Predicas Cristianas

Paciente para con nosotros

Dios escucha y responde las oraciones de Su pueblo, pero esto es algo que sucede en el tiempo de Dios y no necesariamente en el nuestro. Pero como les mencione hace un breve momento, muchos cristianos se impacientan con Dios, y con frecuencia permiten que el enemigo invada sus mentes con pensamientos negativos y desalentadores; muchos llegan a pensar que Dios no esta atento a sus oraciones y que no responde. ¿Por qué existen tantos que son convencidos de que Dios no escucha las oraciones?

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Yo diría que una de las razones principales, por la que tantos llegan a pensar que Dios no les escucha, es porque es muy frustrante ver como aquellos que no le sirven aparentemente prosperan con rapidez, mientras que nosotros que guardamos Su palabra tal pareciera que no salimos adelante. Pero si este pensamiento ha cruzado tu mente alguna vez, repréndelo y échalo fuera de tu mente, y recuerda lo que Él te dice en su palabra en Salmos 37:7 cuando leemos: “…Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades…” ¿Qué les estoy diciendo con todo esto?

Lo que les estoy diciendo es que cuando a nuestra mente lleguen esos pensamientos negativos que nos frustran y/o nos causan que dudemos, tenemos que reconocerlos como lo que son, ataques del enemigo que tratan de separarnos de la presencia de Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado, Dios escucha las oraciones.

Continuando con nuestro estudio bíblico de hoy leemos: “…El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento…” Antes de proceder deseo aclarar algo; los versículos que estamos estudiando hoy están directamente relacionados al regreso de Jesucristo, pero como todo cristiano fiel sabe, la palabra de Dios es viva y más que capaz de contestar cualquier inquietud que podamos tener [5].

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Para el cristiano fiel, la palabra de Dios es su alimento, y lo que llena y ordena su vida. Y porque la palabra de Dios es la que nos fortalece y ayuda a vencer los ataques del enemigo, entonces podemos declarar con convicción que ella nos entrega la paz, e infunde la esperanza que tanto necesitamos [6]. Pero para poder recibir las promesas existe algo que tenemos que desarrollar; tenemos que desarrollar paciencia. Tenemos que aprender a esperar en Dios [7].

Ahora bien, sé muy bien que esperar en Dios en ocasiones es algo desesperante. Digo esto porque cuando se presentan esas dificultades y/o problemas que nos inquietan, tal pareciera que Dios se esta moviendo en cámara lenta. Pero lo que no podemos olvidar es que a pesar de lo difícil que una situación aparente ser, cuando confiamos y esperamos en Dios, aun esos momentos difíciles nos servirán para edificarnos y fortalecernos [8].

La realidad es que la impaciencia nos ciega para que no podamos ver la mano de Dios durante momentos difíciles. Como he repetido en numerosas ocasiones, el enemigo no desaprovechara ninguna oportunidad para tratar de separarnos de la presencia de Dios. Y él usará esos momentos de dificultad o tribulación para tratar de confundirnos, y separarnos de la presencia de Dios.

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Nuestro enemigo usara todo lo que este a su alcance para cumplir su propósito, incluyendo a nuestros mismos familiares, seres queridos, y hasta los mismos cristianos que quizás no estén muy firmes en la fe. Y si nosotros no estamos firmes en la palabra de Dios, y confiando en Él en todo momento, si no hemos aprendido a esperar en Él, entonces tarde o temprano caeremos del lugar de bendición que Él nos ha provisto. Sin embargo, cuando aprendemos a esperar en Dios y confiamos en su palabra, no solamente agradamos a Dios [9], sino que es entonces que recibiremos las ricas y abundantes bendiciones que Él desea entregarnos.

Reitero, esperar en Dios no es fácil. Dile a la persona que tienes a tu lado: no es fácil la cosa. Pero tenemos que aprender a esperar en Él, tenemos que desarrollar paciencia [10]. Y esto no es algo fácil, sino que lleva tiempo y dedicación a Dios. La realidad es que a la humanidad le encantaría que Dios fuese como una dispensadora de Coca-Cola. Nos encantaría poder llegar, depositar una moneda, seleccionar la bendición que deseamos, y recibirla inmediatamente, ¿verdad? Pero ahora preguntémonos, ¿qué si Dios tuviera nuestra impaciencia? Yo no sé ustedes, pero a diario yo le doy gracias a Dios por su infinita paciencia con la humanidad. Si Dios no tuviese una infinita paciencia, la humanidad se hubiese terminado ya hace mucho tiempo. Pero gloria a Dios que Él no lo ha querido así.

Dios desea que su creación sea salva, y es exactamente por eso que en los versículos que estamos estudiando hoy encontramos que se nos dice: “…El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas…” Pero ahora deseo que notemos que aquí se nos dice: “…el día del Señor vendrá como ladrón en la noche…” Reflexionemos en esto por un breve momento. Preguntémonos, ¿si el Señor regresará a la tierra en este mismo momento, estaríamos listos para partir con Él? ¿Nos hemos arrepentido genuinamente, y perseveramos en cumplir Su palabra? Estas son solo dos preguntas que nos fuerzan a reflexionar en nuestra vida, y nuestra condición espiritual.

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Para concluir. No permitas que el enemigo de las almas te separe de la presencia de Dios. No permitas que a través de la impaciencia y desánimo el enemigo de las almas te detenga de obtener la victoria que Dios desea entregarte.

Recuerda que el alimento que nutre y fortalece a todo cristiano es la palabra de Dios, así que fortalécete en ella. No dejes que el enemigo te mantenga abajo, levántate y lucha por la victoria que Dios desea entregarte. Las batallas pueden ser fuertes, las situaciones quizás aparenten invencibles, pero nunca te olvides que: “…la salvación de los justos es de Jehová, Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia…” (Salmos 37:39).

No permitamos ser influenciados por las adversidades que quizás nos rodean, sino que esperemos en Dios, recordando siempre que: “…los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán…» (Isaías 40:31).

[1] Santiago 4:2-3
[2] Jeremías 29:11; Mateo 7:8-12; Lucas 11:10-14
[3] Mateo 21:22; Juan 9:31
[4] 1 Timoteo 6:10
[5] Hebreos 4:12
[6] Romanos 5:1-2; 13
[7] Salmos 18:30
[8] Romanos 8:28
[9] Salmos 147:11
[10] 2 Tesalonicenses 3:5

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© 2015, José R. Hernández.

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