Hoy vamos a examinar un aspecto en nuestra vida que en numerosas ocasiones desatendemos. ¿De qué aspecto les hablo? Les estoy hablando acerca de nuestra vida de oración. ¿Por qué es que tantos cristianos desatienden su vida de oración? La razón número uno por la que esto sucede, es porque la sociedad moderna se ha acostumbrado a lo instantáneo (café instantáneo, arroz instantáneo, fotos instantáneas, etc. etc.). Estas conveniencias modernas nos han convertido en personas impacientes, y ya no queremos las cosas ahora, sino que las queremos ayer. Y desdichadamente, con frecuencia muchos aplican esta manera de pensar en cuanto a Dios y las oraciones.

El grave problema que existe con esta conducta, es que a pesar de que Dios puede contestar nuestras oraciones de inmediato, esto no siempre sucede así. Recordemos que todo tiene su tiempo, así que las cosas que suceden, suceden en el tiempo perfecto de Dios, y no necesariamente en el nuestro [1]. Y es exactamente por esta razón que no podemos tratar de aplicar la mentalidad instantánea a Dios, sino que tenemos que aprender a esperar en Él [2]. Cuando aprendemos a confiar y a esperar en Dios, seremos fortalecidos, y recibiremos bendición tras bendición [3]. Pero debido a la mentalidad instantánea que muchos hemos desarrollado, muchos desatienden su vida de oración pensando que Dios no les escucha, o que porqué Dios conoce nuestras intenciones y/o necesidades antes de que le pidamos su ayuda [4], no es necesario, o quizás no es tan importante orar. Pero esto no puede estar más lejos de la verdad porque simplemente sería imposible, ya que la Palabra de Dios nos llama a ser “…constantes en la oración… [5]. ¿Por qué somos llamados a la oración?

Existen dos razones principales por la que somos llamados a ser “…constantes en la oración…” La primera razón es porque la oración, es la única arma que nosotros podemos usar para defendernos de los ataques del enemigo, y atacar a esos poderes de las tinieblas que tratan de invadir nuestra mente, nuestro hogar, y nuestra familia. Poderes de las tinieblas que tratan de desalentarnos, y encerrarnos dentro de prisiones de depresión, apatía, y desánimo. La segunda razón por la que somos llamados a la oración, es porque la oración produce tres bendiciones inmediatas en la vida de un cristiano fiel. ¿Cuántos desean recibir tres bendiciones inmediatas cada vez que oren? Pasemos ahora a la palabra de Dios para descubrir las tres bendiciones que desatamos sobre nosotros al orar.

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Hechos 12:5-16Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. 6 Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. 7 Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. 8 Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. 9 Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. 10 Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él. 11 Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba. 12 Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. 13 Cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió a escuchar una muchacha llamada Rode, 14 la cual, cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta. 15 Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel! 16Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos.

Cuando leemos este capítulo completo, encontramos que el rey Herodes estaba persiguiendo a algunos de la iglesia, y que había ejecutado a Santiago el hermano de Juan, y que había mandado a prender a Pedro para ejecutarle también [6]. Otro detalle que también encontramos, es que Herodes no quería tomar el riesgo de que Pedro pudiese escapar, y por lo tanto mando a que fuese custodiado por “…cuatro grupos de cuatro soldados cada uno…” (16 soldados), y como si esta medida de seguridad no fuese lo suficiente, Pedro también estaba encadenado a dos de los soldados [7].

¿Cuántos dirían que el rey tomo precauciones extremas? Claro que si, y ¿saben por qué lo hizo? Lo hizo porque él había arrestado a los apóstoles en una previa ocasión, pero ellos se le escaparon de las manos [8]. Así que el rey pensó que estas medidas de seguridad extremas evitarían que Pedro pudiese escapar, y asegurarían que él le pudiese ejecutar. Pero independientemente de lo que el rey pudiese pensar y planear, la iglesia tenía un plan muy diferente en mente. Despierta al que tienes a tu lado y dile: la iglesia oraba.

Cuando tomamos el tiempo de hacer una comparación entre lo que sucedió en ese entonces, y lo que sucede en nuestra vida, no es difícil concluir que no existe mucha diferencia entre el padecimiento de Pedro en ese entonces, y el sufrimiento de muchos hoy en día. La razón por la que digo esto, es porque en estos versículos, el rey Herodes no es nada más que una representación del enemigo de las almas. ¿Cómo así? Hagamos ahora una pequeña comparación entre el rey y el diablo, para determinar si lo que les digo tiene sentido.

Herodes odiaba y perseguía a la iglesia, y el diablo odia la iglesia. El rey se propuso encarcelar y encadenar a los cristianos, y el diablo se ha propuesto lo mismo. A través de la vanidad, falsas doctrinas, religiones, y falsos maestros, el diablo y su ejército de demonios ha encerrado y encadenado a muchos en prisiones de ignorancia, sufrimiento, y dolor. Herodes busco ejecutar a los cristianos, y el demonio mentiroso, con su ejército de demonios, busca matar la vida espiritual y relación con Dios de los creyentes, a través de la impaciencia. El rey Herodes tenía el poder para llevar a cabo lo que pretendía, y los poderes de las tinieblas son una fuerza real [9], la cual continuamente trata de apartar a las personas de Dios. Así que haciendo esta breve comparación, creo que todos estaremos de acuerdo cuando digo que el rey Herodes es una representación del enemigo de las almas. Y como les dije previamente, existe solo una arma que podemos usar para defender, y atacar, a los poderes de las tinieblas. Dile a la persona que tienes a tu lado: hay poder en la oración [10].

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Como les mencione al inicio, la oración produce tres bendiciones inmediatas en la vida del creyente fiel. ¿Cuántos desean recibir tres bendiciones inmediatas al orar? Claro que todos. Examinemos ahora las tres bendiciones que recibimos al orar.

La primera bendición que recibimos al orar, es la paz [11]. Fíjense bien en los versículos que estamos estudiando hoy para que entiendan lo que les estoy diciendo. La palabra de Dios nos declara: “…Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. 6Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel…”

Como podemos claramente ver, Pedro se encontraba encarcelado y encadenado a dos soldados. El apóstol estaba encarcelado esperando su ejecución, sin la más mínima esperanza de escapar. ¿Cuál fue la actitud que demostró el apóstol? El apóstol no estaba nervioso y preocupado con lo que le sucedería en solo unas horas, tampoco estaba rogándole al rey que tuviera misericordia, y que le perdonara la vida. A pesar de las condiciones que existían, el apóstol estaba durmiendo cómodamente. Despierta al que tienes a tu lado y dile: Pedro estaba dormido. Me atrevo a decir que dada las circunstancias, muy pocos de nosotros, si acaso alguno, seriamos capaces de hacer lo mismo.