Yo no sé cuantos han tenido que contactar a una de esas empresas que usan computadoras para contestar los teléfonos, pero todos los que hemos sufrido por esta experiencia podemos decir que es algo frustrante. ¿Cuántos han pasado por esta experiencia? Llamas al número de teléfono que te indican, pero para hablar con una persona real, tienes que brincar por aros como un animal de circo. Marcas el número, y todo es, presiona el uno para esto, el dos para esto, el tres, para esto otro, y cuando marcas uno de los números, esto da inicio a un nuevo menú, donde debes seleccionar otras opciones. Esto es algo completamente desesperante, especialmente cuando lo único que deseabas era hacer una simple pregunta.

Así que entre una cosa y otra, dependiendo del tamaño de la empresa te puedes pasar varios minutos escuchando opciones. Presiona este número, presiona este otro, y cuando finalmente encontramos la opción que nos permite hablar con una persona, entonces escuchamos: todos los representantes están ocupados atendiendo a otros clientes, espere en línea, y su llamada será contestada en el orden que fue recibida. Y como todos sabemos, la espera nunca es corta, y la musiquita de fondo que te ponen es para arrancarte los pelos uno por uno.

Si no cometemos ningún error al seleccionar las opciones, después de quince minutos de tortura musical, finalmente somos conectados a un represéntate, que si no está frustrado nos ayuda con cortesía, y podemos resolver el asunto. Pero si cometiste un error al seleccionar las opciones, entonces te transfieren al departamento apropiado, y la espera comienza nuevamente. También están esos representantes que tratan a las personas groseramente, y lo único que causan es mayor frustración; y no se te ocurra pedir hablar con un supervisor, ya que esto solo producirá otros quince o veinte minutos de tortura musical, con anuncios de por medio que tratan de convencerte de cuan buena es la empresa a que llamaste.

Yo no sé ustedes, pero estas cosas a mi me frustran y me desesperan. Recientemente tuve que atravesar por eso que les he descrito, así que es por eso que deseo enfocar la predicación de hoy en la paciencia y la frustración. Y la razón principal por la que deseo explorar este tema es porque esperar en Dios es algo que en ocasiones causa que nos frustremos, ya que por naturaleza los seres humanos tendemos a ser impacientes. Pasemos ahora a la palabra de Dios para aprender acerca del tiempo de Dios.

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2 Pedro 3:8-10 – Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.

Como les dije hace un momento, por naturaleza los seres humanos somos impacientes, ¿verdad? A pesar de que algunos de nosotros somos más pacientes que otros, eventualmente llega el tiempo cuando se nos agota la paciencia. Y eventualmente llega el momento cuando no estamos dispuestos a esperar ni un segundo más, y es exactamente en ese entonces que nuestro nivel de tensión aumenta, y la ira toma control de quien somos. ¿Qué sucede entonces?

Lo que sucede comúnmente es que actuamos impulsivamente, y en casi toda ocasión esto no es algo que produce un buen resultado final. Ya que cuando actuamos impulsivamente, es decir, dominado por los sentimientos, tendemos a hacer y decir cosas que no haríamos o dijéramos normalmente. Y como todos bien sabemos, por mucho que pidamos perdón por una mala acción, lo hecho, hecho esta, y lo dicho, dicho esta, no hay manera de borrar las cosas. A pesar de que la herida que hemos causado con el tiempo sana, la cicatriz permanece para siempre. Y es exactamente por esto que en la palabra de Dios encontramos que se nos dice: “…Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad…” (Proverbios 16:32).

Pero no obstante este sabio consejo, la mayoría de los seres humanos somos guiados por los impulsos, más que por los sabios consejos encontrados en la palabra de Dios. ¿Por qué sucede esto? La razón principal por la que esto sucede es porque nosotros vivimos en medio de una sociedad apurada, una sociedad instantánea. Muy pocos hoy en día están dispuestos a esperar, todo tiene que ser corriendo, es como el titulo de esa canción de los Eagles, “Life in the fast Lane” (Vida en el carril rápido). Así es como vive el mundo; el mundo de hoy vive en el carril rápido, pero lo que sucede es que cuando se trata de aplicar este estilo de vida a las cosas de Dios, un gran problema surge. ¿Por qué surge un gran problema?

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La razón por la que digo que surge un gran problema es porque existe una gran diferencia entre el tiempo de Dios, y el tiempo del hombre. Permítanme expandir un poquito más en este punto para que entiendan bien lo que les digo. Digamos que ahora iniciamos a orar por algo, pero nuestra oración no es contestada, ¿qué sucede? Lo más común que sucede es que la persona comienza a descorazonarse, y el enemigo no pierde la oportunidad para plantar pensamientos negativos en nuestra mente.

Pensamientos que crean duda en nuestra mente de que Dios no está atento a nuestras oraciones. Y cuando entretenemos estos tipos de pensamientos, entonces le estamos permitiendo al enemigo que nos separe de la presencia de Dios. Ahora debemos preguntarnos, ¿contesta Dios todas nuestras oraciones? La respuesta a esta pregunta quizás deje a algunos de ustedes sorprendido. La realidad es que Dios no contesta todas nuestras oraciones, ya que en muchas ocasiones no pedimos lo que nos conviene, sino pedimos lo que pensamos que merecemos o queremos [1].

Dios escucha la oración de todo cristiano fiel, y nos concede aquello que esta dentro de Su voluntad, y que nos servirá de bendición [2]. Dios escucha y responde las oraciones de los cristianos fieles [3], pero Dios nunca concederá una oración que pueda producir el mal en nuestra vida.

Por ejemplo, ¿Cuántos aquí han deseado sacarse la lotería? ¿Se imaginan eso, sacarse 50 millones de dólares o más? ¡Tremendo, que bueno! ¿Verdad? Pero en la mayoría de los casos sucedería como el cubano que esta sentado en frente de su casa y le dice a su hijo: “Si mañana me saco la lotería, Paris, mujeres y champán. Y el hijito le pregunta: ¿y si no papi? A lo que él responde: “tu madre, cerveza y Hialeah”. La realidad es que si te sacaras la lotería lo menos que visitarías es la iglesia, Dios sabe muy bien esto [4], y creo que es por eso que todos aquí no nos hemos sacado la lotería. Pero que no nos hayamos sacado la lotería no significa que Dios no nos escucha; Dios nos escucha, pero el problema surge cuando tratamos de imponerle a Dios nuestro calendario. Pero de lo que debemos estar muy consientes es que el calendario de Dios y el nuestro, raramente coinciden. Y es exactamente debido a esto que la porción de la palabra de Dios que estamos estudiando nos dice: “…Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día…”