Como todo cristiano fiel ha aprendido a través de estudios bíblicos, y predicaciones cristianas, todos seremos atacados por los poderes de las tinieblas. Y mientras más dedicados a la obra de Dios estemos, mayor serán los ataques, ya que nada le da más placer al enemigo que poder manchar el cristianismo. Es por esta razón que he repetido en numerosas predicaciones, que si no estamos siendo constantemente atacados, entonces algo no anda bien en nuestra vida.

Si no estamos siendo atacados, esto es una muy buena indicación que no estamos actuando y comportándonos según la palabra de Dios, sino que estamos actuando y comportándonos de manera para agradar al mundo. Pero ahora la pregunta que debemos hacernos es, ¿qué podemos hacer durante los ataques? Y quiero que noten que dije “durante los ataques” y no “por si nos atacan”.

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Bueno, lo primero que tenemos que hacer es reconocer que estamos en medio de una guerra [1]. La razón por la que digo que lo primero que tenemos que hacer es reconocer que estamos en medio de una guerra, es porque existen muchos que subestiman, o completamente ignoran lo que la biblia claramente nos enseña acerca de este tema.

Muchos ignoran o simplemente subestiman que nuestra lucha no es contra gobiernos y personas, sino que es “…contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes…”

Después de reconocer y aceptar que estamos en medio de una guerra, lo segundo que tenemos que hacer es desarrollar un plan de ataque. Es decir, necesitamos conocer las tácticas del enemigo, y esto es algo que se nos revela claramente en la biblia, y que aprendemos a través de la lectura de la palabra, las predicaciones, y los estudios bíblicos.

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La razón por la que digo esto es porque no creo que ningún gobierno o ejército haya ganado una guerra, o batalla, sin tener inteligencia acerca de su enemigo. Sin embargo, cuando se tiene un buen conocimiento del enemigo, entonces los ataques son coordinados y ejecutados de manera que producen la victoria. Y lo mismo se aplica a la vida de todo cristiano. Como cristianos tenemos que saber cómo enfrentar los ataques, y más importante de todo, obtener la victoria. ¿Cómo debemos y tenemos que confrontar los ataques del enemigo y obtener la victoria? Pasemos ahora a la palabra de Dios.

2 Crónicas 20:1-4Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra. 2 Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una gran multitud del otro lado del mar, y de Siria; y he aquí están en Hazezon-tamar, que es En-gadi. 3 Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. 4 Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que el Señor tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Primero de todo, ¿quién fue Josafat? Josafat fue el cuarto rey de Judá; él fue un hombre fiel a Dios, y trató de traer un avivamiento al pueblo de Dios [2]. Josafat obró para el Señor, y su celo en suprimir la adoración idólatra fue elogiado; él buscó que el pueblo restaurara su fe en Dios [3]. Durante su reinado, las cosas en Judá marchaban bien, y ellos se gozaban de las bendiciones de Dios.

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Pero como podemos apreciar en los versículos que estamos examinando hoy, la prosperidad de la que ellos gozaban ahora era amenazada por el ejército invasor que se aproximaba. Y este peligro fue algo que sorprendió, y agarró a Josafat desprevenido por completo, ya que en tiempos no muy distantes, las naciones que le rodeaban le temían, y no hacían guerra contra Judá [4]. Estos breves detalles nos conducen más o menos al punto en la historia que estamos examinando hoy.

Así que ahora concentrémonos en las acciones de Josafat. ¿Cómo reaccionó este hombre de Dios al verse en medio de esta grave situación? Bueno, como podemos apreciar, su primera reacción fue temer; la palabra nos dice que “él tuvo temor”. La realidad es que al confrontar situaciones estresantes el temor es una reacción completamente natural, y es una reacción experimentada por los más valientes del mundo, ya que el temor es un instinto protector. Pero lo que no podemos permitir es que el temor nos paralice en lugar, y que el terror o pánico se apodere de nosotros. Sino que tenemos que rápidamente reaccionar, y ejecutar el plan de ataque que tenemos formulado. ¿Qué hizo Josafat?

