Predicas Cristianas

Acuérdate de lo que has recibido

Digo esto porque la gran realidad, (especialmente si estamos desarrollando un papel de liderazgo ya sea en la familia o en la iglesia), es que nuestra actitud y manera de comportarnos puede causar que las personas que nos rodean se aparten de los caminos de Dios; pero si esto sucede la sangre de esa persona caerá en nuestras manos.

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Hermanos, si por nuestra culpa o influencia una persona se aleja de los caminos de Dios, entonces seremos culpable de un homicidio espiritual [3]. Así que como fieles creyentes tenemos que examinarnos profundamente y hacer lo que nos dice la palabra de Dios aquí cuando leemos: “…afirma las otras cosas que están para morir...”.  En otras palabras tenemos que descubrir esas cosas que están a punto de producir una muerte espiritual en nuestra vida, y tenemos que fortalecernos en Cristo Jesús.  Dile a la persona que tienes tu lado: examínate.

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete…».  Aquí encontramos el punto principal que el Señor desea traer a nuestra atención.  Él nos llama a que recordemos todo lo que hemos recibido; Él nos llama a que recordemos de donde fuimos sacados; Él nos llama a que nos recordemos de las bendiciones que Él ha derramado en nuestra vida.  Él quiere que nos recordemos de Sus enseñanzas; Él quiere que recordemos Su palabra en todo momento.

El llamado a recordar es de suma importancia, ya que cuando hacemos memoria de como Él se ha glorificado en nuestra vida, y cuando nos acordamos de Su santa palabra, entonces se nos hará mas fácil deshacernos de actitudes que no agradan a Dios.  Se nos hará más fácil deshacernos de todas esas cosas mundanas que afectan nuestro caminar cristiano [4].  Se nos hará más fácil deshacernos de todas esas cosas que lentamente están envenenando nuestra vida espiritual. ¿Como podemos deshacernos de todas esas cosas que nos envenenan?  Existen tres pasos a seguir.

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Número uno; tenemos que reconocer que ninguno de nosotros somos perfectos [5]. Tenemos que reconocer que por muy bueno que pensamos que somos, todos caemos corto de la gloria de Dios.  Esto quiere decir que tiene que existir la comprensión y el perdón en nuestra vida.

Solo existe una forma de obtener la gloria de Dios en nuestra vida, y esto es a través de Su gracia [6].  Así que tenemos que reconocer que ninguno de nosotros somos perfectos, para permitir que Su gracia obre en nosotros. Si no, entonces no hubiésemos tenido necesidad del sacrificio del Señor.

Número dos; tenemos que acordarnos de las palabras de sabiduría que recibimos a través de los mensajes, acordarnos de lo que hemos recibido.  Fíjense bien en lo que encontramos en Hebreos 13:7-8 cuando leemos: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. 8 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.”

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Número tres; tenemos que reconocer nuestras faltas y errores y arrepentirnos.  No podemos continuar haciendo excusas, o buscando motivos por lo que nos sucede; tenemos que asumir la responsabilidad que nos pertenece.  Nosotros no podemos ser forzados a pecar, cuando pecamos es porque hemos sido seducidos por las cosas de éste mundo [7].

Así que aquí tenemos tres pasos muy importantes a seguir; tres pasos que nos fuerzan a mantenernos completamente alerta en todo momento.  Tres pasos que nos fuerzan a vigilarnos a nosotros mismos, porque de no hacer esto, entonces no estaremos listos para Su regreso.

Si no tomamos estos pasos entonces le será muy fácil al enemigo regresar a nuestra vida. Le será muy fácil al enemigo derrumbar lo que Dios ha edificado, o esta edificando en nosotros.  Dile a la persona que tienes a tu lado: acuérdate de lo que has recibido.

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Continuando con nuestro estudio leemos: “…Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti…».  Esto aquí es un llamado a todo cristiano a que despertemos, y estemos alerta en todo momento. El Señor hace éste llamado porque Él conoce las debilidades humanas [8].

Así que Él sabe que el hombre puede fácilmente caer en un estado de autosuficiencia; Él sabe que el hombre puede acomodarse de tal manera, que caerá en un estado de complacencia.  En otras palabras que actuemos de la manera a que estamos acostumbrados, pero eso no es lo que Dios desea ni espera de nosotros.  ¿Qué es lo que Dios desea y espera de nosotros?

