El precio de seguirle

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: El precio de seguirle

Predicas Cristianas Texto Bíblico: Lucas 9:57-62

Introducción

Deseo iniciar el servicio haciendo una pregunta; ¿cuántos desean seguir al Señor? Claro esta en que todos aquí genuinamente deseamos seguir al Señor. ¿Por qué deseamos seguirle? Deseamos seguirle porque hemos escuchado la palabra de Dios, y el Espíritu Santo nos ha dado convicción de que Él es el único camino que existe para llegar a Dios [1].

¿Qué es lo que sucede entonces? Lo que sucede es que comenzamos a reunirnos en una iglesia o congregación, y nos acomodamos en pensar que con simplemente hacer esto, estamos cumpliendo con Dios y que seguimos al Señor. En otras palabras, llegamos a convencernos que con solo asistir a los servicios de la iglesia, estamos sirviendo a Dios. Pero aquí existe un gran peligro. ¿Por qué digo esto?

La razón por la que digo que existe un peligro en esa manera de pensar, es porque a pesar de que congregarnos para recibir palabra, y alabar y bendecir el nombre de Dios, es algo a lo que todos estamos llamados [2], esto solo y exclusivamente no es seguir a Cristo.

Como les mencione en la predicación de la semana pasada, y les he mencionado en numerosas otras ocasiones, seguir a Cristo es mucho más que simplemente declararlo, seguir a Cristo es ser hacedores de la palabra de Dios [3].

Si no somos hacedores de la palabra de Dios, entonces nos estamos engañando a nosotros mismos, ya que Dios no puede ser burlado [4]. Esto es algo que todo cristiano fiel conoce muy bien, pero desdichadamente muchos caen enredados en la trampa del enemigo, (religión: algo externo, aquello que consiste de ceremonias [5]), y nos convertimos en personas religiosas en vez de seguidores del Señor. ¿Por qué sucede esto?

Una de las razones más grande por la que tantos caen enredados en la trampa de la religión, es porque muchos no están dispuestos a pagar el precio de seguir al Señor. Todos estamos convencidos de que la salvación es un regalo de Dios, y claro esta en que si lo es [6], pero seguir a Cristo tiene un precio muy alto que muchos no están dispuestos a pagar. Quizá algunos estén pensando que lo que les digo no tiene sentido, pero les repito, genuinamente seguir a Cristo tiene un precio muy alto. ¿Qué precio tendremos que pagar? Pasemos ahora a la lectura de la palabra de Dios para descubrirlo.

Antecedente histórico

Ahora bien, en este punto de la historia el Señor era alguien bastante conocido, debido a sus enseñanzas, sanidades, y poderosas señales que había hecho. Y es exactamente por esa razón, que aquí vemos que estos tres hombres le dijeron que deseaban seguirle.

Y seguramente que estos hombres sentían la necesidad genuina de seguir y servir al Señor, (al igual que tantos cristianos en la actualidad). Sin embargo, estos tres hombres no se habían dado cuenta del alto precio que tendrían que pagar para seguir al Señor. ¿Qué precio tendrían que pagar? Examinemos ahora estos versículos más de cerca para descubrir el precio a pagar.

El precio de seguirle a pagar

Aquí vemos que la palabra de Dios nos dice: “…Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas…” ¿Qué vemos aquí? Lo que vemos aquí es a una persona, que al igual que todo cristiano sintió lo mismo que todos hemos sentido. Este hombre fue motivado a seguir al Señor debido a las enseñanzas, y a las buenas obras que el Señor hacía.

¿No es por esta razón que la mayoría de nosotros comenzamos a seguirle? Por supuesto que sí; nosotros comenzamos a seguirle porque en Él encontramos la paz y el descanso que tanto anhelábamos [7]; en Él descubrimos el significado del verdadero amor [8]. Dile a la persona que tienes a tu lado: gloria a Dios. ¿Qué hicimos entonces? Lo que hicimos es que al igual que este hombre, expresamos que le seguiremos, sin darnos cuenta del precio que tendremos que pagar.

El precio de seguirle – ¿Qué precio tendremos que pagar?

