La sabiduría: instrumento dado por Dios

Prédica de Hoy: La sabiduría: instrumento dado por Dios

Por: José R. Hernández, Pastor
Ministerio El Nuevo Pacto, Hialeah, FL.

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Lucas 21:15

Introducción

En nuestro bosquejo bíblico: La sabiduría: su lugar en nuestra vida espiritual, pudimos distinguir dos sentidos de la expresión ‘sabiduría’. Uno de ellos, según vimos, entendía la sabiduría como una destreza intelectual; el otro, como una cualidad de cierto tipo de comportamiento.

A lo largo de ese bosquejo, nos concentramos especialmente en el segundo de estos dos sentidos.  Exploramos, por ejemplo, el rol de este tipo de sabiduría en nuestros actos y en nuestra relación con Dios.

Ahora centraremos nuestra atención en la sabiduría entendida como una cualidad del intelecto. Veremos que, aunque guarda ciertas diferencias con aquella encaminada a nutrir nuestra espiritualidad, proviene de Dios.

I. La sabiduría como don para gobernar

Si la Biblia nos ofrece un modelo de hombre que supo gobernar con sabiduría, ese fue, sin duda alguna, Salomón. El alcance de su sabiduría era tal que traspasaba las fronteras de su reino.

En efecto, forasteros de todos los confines del mundo acudían a su corte para oír su inigualable sabiduría. Sin embargo, no se trataba en absoluto de una sabiduría con un origen desconocido; nada más lejos de la verdad. La fuente indubitable de esa sabiduría era precisamente Dios (Cf. 1 Reyes 10:24).

Cierta historia relatada en el primer libro de los Reyes retrata la vasta sabiduría con la que Salomón procedía como rey. El relato nos dice que dos mujeres, que tenían por oficio la prostitución, se presentaron a su corte.

Sobrecogida, una de ellas dijo al rey que, estando con la otra mujer en la misma casa, había dado a luz. Continuó refiriendo que tres días después, la otra mujer, bajo el mismo techo, también había engendrado. Salvo ellas dos, advirtió, nadie más se encontraba entonces dentro de la morada.

Una noche, prosiguió ella, el hijo de la otra mujer murió, probablemente asfixiado, ya que ella, su madre, se había acostado encima de él. Muerto su hijo, la desconsolada madre, a la medianoche, se acercó a la otra mujer.

La vio durmiendo con su vástago, lo tomó y, en su lugar, puso el cuerpo del bebé fallecido. Al despertar, la presunta víctima del engaño, disponiéndose a amamantar a su criatura, se percató de que estaba muerto. Sin embargo, no tardó mucho en descubrir que el difunto niño no era en realidad su hijo.

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