Lo que Dios desea y espera de nosotros lo encontramos en  2 Corintios 5:17 cuando leemos: “…De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas…”.  Si decimos que somos cristianos, entonces tiene que haber un cambio completo en nuestra vida.  Si decimos que somos el pueblo de Dios tenemos que cambiar todo lo que somos.

Las palabras del Señor fueron un recordatorio de la falta de vigilancia a los de Sardis, (quienes fueron vencidos inesperadamente por sus enemigos en dos ocasiones), pero también nos sirve a nosotros para que recordemos las ocasiones en que hemos tropezado y caído. Las palabras del Señor a la iglesia en Sardis son un mensaje, para que recordemos que en ocasiones, hemos sido derrotados inesperadamente por nuestro adversario.

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Como les dije previamente ninguno de nosotros somos perfectos, ninguno de nosotros llegaremos a la perfección de Cristo mientras estemos aquí en la tierra, y es por ésta misma razón que tenemos que estar en un estado de vigilancia.   Vigilar y cuidar lo que Dios nos ha entregado.  Vigilar y cuidar nuestro testimonio.  Vigilar y cuidar a nuestros hermanos y hermanas a través de la oración.

Vigilar y cuidar a través de la restauración, a todos aquellos que no se encuentren fuertes.  Vigilar y cuidar nuestros hogares.  Vigilar y cuidar nuestros hijos.  Vigilar y cuidar todo lo que el Señor en su infinita misericordia nos ha entregado.  Dile a la persona que tienes a tu lado: se vigilante.

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas…».  Pregunto, ¿describe esto al pueblo de Dios hoy en día?  ¿Describe esto a la iglesia? Les puedo decir que estas palabras del Señor proveen una descripción bien precisa de la iglesia.

Digo esto porque existen muy pocas personas en el cuerpo de Cristo que no han transigido con el mundo.  Existen pocas personas en el cuerpo de Cristo, que no han manchado su testimonio. Existen pocas personas que se han mantenido firmes en la palabra de Dios.  Y es exactamente por esta razón que el Señor continua hablándole a Su pueblo.

Dios continúa hablándonos y enseñándonos a través de Su palabra, para que nos mantengamos en el camino recto que nos conduce a Su presencia.  El Señor nos advierte, y el Señor nos habla porque él desea que vivamos una vida victoriosa; Él desea que podamos vencer toda oposición y conquistar todo obstáculo.

A través de las advertencias recibimos convicción de error y pecado; a través de las advertencias recibimos fortaleza para derrotar toda oposición, y cuando velamos y estamos atentos a ellas, entonces Dios nos da Su promesa de victoria total.  ¿Cuál promesa?

Continuando con nuestro estudio leemos: “…El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles…».  Ésta es la promesa de victoria total; ésta es la promesa que todo cristiano fiel tiene de Dios; ésta es nuestra seguridad; ésta es la promesa que nos deja saber que pase lo que pase, y salga el sol por donde salga, todo creyente fiel tendrá una victoria absoluta.  Pero recordemos que para obtener ésta victoria, tenemos que mantenernos firmes en Su palabra.

Para concluir.  Sé que en el día de hoy he traído palabras bastante fuertes, palabras que nos fuerzan a tomar inventario de todo lo que somos; palabras que nos hacen analizarnos para determinar nuestra condición espiritual.  Pero han sido palabras necesarias porque la realidad de todo es que nosotros no podemos ser escasos de memoria, porque de hacer esto entonces le estamos abriendo las puertas de nuestra vida al enemigo, para que entre a destruir lo que Dios ha iniciado en nosotros.

No podemos permitir que en momentos determinados se nos olviden las palabras de nuestro Señor Jesucristo.  Nunca se nos puede olvidar de donde el Señor nos saco y como nos saco.  Nuestra memoria nunca nos puede fallar, porque una vez que esto sucede entonces caeremos en el mismo plan de la iglesia en Sardis.

Recordemos que cuando permitimos que nuestra memoria nos falle, entonces seremos alejados de la voluntad de Dios. Cuando somos escasos de memoria, y no estamos en un estado de vigilancia constante, entonces se nos hará mucho más fácil justificar el pecado, en vez de edificar la obra de Dios.  En otras palabras destruiremos con nuestras manos, lo que Dios ha edificado con Su palabra.

Así que: «…El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias…»

[1] The Wilkinson and Boa Bible Handbook
[2] Efesios 5:1
[3] Lucas 17:1-2
[4] Efesios 4:22
[5] Romanos 3:23
[6] Efesios 2:8-9
[7] Santiago 1:14
[8] Hebreos 4:15

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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