Fijémonos en la respuesta del Señor para contestar esta pregunta. Aquí vemos que el Señor le respondió diciendo: “…Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza…” ¿Qué le estaba diciendo el Señor con esto? Lo que el Señor le estaba diciendo con esto, y lo que nos dice a nosotros hoy en día, es que seguirle no es algo fácil.

No es algo fácil, porque seguir al Señor genuinamente significa que tendremos que abandonar nuestra comodidad. ¿Se recuerda alguien de la predicación de la semana pasada? Dile a la persona que tienes a tu lado: tenemos que abandonar nuestro Gilgal. ¿Qué les quiero decir con esto?

Lo que les quiero decir es que una vez que decidimos seguir al Señor, y tomamos en serio el privilegio que Dios nos ha encomendado [9], entonces no podemos descansar en el conocimiento que somos salvos y no obrar. ¿Se pueden imaginar lo que hubiese sucedido si los apóstoles y seguidores de Jesús hubiesen hecho esto?

Yo diría que si esto hubiese sucedido, seguramente ninguno de nosotros estuviésemos aquí, y el cristianismo no existiría. Y es por eso que digo que como fieles seguidores del Señor, tenemos que obrar. Como fieles seguidores de Jesús, tenemos que abandonar nuestra zona de seguridad y confort y predicar el evangelio de Jesucristo. Pero no solo predicar el evangelio, sino que como les dije previamente, tenemos que ser seguidores de la palabra de Dios.

Verdaderos seguidores de Cristo

Como verdaderos seguidores de Cristo, tenemos que ser imitadores de Él, tenemos que ser el ejemplo a seguir [10]. ¿Por qué es esto tan importante? La razón es simple; nuestras acciones y conducta hablan más que nuestras palabras, el Señor nos dice: “por sus frutos los conoceréis” [11], y esto es una gran realidad.

La realidad es que por mucho que hablemos, por mucho que prediquemos, por mucho que evangelicemos, si nuestra conducta y acciones no reflejan a Cristo, nadie nos escuchara. Y no solo no nos escucharan, sino que seremos usado para desacreditar el cristianismo, y esto es algo que todos podemos y tenemos que evitar que suceda.

¿Cómo podemos evitar que seamos usados para desacreditar la obra de Dios? Podemos lograrlo perseverando siempre en vivir como la palabra de Dios nos llama a vivir; como hijos obedientes tenemos que perseverar en la santidad [12].

El precio de seguirle – En camino a Jerusalén

En este momento en la historia, Jesucristo se encontraba en camino a Jerusalén, para cumplir con la misión que el Padre le había entregado. Y mientras en camino nunca dejó de obrar para engrandecer el reino de Dios. Y les digo en el día de hoy, que al igual que Jesús en ese instante, todo cristiano fiel esta en camino a Jerusalén, y algo que no podemos dejar de hacer es obrar para engrandecer el reino de Dios.

No es que estemos en camino a Jerusalén físico aquí en la tierra, pero si estamos en camino a “la nueva Jerusalén” [13]. ¿Cuántos desean llegar al lugar donde la presencia de Dios será todo lo que necesitamos? ¿Cuántos desean llegar a ese lugar donde no existirán los sufrimientos, las lágrimas, las enfermedades, y las preocupaciones? Todos lo deseamos, pero para llegar existe un precio alto que pagar.

Ilustración

Permítanme ilustrarles el punto que deseo hacerles de otra manera para que me entiendan bien. Cuando deseamos asistir a un evento, ya sea deportivo, conciertos, etc. A todos nosotros nos gusta obtener buenos asientos para mejor disfrutar del evento, ¿no es así?

Ahora, no sé cuántos de ustedes han visto cómo en ocasiones estos eventos son tan populares, que inmediatamente que se anuncia, las personas hacen grandes colas para comprar las taquillas. Y en ocasiones hasta duermen en la cola afuera de los estadios, con el fin de poder comprar las mejores taquillas. ¿Qué es lo que hacen estas personas?

