Si se recuerdan, la semana pasada les predique acerca del peligro que existe para los cristianos. Y el mensaje principal de esa predicación fue, que como cristianos fieles, nosotros tenemos que comprobar todo lo que escuchamos, y/o se nos enseña con la palabra de Dios.  En otras palabras, no podemos confiar en el hombre, sino que tenemos que depositar todo nuestra confianza en Dios.

Durante esa predicación, también les dije que lo que ha sucedido es que muchos cristianos se han convertido haraganes. Es decir, personas que no están dispuestas a tomar el tiempo para comprobar las cosas con la palabra de Dios. Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué es que esto sucede con tanta frecuencia?

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Yo diría que la mayor razón por la que esto sucede tan frecuentemente, es porque muchos han perdido su primer amor. En otras palabras, ya no existe el mismo nivel de pasión que sentíamos cuando primero llegamos a los caminos del Señor. Y esta pérdida de amor, o enfriamiento de amor por la obra de Dios no es algo que sucede de un día para otro, sino que es algo que sucede gradualmente; es más, sucede tan gradualmente que cuando venimos a ver, nos encontramos completamente apartados de la presencia de Dios. Así que ahora debemos preguntarnos, ¿qué debemos y tenemos que hacer para recuperar ese primer amor?

Entre muchas de las cosas que necesitamos hacer para recuperar, y/o fortalecer el primer amor, es constantemente hacer memoria de donde Dios nos ha sacado. Así que este será el tema principal de la predicación de hoy. ¿Por qué deseo enfocar este tema en el día de hoy?

Deseo enfocar el tema de recordar en el día de hoy, porque la triste realidad es que con frecuencia a muchos nos falla la memoria; se nos olvida lo que la palabra de Dios nos enseña. ¿Por qué sucede esto?

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Esto es algo que puede suceder, porque no le damos el merito o importancia que los mensajes puedan tener; pero en la mayoría de los casos, es algo que sucede porque no prestamos atención a lo que escuchamos (esa predicación no es para mí).

Pero como fieles creyentes no podemos permitir que nuestra memoria sea borrada o influenciada, así que pasemos ahora a la lectura de la palabra del día de hoy la cuál nos demostrara la importancia de recordar.

Apocalipsis 3:1-6Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. 2 Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. 3 Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. 4 Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. 5 El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. 6 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

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Como acostumbro a decir para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Así que conozcamos ahora un poco mejor a la iglesia en Sardis.  Sardis estaba a unos 80 km. al oriente de Esmirna y unos 50 km. sudeste de Tiatira.

Sardis fue la primera ciudad en ésta parte del mundo que se convirtió al cristianismo debido a las predicas de Juan. Era una ciudad rica, y la mayoría de la población practicaba la adoración pagana, con sus sectas misteriosas y sociedades religiosas secretas. Su gente era idólatra y adoraban a la diosa madre Cibeles, y es por eso que vemos que el Señor les hace ésta advertencia tan fuerte.

Como podemos ver claramente ilustrada en la advertencia del Señor, ellos habían desarrollado muy mala memoria; en otras palabras se habían olvidado de lo que significaba el evangelio, y habían dejado de crecer y de dar fruto [1].  ¿Por qué debemos saber estos breves detalles?

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Debemos estar conscientes de estos detalles, porque en ellos encontramos muy bien reflejada la actitud de muchos que se llaman cristianos hoy en día. Existen muchos que proclaman haberse convertido por el evangelio, pero que al igual que algunos de la población de esa ciudad, continúan en prácticas que no son agradables a Dios.  Así que manteniendo estos detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy, para descubrir el significado de éste mensaje para nosotros.

Lo primero que encontramos aquí es que el Señor dice: “…Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto…”.  Esto aquí es algo que le habla al pueblo de Dios de hoy tan fuerte como al pueblo de Dios de ese entonces.  Digo esto porque cuando analizamos detalladamente las palabras del Señor, no es difícil discernir que al igual que el pueblo de Dios de ese entonces, nosotros tenemos un nombre que nos identifica con la vida eterna.

A pesar de que todos aquí tenemos un nombre diferente, todos aquí tenemos un apellido que significa vida.  El apellido principal de toda persona aquí es: “Cristiano”.  Y es por ésta misma razón que nosotros tenemos que prestar mucha atención a ésta advertencia; prestar atención porque con frecuencia muchos dejan de hacer la voluntad de Dios; con frecuencia muchos dejan de cumplir Su propósito.  ¿Por qué sucede esto?

La razón más común por lo que esto sucede es porque nos falla la memoria.  Es por eso que les digo que algo que todos debemos, y tenemos que hacer en el día de hoy es analizar nuestra vida, y determinar si en la actualidad hemos caído en el mismo plano que cayo la iglesia en Sardis.

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Ellos proclamaban ser seguidores de Cristo, ellos llevaban el nombre que significa vida, pero algo muy mal estaba sucediendo.  ¿Qué estaba sucediendo? Lo que estaba sucediendo es que ellos se habían convertido en  oidores de la Palabra, y no hacedores de ella.  Éste es un problema que todavía existe, y se ve con frecuencia en el pueblo de Dios de hoy.

Pensemos en esto por un momento para determinar si lo que les digo tiene sentido.  Nosotros no estamos llamados a vivir en contiendas, no estamos llamados a causar sufrimiento, pero en muchas ocasiones esto mismo es lo que causamos.  Con frecuencia permitimos que los impulsos, y/o debilidades de la carne, nos conduzcan a comportarnos de manera contraria a la voluntad de Dios.  Con frecuencia permitimos que la arrogancia, soberbia, y vanagloria dominen nuestro carácter, lo que en toda ocasión causa que hagamos sufrir a aquellos que nos rodean y aman.

En otras palabras estamos tan llenos de nosotros mismos que no existe espacio para Dios.  Es como encontramos en Salmos 10:4 cuando leemos: “…El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos…”.  Pero nosotros estamos llamados a conducir una vida en santidad; estamos llamados a ser imitadores de Jesucristo en todo momento [2]. Pero lamentablemente, con frecuencia ni tan siquiera nos acercamos al blanco.

¿Por qué no nos acercamos al blanco?  Porque se nos ha olvidado a lo que fuimos llamados, o porque simplemente hemos escogido ignorar todo lo que Dios nos revela a través de Su palabra.  Así que nunca se nos puede olvidar lo que Él nos dice aquí: “…Yo conozco tus obras…”. Dile a la persona que tienes a tu lado: Él conoce tus obras.

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios…”. Esto aquí es una tremenda advertencia al pueblo de Dios hoy en día.  Digo esto porque la vida espiritual de muchos está en peligro; la vida espiritual de muchos está a punto de morir debido a la influencia negativa y maligna que ejerce éste mundo.  ¿Por qué nos dice aquí el Señor “Sé vigilante”?

El Señor nos dice esto porque cuando dejamos de velar, o nos despreocupamos de nuestra actitud, cuando dejamos de velar o nos despreocupamos de cómo actuamos y hablamos, entonces nuestra vida espiritual puede ser influenciada a sufrir y hasta morir.  Pero estas son cosas que no solo serán responsables de causar que nuestra vida espiritual sufra o muera, sino que también pueden causar que la vida espiritual de aquellos que nos rodean también sea afectada.