Caminando en la verdad

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: Caminando en la verdad

Predicas Cristianas Texto Bíblico: 1 Juan 2:3-6

Introducción

Una gran realidad acerca de nuestra fe, es que cuando no estamos parados firmes en la verdad de Dios, las presiones e influencias externas, pueden fácilmente afectar nuestro caminar. Esto algo que no debería suceder, ya que la palabra de Dios es lo único que debe influenciar nuestra vida.

Sin embargo, con frecuencia encontramos que la fe de  muchos es afectada, debido a presiones sociales, e influencias externas, algo que les conduce a que su relación con Dios sea interrumpida y/o detenida por completo.  En otras palabras, como les dije en el mensaje de la semana pasada, existen muchos que pierden la visión.

Lamentablemente, con frecuencia un buen promedio de cristianos permiten ser afectados por la corriente de maldad y negatividad que corre por éste mundo, y el resultado final siempre es el mismo; dejan de caminar en la verdad de Dios y comienzan a andar por el camino de la perdición [1].  ¿Por qué sucede esto?

La razón principal por la que esto sucede, es porque el cristiano no se mantiene fiel a la palabra de Dios.  Como he dicho en otras ocasiones, la palabra de Dios es el mapa perfecto que nos guía a nuestro destino final.  La palabra de Dios es el mapa perfecto que nos guía a como establecer una relación genuina con Dios.

Pero lamentablemente, existen muchos que no permiten ser guiados por Dios, sino que piensan y/o están convencidos, de que no existe problema alguno en su relación con Dios, pero para todos aquellos que piensan de esta manera, les invito a que reflexionen en las palabras del apóstol Pablo cuando dijo: “…Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer…” (1 Corintios 10:12 Nueva Versión Internacional).

¿Qué podemos hacer para establecer una relación genuina con Dios?

Así que este el tema que estaremos explorando en el día de hoy es: ¿qué podemos hacer para establecer una relación genuina con Dios?  Hoy vamos a explorar unos versículos que nos revelaran tres pasos a seguir que nos ayudan a establecer una relación genuina con Dios, y a permanecer siempre en Sus caminos; pasemos ahora a la palabra de Dios para descubrir estos tres pasos.

1 Juan 2:3-6Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 5 pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

Lo primero que debemos saber es que aunque a ésta epístola no se le puede fijar una fecha exacta, se estima que fue escrita antes del 95 d.C, ya que en ella no encontramos ninguna referencia a la persecución de los cristianos que ocurrió hacia el final del reinado de Dominitio que fue del 81-96 d.C.

Lo segundo que debemos saber es que los eruditos de la palabra están de acuerdo en cuanto al autor, es decir que la epístola fue escrita por el apóstol Juan.  Esto es debido a que la evidencia interna respalda ésta creencia; es decir, la fraseología y el estilo de composición del escritor.

Lo tercereo que debemos conocer es que Juan escribo esta epístola debido a que la doctrina apostólica estaba siendo retada por la propagación de falsas enseñanzas.  Al igual que la segunda de Pedro y Judas, la primera epístola de Juan contiene un énfasis negativo y positivo.

La epístola desmiente la falsa doctrina, y alienta a los lectores a caminar en el conocimiento de la verdad.  Juan lista el criterio y características de una verdadera comunión con Dios, y enseña que aquellos que se atienen a Cristo pueden tener confianza y seguridad ante Él [2]. ¿Por qué es necesario saber estos detalles?

Es necesario estar conscientes de estos detalles, porque en ellos encontramos dos detalles que han plagado a la iglesia desde su comienzo.  Número uno; al igual que en ese entonces, hoy en día existen muchos falsos maestros y doctrinas que tergiversan y manipulan la palabra de Dios para su propia conveniencia, y esto causa que muchos se alejen de la verdad para seguir doctrinas y enseñanzas de hombres y no de Dios.

Número dos; estos pequeños detalles establecen la identidad del autor y la autoridad de las enseñanzas.  Esta epístola fue escrita por un verdadero apóstol, en otras palabras alguien que camino físicamente con Cristo, y no por alguien que se nombro apóstol como existen tantos en el mundo de hoy.  Así que manteniendo estos detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

I. Guardar sus mandamientos:

El primer paso que un creyente tiene que dar para lograr establecer una relación genuina con Dios, lo encontramos aquí cuando leemos: “…Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos...”  Las palabras claves aquí son: “…guardamos sus mandamientos…”. Digo que estas son las palabras claves porque la gran realidad es que nuestra relación con Dios, y nuestra salvación, son cosas muy individuales y personales.

Nosotros somos los que escogemos guardar, o romper los mandamientos de Dios.  Así que el primer paso a seguir para establecer y mantener una relación genuina con Dios, es guardar sus mandamientos [3].  En otras palabras, tenemos que aprender a caminar con el Espíritu Santo en todo momento, y tenemos que aprender a confiar en Su poder. Una vez que aprendemos a confiar en Su poder, una vez que aprendemos a mantenernos en contacto con Él, entonces encontraremos que Él nos enseñara como hacer las cosas, encontraremos que Él nos dirigirá en toda situación.

