En paz me acostaré

  • Buena salud
  • Poder dormir tranquilamente
  • Soportar cargas ligeras ya que Cristo sostiene sus vidas
  • Sin temor del futuro
  • Sin tormentos del pasado
  • Libre de pensamientos que puedan perseguirte

III. ¿Cómo ser llenos de la paz del Señor? (Juan 16:33)

Para obtener la paz del Señor tenemos que confiar en Él. La paz como cualquier fruto del Espíritu Santo, se obtiene mediante la búsqueda y la relación con nuestro Padre [3].

Al tener una vida consagrada para el Señor, estos frutos deben ser procurados, y anhelados por todo creyente. No vienen solos, ningún ser humano puede otorgarlos ya que son un regalo divino, pensado por Dios para sus hijos.

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No me refiero con esto a que los frutos sean una recompensa por nuestras buenas obras. Es más bien parte de la misericordia del Señor que se manifiesta cuando reconocemos que necesitamos de un Padre, de un guía, de una dirección.

Al reconocer nuestra necesidad de Dios, al reconocerle y ponerle en el primer lugar de nuestra vida, entonces vendrán esos cambios maravillosos y sus frutos.

IV. Consecuencias de la falta de paz (Isaías 57:21)

Las problemáticas causadas por la falta de paz o tranquilidad son innumerables. Una persona sin este fruto vive en constante guerra. Afortunadamente nunca viví una situación de guerra.

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Pero viendo los antecedentes de la historia, podremos deducir la dificultad de los involucrados en esta masacre, como lo son estas disputas.

Las víctimas de los combates bélicos viven con constante temor a ser exterminados con violencia, a morir heridos o a ser torturados. Parece algo extremos, pero los pensamientos que persiguen a una persona sin paz son muy semejantes.

Miramos por todos lados, esperando el próximo ataque, vivimos heridos y con temor de otra herida. Estos pensamientos nos torturan constantemente.

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Una persona sin paz cae en picada hacia el estrés. Ya está demostrado que el estrés afecta negativamente a la salud. Su impacto es realmente abrumador.

Nos impide dormir con normalidad, nos limita en nuestra capacidad de pensar, nos limita físicamente, se nos cae el cabello y nos llenamos de amargura.

El estrés y las preocupaciones nos detienen. Nos atamos a la pesada idea del problema que puede ser real, pero lo alimentamos tanto que se convierte en algo incontrolable por nuestros propios méritos.

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Esto es reflejado en nuestra cara cansada, en nuestros estados de ánimo y sobre todo en nuestro humor ante cada circunstancia.

El efecto negativo puede verse reflejado de forma violenta si somos responsables de una familia, la necesidad de ser provisión a tu hogar, el salario no es suficiente, problemas en matrimonio, falta de tiempo, etc.

Todo esto puede generar una ruptura emocional, dañando así, a los seres que más nos importan por no poder darles lo que quisiéramos dar.

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