Lo que hacen es dejar la comodidad y seguridad, para obtener lo que desean. Ahora permítanme hacer una pregunta, ¿si el mundo esta dispuesto a hacer estos tipos sacrificios para algo mundano, y no duradero, qué más no debe hacer un cristiano para alcanzar la eternidad con Dios?

El precio de seguirle – Negarnos a nosotros mismos

Hermanos, a pesar de que el precio que debemos pagar aparente costoso, ya que significa que tendremos que negarnos a nosotros mismos [14], pensemos en lo que estamos reservando. ¿Qué estamos reservando?

Hermanos, no estamos reservando un buen asiento, estamos reservando el privilegio de pasar la eternidad con nuestro Dios. Así que la primera parte de la lección de hoy, es que para servir a Dios correctamente, lo primero que tenemos que hacer es dejar nuestra comodidad y seguridad. Dile a la persona que tienes a tu lado: primero Dios.

Continuando con nuestro estudio vemos que cuando Jesús invito al segundo hombre a que le siguiera, él le contestó diciendo: “…Señor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre…» Ahora, si leemos esta sección sin tomar el tiempo de meditar en lo que hemos leído, la respuesta del Señor luce como algo muy frío y sin compasión, ya que el Señor le respondió diciendo: “…Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios…”

A primera vista, esto aparenta como que el Señor no estaba tomando en cuenta el sufrimiento de este hombre, debido a la pérdida de su padre. Pero esto no es verdad, ya que el Señor no es sin compasión.

La realidad es que cuando pensamos un poco en lo que sucedió en este instante, no es difícil concluir que si el padre de este hombre hubiese muerto, él no estaría junto al camino escuchando al Señor. Digo esto porque como hijo, este hombre era responsable de hacer las preparaciones necesarias para el funeral, el entierro, y el tiempo de luto (Shiva: un período de luto oficial de siete días por los muertos, que comienza inmediatamente después del funeral), algo que no podría coordinar o preparar lejos de su casa.

Con esto en mente, entonces podemos asumir, con cierto nivel de seguridad, que lo que este hombre le estaba dando a entender al Señor, no era que su padre estaba muerto, sino más bien que su padre era de edad avanzada, y que él quería permanecer a su lado hasta que muriera. Así que lo que sucedió aquí, es que el Señor se había dado cuenta que este hombre no estaba dispuesto a seguirle de inmediato.

Hermanos, este hombre al igual que muchos hoy en día, no se había dado cuenta de lo que el Señor le estaba diciendo, y lo que nos dice hoy a nosotros. Cuando el Señor le contestó diciendo: “…Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios…”.

Lo que Él le estaba diciendo, y lo que nos dice a nosotros hoy en día, es que las cosas de Dios tienen que ocupar la primera posición en nuestra vida [15]. Dile a la persona que tienes a tu lado: primero Dios. Lo que el Señor le estaba diciendo a este hombre, y lo que nos dice a nosotros hoy en día es que no existe nada más importante que seguirle a Él. Y la realidad es que lo que sucedió con este hombre, es algo que sucede con frecuencia hoy en día. ¿Por qué digo esto?

Lo digo porque cuando aceptamos al Señor, Él nos entrega el llamado, pero con frecuencia usamos excusas para no cumplirlo de inmediato. Con frecuencia se nos olvida, o simplemente ignoramos que no existe nada más importante que el reino de Dios. Así que dile a la persona que tienes a tu lado: “…ve, y anuncia el reino de Dios…”

Continuando con nuestro estudio encontramos a un hombre, que al igual que el primero, al escuchar al Señor dijo que le seguiría, pero nuevamente encontramos una excusa para no hacerlo de inmediato. Fíjense bien en lo que sucedió: “…Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios…”

Ahora pregunto, ¿cuántos se han dado cuenta del denominador en común que existe entre estos tres hombres? ¿Cuál es el denominador en común? El denominador en común es que los tres sintieron el deseo de seguirle, pero ninguno estaba dispuesto a dejar todo atrás, y seguirle de inmediato.

En este caso el hombre le pidió a Jesús un tiempo, y vemos que Él le contestó de manera abrupta; Él le dijo: “…Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios…” Pero aunque quizá muchos digan que esto es una declaración abrupta, hermanos, esto es una gran realidad.