Una gran realidad es que en esta vida se presentaran situaciones difíciles por las que debemos atravesar, pero si NO nos dejamos guiar, si NO estamos atentos y escuchamos la voz de Dios, entonces no lograremos superar esas cosas victoriosamente.  Digo esto porque el Espíritu Santo es quien nos guía a como derrotar los impulsos de la carne; el Espíritu Santo es quien nos da convicción de nuestros pecados.

Esto es algo que queda muy bien declarado por el Señor en Juan 16:7-8 cuando leemos: “…Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. 8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio…”

¿Qué nos está diciendo el Señor con esto?  El Señor nos está diciendo que tenemos que guardar Su palabra, para que de nuestra vida desaparezcan todas esas cosas que desagradan a Dios.  El Señor nos está diciendo que tenemos que guardar Su palabra, porque como todos sabemos, Dios no habita en el pecado.

Fíjense bien como eso es algo que lo dice el salmista en Salmos 5:4 cuando leemos: “…Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti…”. Dile a la persona que tienes a tu lado: guarda la palabra de Dios.  Pero, ¿qué significa guardar la palabra de Dios?

La respuesta a esta pregunta es muy fácil; guardar la palabra de Dios significa que no podemos permitir que nada, ni nadie, se ponga de por medio entre nosotros y Dios, como he repetido en numerosas ocasiones, ¡primero Dios! Esto nos conduce al segundo paso a seguir.

II. Reconocer aquello que viene a interrumpir nuestra comunión con Dios:

El segundo paso que un cristiano tiene que dar para lograr establecer una relación genuina con Dios, lo encontramos aquí cuando leemos: “…El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él...”  Las palabras claves aquí son: “…no guarda sus mandamientos…”

La realidad de todo es que en éste mundo existen numerosas cosas que buscan distraer nuestra atención de Dios.  Nuestro enemigo es muy astuto, y una de las tácticas que empleara para tratar de distraer nuestra atención de Dios, es enviando a personas a nuestra vida, con el propósito de privarnos de la paz y gozo que el Señor nos entrega.

Nuestro enemigo enviara demonios mentirosos para mantenernos preocupados y atormentados, de esta manera desviándonos de la verdad de Dios.  Existe un dicho muy famoso que dice: “se puede llevar el caballo al agua, pero no lo puedes hacer beber;” y esto es una gran realidad para el cristiano.

Digo esto porque por mucho que nosotros queramos, ninguno de nosotros podemos obligar a una persona a establecer una relación genuina con Dios.  ¿Qué les he querido decir con todo esto?  Lo que les estoy diciendo con esto es que nosotros no podemos echarnos encima cruces ajenas.  Permítanme explicarme mejor.

En Mateo 16:24 encontramos que Jesús nos dice “…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.»  Como podemos ver aquí, Jesús nos deja saber que seguirle es algo muy personal e individual, fíjense bien que Él dijo: “…tome su cruz…”  ¿Qué nos esta diciendo el Señor con esto?

Primero de todo, recordemos lo que una cruz significaba en ese entonces.  Recordemos que una cruz era echa de unas grandes, y pesadas vigas de madera, y era donde el imperio romano ataba a los que ellos condenaban a morir. Recordemos que el Señor después de ser azotado y torturado, tuvo que cargar esa cruz por las calles de Jerusalén hasta Gólgota donde fue crucificado [4]. Así que lo que la cruz representa para nosotros hoy en día es algo torpe, pesado, difícil de controlar, y doloroso.  ¿Qué les estoy tratando de decir con todo esto?

Lo que les estoy diciendo, es que cada uno de nosotros tenemos nuestros propios problemas que tendremos que superar.  Todos tenemos nuestras propias cruces que cargar, y es por ésta misma razón que digo que nosotros no podemos echarnos encima cruces ajenas.  En otras palabras cargas que no nos pertenecen.  Antes de proceder deseo detenerme aquí y hacer una aclaración.  Quiero que quede bien claro, que no estoy diciendo que dejemos de preocuparnos o encargarnos de nuestros hermanos.

La palabra de Dios nos manda a ayudar a nuestros hermanos; esto es algo que encontramos claramente declarado en Romanos 15:1-3 cuando leemos: “…Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. 2 Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. 3 Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí…»  Así que no estoy diciendo que dejemos de ayudar, o que no nos ocupemos de nuestros hermanos.

Pero lo que sí estoy diciendo, es que tenemos que estar muy atentos para que lo que hagamos primero sea la voluntad de Dios, y segundo que lo que hagamos sea por verdaderos creyentes.  Tenemos que asegurarnos de que nuestra energía y labor, sean por aquellos que realmente buscan la verdad de Dios, y no por aquellos que la ignoran y pisotean; aquellos que solo sirven para distraer nuestra atención o interrumpir nuestra relación con Dios.

