Una de las verdades acerca de la vida, es que toda persona, a diario es impulsada en diferentes direcciones. Meditemos en esto que les acabo de decir por un breve momento, para determinar si tengo la razón. Las personas tienen obligaciones en sus trabajos, y esto es algo que nos impulsa en una dirección, (el estrés del trabajo, compañeros, jefes, horas adicionales, etc. etc.).

Tenemos obligaciones en el hogar, y estas nos impulsan en otra dirección, (relaciones familiares, crianza de nuestros hijos, apoyo y ayuda a nuestro cónyuge, etc. etc.).

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También tenemos las obligaciones sociales, las cuales en numerosas ocasiones nos estimulan a darle menos valor a las obligaciones en el hogar, (reuniones sociales, intereses comunes, etc. etc.) Y por supuesto, no podemos olvidarnos de nuestra fe, y la iglesia, que nos impulsan en dirección completamente distinta que las que les acabo de mencionar.

Lo que sucede es que la combinación de estas cosas con frecuencia nos conducen a una vida llena de estrés, ya que como he mencionado en muchas ocasiones, a todos nos gustaría poder complacer a todo el mundo en todo tiempo, pero como bien sabemos, esa tarea es completamente imposible.

El problema que existe es que cuando la tensión y/o estrés producido por el mundo se acumula en nuestra vida, la fe de muchos tiende a debilitarse. Y esto es algo progresivo que si no cuidamos, pronto nos encontramos a la merced del diablo. ¿Qué les quiero decir con esto?

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Lo que les estoy diciendo es que si no tenemos cuidado, el estrés y tensión que el mundo produce es capaz de incapacitar nuestra fe. ¿Cuántos conocen a personas que no oran, que no asisten a la iglesia, y que se han dado por vencidos? Estas son personas que han permitido que la tensión producida por el mundo les incapacite espiritualmente. Personas que están tan incapacitadas, que ni tan siquiera pueden alzar sus ojos a Dios, en busca de respuestas y soluciones a sus necesidades.

Así que hoy deseo que meditemos en uno de los milagros del Señor, con el propósito de descubrir si nuestra fe ha sido, o esta siendo afectada e incapacitada por el mundo.

Lucas 13:10-17Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; 11 y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. 12 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. 13 Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. 14 Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. 15 Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? 16 Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo? 17 Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él.

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Cuando leemos estos versículos sin tomar el tiempo de meditar en ellos, y examinarlos detalladamente, lo único que lograremos entender es que son una descripción de uno de los milagros del Señor. Pero, cuando nos detenemos y meditamos en lo que la palabra de Dios nos describe, pronto descubrimos que en ellos existe un mensaje mucho más profundo que la simple descripción de un milagro. ¿Por qué digo esto?

La razón por la que digo esto es porque la incapacidad física de esta mujer, sirve muy bien para describir la condición espiritual de muchos cristianos hoy en día. Examinemos estos versículos con más detalle, para comprobar si lo que les estoy diciendo tiene sentido.

Lo primero que vemos es que aquí se nos dice: “…Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; 11 y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar…” En estos dos primeros versículos hay tres detalles que debemos mantener en mente, los cuales nos ayudarán a lograr un buen entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy.

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Número uno; esta mujer llevaba dieciocho años sufriendo de este padecimiento. Dile a la persona que tienes a tu lado: dieciocho años. Número dos; este padecimiento la tenia completamente deshabilitada; fíjense bien que aquí se nos dice: “…y en ninguna manera se podía enderezar…”

Ahora bien, a pesar de que las escrituras no dan detalles acerca del padecimiento de esta mujer, todos podemos confiadamente asumir que su padecimiento tenía que ver con la columna, ya que la pobre no se podía enderezar. Dile a la persona que tienes a tu lado: no se podía enderezar. Número tres; esta mujer amaba a Dios, como lo demuestra su presencia en la sinagoga. Dile a la persona sentada a tu lado: ella amaba a Dios. Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con la predicación de hoy.

Como le menciones hace un momento, la razón exacta de su padecimiento no es conocida; de lo único que podemos estar seguros es que: “…tenía espíritu de enfermedad…” Esta mujer sufría de una enfermedad física que la incapacitaba, pero les digo en el día de hoy que existen muchos cristianos que sufren de esta misma enfermedad. Ahora, no estoy hablando de una enfermedad física que nos encorva, como en el caso de esta mujer.

Sin embargo, hay muchos cristianos que andan completamente encorvados espiritualmente. Hay muchos cristianos que andan con una fe encorvada, o sin fe alguna, y demás está decir que esto es algo que desagrada a Dios por completo [1]. Ahora debemos preguntarnos, ¿Qué causa que tantos cristianos anden encorvados y deshabilitados espiritualmente?

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La realidad es que pueden existir, y existen diferentes razones por las que tantos pierden su fe, o sufren de fe encorvada, pero en el día de hoy vamos a examinar los tres espíritus más comunes responsables de afectar la fe de tantos cristianos. Pero antes de proceder deseo detenerme aquí para explicar algo. En el caso de esta mujer, el Señor nos dice que su padecimiento era debido a un espíritu inmundo, en otras palabras un poder demoniaco. Esto es algo que todos podemos ver claramente cuando el Señor les respondió diciendo: “…Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?..”

Ahora bien, cuando se habla de un espíritu inmundo o demoniaco, lo primero que llega a la mente de las personas son las imágenes de lo que han visto en las películas. En lo primero que piensan la mayoría de las personas es en un poder invisible que posee a una persona, y que les obliga a hacer cosas horribles. Pero esto es pura ficción, la palabra de Dios nos dice claramente que los poderes de las tinieblas no tienen dominio sobre nosotros. Esto es algo claramente declarado en 1 Juan 4:4 cuando leemos: “…Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo…”

A pesar de que la definición de la palabra “espíritu” incluye una fuerza maligna o demonio, la palabra también tiene otras definiciones. Estas definiciones son: “…temperamento o disposición de ánimo o perspectiva especialmente cuando vigorosa o animada; la parte inteligente o sensible inmaterial de una persona; la activación o principio esencial que influyen en una persona; una inclinación, impulso o tendencia específica…” [2]. Así que cuando me refiero a los espíritus, no me estoy refiriendo a una fuerzas malignas invisibles, sino me refiero al estado de ánimo, voluntad, e intenciones de la personas. Manteniendo esto en mente, continuemos ahora con el estudio de hoy.

Como les dije al inicio, la mayoría de nosotros, sino todos, conducimos una vida llena de estrés y tensión. Y es por esa razón digo que el primer espíritu que con frecuencia afecta a la fe de muchos es la ansiedad o tensión. Lo interesante acerca del estrés es que es algo que se va acumulando lentamente, hasta que finalmente explota como si fuera una bomba nuclear. Permítanme explicar esto que les acabo de decir.