario que reconozcamos si en algún momento hemos sido religiosos y cambiemos nuestro estilo de vida. Dios estará dispuesto a perdonarnos y él querrá lo mejor para nosotros.

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Que nuestro ejemplo de vida no sean los fariseos, ellos contendían con Jesús porque su pensamiento era distante a los preceptos que el Mesías había venido a enseñar a la tierra. Nuestro ejemplo a seguir debe ser Jesús, por su manera de hablar con palabras de verdad, su sinceridad y él fue quien exhortó a los fariseos precisamente por su religiosidad.

Si conoces a alguien que pueda ser religioso, ora por su vida, que Dios le muestre la verdad. Debes estar siempre dispuesto a enseñar, en caso que la persona también disponga su corazón para cambiar estos hábitos o esta manera de pensar. Como hijos de Dios, también debemos decir “heme aquí”, no solo para llevar la Palabra del Señor sino para recibir con humildad sus exhortaciones.

O, si por el contrario, tú eres esa persona que se encuentra en esta situación, el Señor siempre estará para enseñarnos y perdonar nuestros pecados, siempre y cuando lo hagamos de todo corazón. Dejemos a un lado la religiosidad y seamos personas conforme al corazón de Dios. Hermanos, la religión no salva.

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© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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