La palabra nos dice que él “…humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá…” Dile a la persona que tienes a tu lado: Josafat oró. ¿Cómo debemos y tenemos que reaccionar nosotros al encontrarnos en medio de un ataque? ¡Tenemos que orar! La oración es nuestra arma secreta; la oración es el arma más poderosa que existe en el universo, y es la única arma capaz de derrotar todo ataque del enemigo. ¿Por qué es la oración tan poderosa?

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La razón por la que la oración es tan poderosa es porque al orar estamos reconociendo, y confesándole al Padre que dependemos completamente de Él. Cuando oramos, le confesamos a Dios que reconocemos que nuestras fuerzas son inútiles, y que Él es el único capaz de salvarnos de la situación en la que nos encontramos. La oración es la que le prueba a Dios que tenemos fe, y que confiamos en Él.

Lamentablemente, hoy en día el hombre ha depositado su fe y confianza en sí mismo. Hoy en día el hombre ha escogido apartarse de la verdad de Dios por completo, y confiar en la espiritualidad humana.  Y esto es lo que ha dado lugar a que las sectas como la Cienciología, y otras religiones y doctrinas falsas crezcan. Pero, ¿qué nos dice Dios acerca de todo esto?

En Jeremías 17:5 encontramos que el Señor nos dice: “…Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová…” Así que cuando decidimos depositar nuestra confianza en nuestra fortaleza o las cosas del mundo, nunca alcanzaremos las bendiciones de Dios, sino que recibiremos maldiciones. Sin embargo, cuando nos mantenemos fieles a Dios, y guardamos Su palabra, el Señor nos dice: “…Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová…” (Jeremías 17:7).

Como podemos apreciar, existe una gran diferencia entre permanecer fiel a Dios, y apartarnos de Él. Existe una gran diferencia entre depositar nuestra confianza en nosotros mismos, que en Dios. Confiar en nuestras habilidades y fortaleza solo producirá maldición, mientras que depositar nuestra confianza en Dios producirá bendición, tras bendición, y esto fue lo que sucedió en el caso de Josafat.

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Como les dije, la primera reacción de Josafat fue asustarse, pero él reaccionó inmediatamente y acudió a Dios. Acudió al único capaz de salvarle de la situación en la que se encontraba [5]. ¿Qué sucedió entonces? Dios le contestó “…y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios…” (2 Crónicas 20:15). ¿Por qué recibió Josafat esta respuesta? Josafat recibió esta respuesta porque Dios escudriña el corazón y la mente de las personas [6], y Él vio que este hombre confió, y completamente dependió, de Su amor, misericordia, y poder.

Y ahora debemos examinarnos y preguntarnos, ¿qué hacemos nosotros en momentos de crisis? ¿A quién acudimos primero cuando se presentan situaciones difíciles en nuestra vida? Hermanos, algo que debemos tener muy presente en nuestra mente, es que el trabajo del enemigo es destruir la obra que Dios ha iniciado en nosotros.

Debemos tener muy presente que el trabajo del enemigo es matar nuestro espíritu, y robarse las bendiciones que Dios nos ha entregado, y desea entregarnos [7]. Y como él opera en las regiones celestes, en otras palabras, usa fuerzas sobrenaturales, entonces de la única manera que nosotros podemos defendernos es acudiendo al Señor en oración, ya que no existe principado o potestad mayor que Él [8].

La respuesta de Dios inmediatamente liberó al pueblo, y al rey de toda preocupación y/o angustia, y Dios desea entregarnos la misma respuesta a nosotros. Al igual que al rey Josafat, Dios desea entregarnos la victoria total sobre toda situación. Pero para recibir las promesas de Dios, tenemos que perseverar en cumplir Su palabra. Para recibir las promesas de Dios, tenemos que depositar toda nuestra confianza y fe en Él, que fue exactamente lo que hizo Josafat.