Como les dije el domingo pasado, los cristianos tenemos que entrar en acción. Las condiciones en el mundo son pésimas, y solo existe una esperanza, y su nombre es Jesús. Como fieles seguidores de Cristo, tenemos que dejar de ser personas conformistas, y convertirnos en obreros del reino de Dios. Tenemos que obrar como Dios desea y demanda de nosotros; tenemos que renovar nuestra mente para encontrar, y poner la voluntad de Dios en acción en nuestra vida [1]. ¿Cuántos desean poner en acción la voluntad de Dios en su vida aquí hoy? Claro esta en que esto es algo que todo creyente fiel anhela poder hacer, pero desdichadamente, en muchas ocasiones no lo logran. ¿Por qué existen tantos que no logran poner la voluntad de Dios en acción en su vida?

La razón principal por la que existen tantos cristianos, que no logran poner la voluntad de Dios en acción en su vida, es porque como les mencioné la semana pasada, cuando cumplimos la voluntad de Dios experimentaremos adversidades. En otras palabras, cuando permitimos ser guiados por la palabra de Dios y el Espíritu Santo, cuando no estamos dispuestos a comprometer nuestra fe en ningún momento, y nos paramos en oposición a la maldad que ha tomado raíz en el mundo, entonces iniciaremos a experimentar tribulaciones de nuestra fe. Iniciaremos a experimentar rechazo, desamor, críticas, etc. etc. Dejaremos de ser aceptados por muchos de los que nos rodean, y en ocasiones nos sentiremos aislados, y solos. Pero la realidad es que ningún cristiano fiel jamás esta solo, sino que estamos acompañados mejor que nadie; estamos acompañados por el Espíritu Santo [2]. Pero desafortunadamente, en muchas ocasiones el fuego del Espíritu Santo se ha apagado, o se esta apagando en la vida de muchos, y es exactamente por eso que existen tantos cristianos conformistas hoy en día.

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Ahora pregunto, ¿cuántos desean intensificar, o encender de nuevo el fuego del Espíritu Santo en sus vidas hoy? ¿Cuántos desean sentir el calor y ardor que la presencia del Espíritu Santo produce? No creo que exista una persona que no desee sentir el fuego del Espíritu Santo, y la presencia de Dios en su vida. Todos queremos ambas cosas, y nuestra respuesta es siempre positiva. Pero ahora pregunto, ¿estamos conscientes de lo que el ardor de ese fuego producirá en nuestra vida? Hoy deseo que analicemos lo que sucede cuando el fuego del Espíritu Santo se enciende y arde con intensidad en nuestra vida. Pasemos ahora a la palabra de Dios para explorar este tema con más detalle.

Hechos 28:1-6Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. 2 Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía, y del frío. 3 Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. 4 cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir. 5 Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. 6 Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; más habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios.

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Para lograr obtener un mejor entendimiento de lo que esta sucediendo en este instante en la historia, y del mensaje de hoy, tenemos que conocer un poco lo que había sucedido en la vida de Pablo antes de llegar a este punto. Cuando tomamos el tiempo de conocer un poco lo que le había sucedido a Pablo, entonces encontramos que en este punto de la historia él había sido arrestado, y estaba siendo transportado a Roma para ser juzgado por César. Pero antes de que esto sucediera, la muerte de Pablo estaba siendo planeada por los principales sacerdotes, y personas de influencia en el pueblo judío, quienes se presentaron ante el procurador de Judea, (Festo), para acusarle [3]. Pero a pesar de que estas personas pedían la sentencia de muerte para Pablo, ninguno de ellos pudo presentar una acusación que justificara dicha sentencia, y esto mismo fue lo que el procurador le reportó al rey Agripa [4].

Después de haber escuchado lo que el procurador le contó, entonces el rey Agripa mandó a buscar a Pablo para confirmar lo que Festo le había contado. Y la defensa y testimonio de Pablo fue tan impactante, que el mismo rey Agripa casi fue convencido a aceptar a Jesucristo como su Rey y Salvador. Esto es algo que queda muy bien declarado en Hechos 26:28 donde encontramos que la palabra de Dios nos dice: “…Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano…” La defensa y testimonio de Pablo fue tan impactante, que todos los que estaban reunidos para escucharle, llegaron a la conclusión que Pablo no había hecho nada que mereciera la sentencia de muerte, o ni tan siquiera el aprisionamiento; es más, si Pablo no hubiese apelado a César, el rey le hubiera puesto en libertad [5].

Pablo no había cometido crimen alguno, de lo único que Pablo era culpable era de testificar de Jesucristo y el reino de Dios. De lo único que Pablo era culpable era de no comprometer su fe bajo ninguna circunstancia, y de mantenerse fiel a Jesucristo y a la palabra de Dios, y hermanos, a pesar de lo que el mundo diga, esto no es un delito, sino que es nuestra obligación. Dile a la persona que tienes a tu lado: no comprometas tu fe.

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Bueno, después de ser escuchado por el rey Agripa, habiendo él encontrado que Pablo no había cometido nada que justificara su aprisionamiento, o la sentencia de muerte, el rey envío a Pablo a Roma para que fuese juzgado por César. Pero el viaje a Roma probó ser bastante difícil. El barco en que viajaba Pablo fue azotado por una fuerte tormenta que duro por varios días, la cual causo que todos en la embarcación perdieran la esperanza de salvarse [6]. Pero eventualmente la embarcación llego a Malta, y quedo encallada a una distancia de la costa. Así que ellos tuvieron que nadar por una distancia antes de llegar a la costa. Después de haber sufrido por todas estas cosas, todos estaban agotados, y con frío. La palabra de Dios nos relata que los nativos les recibieron muy bien, y les encendieron una fogata para que se calentasen. Es como nos dice la palabra de Dios aquí cuando leemos: “…Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. 2 Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía, y del frío…” Y es aquí donde comienza la lección de hoy.

En los versículos que estamos estudiando encontramos que se nos dice: “…Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano…” Esto es, como decimos con frecuencia, “lo que le puso la tapa al pomo”. Fíjense bien en lo que le había sucedido a Pablo hasta el momento. Pablo fue arrestado sin delito o razón, y las personas influénciales de su tiempo le pedían la cabeza solo porque testificaba de Cristo. Habiendo sido encontrado inocente de delito, el rey Agripa lo envía a Roma para ser juzgado por César, y la embarcación donde viajaba naufrago. Y ahora, el pobre hombre estaba tratando de calentarse un poco, “…y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano…” Pudiésemos decir que si no fuera por la mala suerte, Pablo no tendría suerte alguna. Pero la realidad es que lo que sucedió con Pablo no tenía nada que ver con suerte, sino con la voluntad de Dios.

Dios había escogido que Pablo fuese traído a César [7]. ¿Saben por qué? Pienso que la razón principal fue porque el aprisionamiento le permitió escribir varias de las epístolas (Efesios, Filipenses, Colosenses, y Filemón). A pesar de que algunos encuentren difícil de aceptar el encarcelamiento de Pablo, aún en esto encontramos un propósito en la voluntad de Dios. El propósito y voluntad de Dios fue empoderar a Pablo para que cambiara la vida de los creyentes en su tiempo, y en el nuestro, a través de estas escrituras que ahora conocemos como las epístolas de la prisión. Dile a la persona que tienes a tu lado: la voluntad de Dios no es fácil.

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