Pero, ¿cómo podemos diferenciar entre los que verdaderamente buscan de Dios y los charlatanes aprovechados?  La respuesta es fácil y la encontramos en las palabras del Señor en Mateo 7:20 cuando dijo: “…Así que, por sus frutos los conoceréis…”  Así que el segundo paso que un cristiano tiene que dar para establecer y mantener una relación genuina con Dios, es reconocer a los que vienen a interrumpir nuestra comunión con Dios.  Dile a la persona que tienes a tu lado: mantente atento.

III. Caminar siempre según la Palabra de Dios: 

El tercer paso que un cristiano tiene que dar para lograr establecer una relación genuina con Dios, lo encontramos aquí cuando leemos: “…pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.

Las palabras claves aquí son: “…el que guarda su palabra….”.  Como he dicho en numerosas ocasiones, el sustento y el apoyo de un verdadero creyente es la palabra de Dios.  No podemos caer en la trampa del enemigo, quien solo busca alejarnos de la presencia de Dios, sino que tenemos que permanecer firmes en Su palabra, y sacar de ella la fortaleza que necesitamos. Tenemos que siempre decir como encontramos en Salmos 73:26 “…Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre…”.

Tenemos que permanecer firmes en Su palabra y sacar de ella la fortaleza que necesitamos para conducir una vida que agrada, y honra a nuestro Padre celestial en todo momento [5].

En los versículos que estamos estudiando hoy vemos que el apóstol nos dice: “…El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo…”.  Esto aquí es de suma importancia. La realidad es que nuestro caminar está lleno de obstáculos y barreras.  Nuestro caminar está lleno de huecos y baches.

Existen obstáculos como el orgullo, la arrogancia, la vanagloria, la envidia, los celos [6].  Existen barreras como la ira, la contienda, la lascivia, y la lujuria [7].  En otras palabras existen numerosas cosas y emociones que buscan alejarnos de la voluntad de Dios, pero cuando perseveramos en caminar en la verdad de Dios, entonces estamos andando como Él desea que andemos.  Dile a la persona que tienes a tu lado: camina con Dios.

La realidad de todo es que Dios desea que andemos siempre en Sus caminos.  Esto es algo que queda bien claro en Hechos 3:19 cuando leemos: “…Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio…«

Siempre recordemos que nuestro Padre espera y demanda que actuemos diferentes al mundo [8].  Tenemos que dejar atrás esos impulsos y deseos infructuosos, y caminar siempre en la verdad de Dios.  Recordemos lo que encontramos en 1 Corintios 10:23 cuando leemos: “…Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica…”

Tenemos la libertad de hacer lo que nos plazca, pero recordemos como nos dijo el apóstol aquí, “no todo edifica”.  En otras palabras, no todo glorifica u honra a Dios.  Dile a la persona que tiene a tu lado: camina según la palabra de Dios.

Para concluir

Examinémonos, y revisemos bien donde estamos en el día de hoy en nuestro compromiso con Dios, y preguntémonos: ¿por qué venimos a la iglesia?

¿Venimos a la iglesia porque estamos buscando establecer y retener una relación genuina con Dios, o simplemente estamos buscando relacionarnos con otros creyentes?  Reflexionemos en nuestra vida y preguntémonos: ¿busco caminar con Dios, o busco que Dios camine conmigo?

En Marcos 1:15 el Señor nos dice: «…El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio…»  ¿Qué significa esto?

Esto significa que el hombre es quien tiene que cambiar para ser agradable a Dios; esto significa que el hombre es quien tiene que escoger aceptar y guardar la verdad de Dios.

Existen numerosas cosas en éste mundo que tratan de desviar al creyente, y también existen muchos que engañan a una gran porción de la humanidad con palabras suaves y elocuentes.

Lo hacen a través de mentiras o especulaciones, lo hacen al no predicar la palabra de Dios sin adulterar.  Lo hacen predicando un evangelio aguado, es decir, no completamente basado en la palabra de Dios. Y es por eso que nunca podemos olvidarnos de las palabras del apóstol Pablo encontradas en Gálatas 1:8-9 cuando leemos: “…Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema…”

Si genuinamente deseamos establecer y permanecer en una relación genuina con Dios, entonces tenemos que hacer tres cosas.

  • Lo primero que tenemos que hacer es permanecer en Su palabra; guardar sus mandamientos.
  • Segundo; tenemos que aprender a reconocer los que vienen a interrumpir nuestra comunión con Dios.
  • Tercero; tenemos que seguir los pasos de Jesús, y rendirnos completamente a la voluntad de Dios.

Si genuinamente deseamos establecer y retener una relación genuina con Dios, entonces tenemos que dejar de escuchar las filosofías y tradiciones del hombre, y solo regirnos por la verdad de Dios, y no las doctrinas de hombres inspiradas por demonios.

Ahora solo queda una pregunta: ¿en qué camino te encuentras?

[1] Mateo 7:14
[2] The Wilkinson and Boa Bible Handbook.
[3] Juan 14:15; 14:21; 15:10
[4] Juan 19
[5] Isaías 40:29-31; 41:10
[6] Filipenses 2:3
[7] 1 Corintios 6:9-10; Gálatas 5:19-21
[8] Santiago 4:4; Romanos 12:2

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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