Hace un tiempo atrás leí una encuesta que le hicieron a varios pastores, y encontré algo bien interesante que deseo compartir con ustedes. Según la encuesta, el 70% de los pastores entrevistados piensan que no están suficientemente preparados para predicar. Por supuesto que también les hicieron varias otras preguntas, pero todos estos siervos de Dios expresaron que necesitaban estudiar mucho más de lo que ya habían estudiado. En otras palabras ellos se sentían inferiores.

La realidad es que en cuanto a ministrar la palabra de Dios, existen muchos que se consideran inferiores, y por ende no se atreven a hacerlo. Y esto es un grave problema, porque cuando nos sentimos inferiores, o pensamos que no valemos, entonces es bien fácil caer en un estado de depresión y por supuesto, cuando esto sucede, entonces no solo sufre la persona, sino que también sufre el ministerio que estamos desarrollando.

Reflexionando en lo que leí, les puedo decir que yo me pude identificar con ese grupo de pastores que se sentían de esa manera. No me malinterpreten, no estoy deprimido ni desalentado, pero si me puedo identificar con esos sentimientos porque la realidad es que existe mucho que aprender. A lo que quiero llegar, es que existen numerosos cristianos que no sirven a Dios eficazmente, debido a que no alcanzan ver su potencial. Esto no solo se limita a los pastores, esto es algo que se aplica a todo creyente. Es por eso que quiero que en el día de hoy examinemos un acontecimiento histórico que nos demostrará quiénes pueden ser utilizados por Dios.

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Jueces 3:7-10Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo ante los ojos de Jehová, y olvidaron a Jehová su Dios, y sirvieron a los baales y a las imágenes de Asera. 8 Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los vendió en manos de Cusan-risataim rey de Mesopotamia; y sirvieron los hijos de Israel a Cusan-risataim ocho años. 9 Entonces clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel y los libró; esto es, a Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb. 10 Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y juzgó a Israel, y salió a batalla, y Jehová entregó en su mano a Cusan-risataim rey de Siria, y prevaleció su mano contra Cusan-risataim.

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, es necesario que hagamos un repaso de historia. Antes de comenzar deseo que tengamos un mejor entendimiento del libro de Jueces. Al igual que los otros libros históricos de la Biblia, el libro de Jueces presenta los hechos históricos en una manera selectiva y temática. Los capítulos 17-21 actualmente preceden la mayor parte de los capítulos 3-16, pero estos capítulos aparecen al final del libro para ilustrar la condición moral que prevalecía durante este periodo. Les hago esta aclaración, para que no piensen que estoy brincando periodos históricos, cuando cite, o liste otros versículos y capítulos que usare en la predicación de hoy.

Cuando comenzamos a leer el libro de Jueces desde el inicio vemos que el pueblo de Israel finalmente había llegado a la Tierra Prometida [1]. Cuando ellos entraron a la Tierra Prometida bajo el liderazgo de Josué, el pueblo de Israel conquisto rápida y eficazmente los pueblos que existían, y la razón por la que lo pudieron hacerlo es porque ellos estaban unidos.

Después de la conquista de estos pueblos, la tierra fue dividida entre las doce tribus de Israel, y cada tribu era responsable de totalmente destruir a sus enemigos [2]. Pero ellos desobedecieron a Dios, y no destruyeron los pueblos que Dios les había indicado; y después de la muerte de Josué, cada tribu optó por hacer lo que más bien le parecía [3]. Bueno estos breves detalles nos conducen más o menos al punto en la historia que estaremos estudiando hoy.

Lo primero que leemos aquí es: “…Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo ante los ojos de Jehová, y olvidaron a Jehová su Dios, y sirvieron a los baales y a las imágenes de Asera…” Dile a la persona que tienes a tu lado: “…olvidaron a Jehová su Dios…” Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué hicieron ellos esto? Para obtener esta respuesta, tenemos que regresar a lo que Dios les había mandado que hicieran. Dios mando que ellos no formasen parte alguno de esos pueblos que habitaban esa tierra, Él mando que destruyeran a ese pueblo por completo, pero ellos desobedecieron y la consecuencia fue que Dios permitió que ese pueblo le sirviera de piedra de tropiezo [4].