Meditemos en la respuesta del Señor por un breve instante; meditemos en el ejemplo que el Señor usó para ilustrar su punto. Pregunto, ¿cuántos de ustedes han visto cómo se ara un terreno? Yo he visto como esto es hecho en numerosas ocasiones, y seguramente que muchos de ustedes, sino todos hemos visto esta labor en acción, o por lo menos hemos visto el producto final de esta labor.

Al final de todo el campo queda perfectamente dividido, y los surcos quedan derechitos y parejos unos al lado de otros. Ahora pensemos, ¿cómo se logra esta tarea? La respuesta es obvia; la persona a cargo de esta tarea, estaba conduciendo el tractor mirando siempre hacia adelante, asegurándose de manejar en línea recta.

Nuestro servicio a Dios tiene que ser de igual manera – El precio de seguirle

Como fieles cristianos no podemos concentrarnos en el pasado, sino que tenemos que caminar siempre hacia el futuro. Tenemos que fijar nuestra mirada en nuestro camino a la nueva Jerusalén. Como les predique no hace mucho tiempo atrás, el que camina con su cabeza volteada, tarde o temprano tropezara y caerá.

La realidad es que cuando nos ponemos a mirar hacia atrás, lo que estamos haciendo es abriéndole las puertas al enemigo para que entre en nuestra vida. Cuando nos ponemos a mirar hacia atrás, le estamos brindando la oportunidad al enemigo para que nos separe de las bendiciones que Dios nos ha entregado, y desea entregar.

Cuando nos ponemos a mirar hacia atrás, le damos la oportunidad al enemigo de acusarnos de lo que ya fuimos perdonados [16], y de tentarnos para desviarnos de los caminos de Dios. Y es por eso que les digo, que tenemos que dejar de prestar atención a nuestro pasado, y concentrarnos en nuestro futuro. Dile a la persona que tienes a tu lado: fija tu vista en Dios.

Para concluir

La lección principal que el Señor nos dejó aquí, es que servirle no es algo que podemos tomar levemente. Servirle correctamente, no es el simple hecho de asistir a la congregación una o dos veces por semana. Servir a Cristo no es calentar un banco o una silla en la iglesia, y de vez en cuando decir amén, aleluya. Servir a Cristo correctamente es negarnos a nosotros mismos, y darle prioridad a las cosas de Dios.

Lamentablemente las iglesias hoy en día están llenas de personas tal como estos tres hombres. Las iglesias hoy en día están llenas de personas que han sentido un genuino deseo de seguir a Cristo, y que han dicho “…Te seguiré…”, pero que al fin de todo no están dispuestos a pagar el precio de seguirle. Las iglesias hoy en día están llenas de personas que aman a Cristo, pero que continúan permitiendo que las cosas de este mundo los detengan de obrar como el Señor nos ha llamado.

La realidad es que ninguno somos merecedores de lo que el Señor ha hecho por nosotros, y no existe nada que podamos hacer, que tan siquiera se pueda acercar al precio que Él pago en la cruz por ti y por mí. Dile a la persona que tienes a tu lado: Cristo te ama.

Cristo nos ama, y Él quiere que su pueblo le sirva correctamente. El Señor nos ha llamado a seguirle, y a siempre permanecer a Su lado. Dios nos ha llamado a su servicio, y a pesar de que el precio que tendremos que pagar pueda aparentar costoso, pensemos lo que recibiremos a cambio.

Los dejo ahora con una pregunta: ¿estás dispuesto a pagar el precio?

[1] Juan 14:6
[2] Hebreos 10:24-25
[3] Santiago 1:22
[4] Gálatas 6:6-7
[5] Blue Letter Bible Lexicon – Strongs G2356
[6] Efesios 2:8-9
[7] Mateo 11:27-28
[8] Juan 3:16
[9] Mateo 28:18-20
[10] Efesios 5:1-2
[11] Mateo 7:15-20
[12] Levítico 20:7; 1 Pedro 1:14-16
[13] Apocalipsis 3:11-12
[14] Lucas 9:23
[15] Éxodo 20:3
[16] Isaías 43:25

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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