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Haciendo un contraste entre el pueblo de Dios en ese entonces y el pueblo de Dios actual, podemos encontrar que no existe mucha diferencia entre ellos y muchos de nosotros. No se ofenda nadie, no estoy hablando de nadie en particular, pero hoy les traigo palabras fuertes; palabras con el propósito de redargüir, reprender, y enseñar [5]. Digo que muchos de nosotros no somos muy diferentes a ellos, porque muchos de nosotros aun practicamos la idolatría, muchos de nosotros continuamos sirviendo a dioses ajenos. ¿Cómo dice eso usted pastor?

En este capítulo que estamos examinado hoy vemos que el pueblo de Dios en ese entonces servía al dios baal, y veneraba las imágenes de Asera. Yo sé que ninguno de nosotros aquí hacemos tal cosa, sé que ninguno de nosotros aquí veneramos ninguna imagen o cosa semejante, pero si les digo que todavía existen muchos en el cuerpo de Cristo que practican la idolatría.

La razón por la que digo esto porque la idolatría no es necesariamente el venerar una estatua, la idolatría tiene muchos aspectos [6]. La realidad es que un ministerio, un don, o un talento pueden llegar a ser objeto de soberbia o idolatría, y esto puede llegar a romper hogares, romper relaciones con nuestros hijos, y producir deshonestidad.

Comprendamos que si para nosotros es más importante ganar unos dólares más envés de venir a la iglesia, lugar donde recibimos nuestro alimento cual es la palabra de Dios, entonces nuestro ídolo, el dios que servimos, es el dinero. Y es por esa razón que en numerosas predicaciones les he dicho que todos tenemos que examinarnos muy de cerca, y examinar nuestra relación con Dios.

Continuando con nuestro estudio leemos “…Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los vendió en manos de Cusan-risataim rey de Mesopotamia; y sirvieron los hijos de Israel a Cusan-risataim ocho años…” Dile a la persona que tienes a tu lado: “…la ira de Jehová se encendió…” Aquí vemos que el pueblo de Dios de ese entonces aprendió rápidamente que las malas relaciones afectaron su fe y su destino. Esto también es una gran realidad para nosotros, esto es un gran peligro para el pueblo de Dios hoy en día.

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Al no cumplir con lo que Dios les había mandado, ellos comenzaron a no encontrar la maldad en las situaciones, y terminaron aceptando y compartiendo en las cosas que Dios les había indicado que no hicieran. Esto es algo que queda muy bien reflejado en Jueces 3:5-6 cuando leemos: “…Así los hijos de Israel habitaban entre los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. 6 Y tomaron de sus hijas por mujeres, y dieron sus hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus dioses…”

Al igual que el pueblo de Israel, los cristianos hemos recibido mandatos de Dios, nosotros hemos recibido palabra de Dios, y se nos ha mandado a que no participemos en las cosas de este mundo [7]. Al igual que Dios mandó a que destruyeran por completo a sus enemigos, Dios nos llama a destruir las obras del enemigo que ocupan nuestra vida. Pero desafortunadamente existen muchos cristianos que no obedecen; muchos de nosotros continuamos relacionándonos con personas que de una manera u otra afectan nuestra fe negativamente. No tomen a mal lo que les acabo de decir; yo no estoy diciendo que solo podemos tener amigos cristianos; sin embargo, lo que si estoy diciendo es que el enemigo utilizará a cualquier persona o situación, para interrumpir, o completamente destruir la obra que Dios ha iniciado en nosotros. El enemigo utilizará a esas amistades y familiares, para que a nosotros llegue la tentación de faltarle a Dios.

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