De corazón arrepentido

Predicas Cristianas: De corazón arrepentido

© José R. Hernández, Pastor
El Nuevo Pacto, Hialeah, FL. (1999-2019)

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Texto Bíblico: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio,Salmos 51:4

Introducción

Este hermoso salmo de David nos muestra la oración de un arrepentimiento verdadero delante de Dios. Este es un corazón que se humilla delante de Dios y reconoce que ha pecado y necesita el perdón del Señor.

La historia nos enseña a un hombre que era recto en todos sus caminos y Dios mismo declara que es un hombre conforme a su corazón. Dios escogió a David para ser rey sobre su pueblo y para que su reino permanezca para siempre en Israel.

Sin embargo, hay un momento en la historia de David donde cometió una serie de pecados que ponen en duda su corazón. David comete adulterio al tomar a Betsabé, la mujer Urías, quien era uno de sus soldados. Como si todo esto no fuera poco, David envía a matar a este hombre de una manera horrible para quedarse con su mujer [1].

Pero Dios todo lo ve y pronto le envía al profeta Natán con una palabra de juicio contra el rey [2]. Es entonces cuando David se da cuenta de lo que ha hecho y se arrepiente de lo que ha sucedido. Después de estos acontecimientos David escribe este salmo y nos muestra que él tenía un corazón arrepentido.

I.  Corazón arrepentido – Necesidad de perdón (Salmos 51:1-2)

Lo primero que David escribe es una oración de súplica a Dios. El rey sabía que debía acudir a Dios y a nadie más por perdón. Nadie nos puede dar perdón de nuestros pecados, solo Dios.

Ciertamente podemos recibir perdón de nuestros hermanos si hemos cometido faltas contra ellos. Pero las faltas que cometemos contra Dios, son todas aquellas que no están de acuerdo con Su palabra.

David reconoce que Dios es misericordioso y acude a Él humillado de todo corazón. David reconoce que las misericordias de Dios se multiplican cada día y que sus piedades son muchas. Por eso es que acude al Señor.

Dios nos da la oportunidad de arrepentirnos y volver a Él. David reconoce que necesita el perdón porque ha hecho lo malo delante de Dios y reconoce que solo Dios puede darle el perdón que necesita.

En el versículo dos le pide a Dios que lo lave de su maldad y que lo limpie de su pecado. Por medio de Jesucristo y de Su sangre Dios nos limpia de nuestros pecados. La biblia dice que sin derramamiento de sangre no hay redención.

Jesús derramó toda su sangre para que por medio de ella podamos tener ese perdón que necesitamos para acercarnos a Dios [3]. Dios tiene el poder para borrar esas maldades que nos alejan de Dios, debemos acudir a Él.

II. Corazón arrepentido – Reconocer que se es pecador (Salmos 51:3-5)

Si encubrimos nuestros pecados Dios nos perdona. Si negamos que hemos pecado le hacemos a Él mentiroso [4]. David reconoce que ha pecado, no lo niega pues sabe que Dios todo lo ve [5].

El Señor tiene todos nuestros actos registrados, Él todo lo ve y todo lo conoce. Por lo tanto, cada uno de nuestros actos son manifiestos delante de Dios y los conoce a la perfección. Aun aquellas cosas que hacemos en secreto Dios las conoce.

a. Los pecados son personales (Salmos 51:3)

David reconoce que el pecado está siempre delante de él. Pero no es el pecado de nadie más, sino el pecado propio. Cuando la palabra de Dios ha sido revelada a nuestra vida sabemos que las cosas que hacemos agradan o no al Señor. Dios nos muestra las cosas que lo hacen feliz y las cosas que hacemos que son desagradables para Él.

No es malo reconocer los pecados, no es una debilidad sino muestras de un corazón fuerte, de un corazón que quiere la redención de Dios. Para muchos el reconocer los errores es muestra de debilidad, pero para Dios es muestra de un corazón arrepentido. David reconoce que hizo lo malo delante de Dios y reconoce también que el pecado está siempre delante de él castigando su corazón.

b. El pecado nos contamina (Salmos 51:4-5)

Cuando hacemos todo aquello que el Señor condena en Su palabra estamos pecando contra Él. El ofender a Dios es demasiado importante para nuestra eternidad, pues eso determinará donde la pasaremos, si con el Señor y Su santidad o lejos de Él [6].

El pecado ha estado con los seres humanos desde hace mucho tiempo, ha venido a contaminar a la sociedad, todo está contaminado con él. Pareciera que no hay forma de escapar de él sino sucumbir ante su contaminación. Cuando pecamos estamos siendo contaminados y nuestro ser se vuelve esclavo del pecado.

III. Lo que Dios busca, corazón arrepentido (Salmos 51:6-9

Pero Dios busca algo, aun en medio de esa contaminación. Dios busca una esperanza, busca un remanente en el corazón del hombre para dar la recompensa debida a ese corazón que es conforme a Su corazón.

a. La verdad (Salmos 51:6)

Dios ama la verdad, Dios mismo es verdad. De la misma manera en que Dios ama la verdad, también aborrece la mentira. Por algo el enemigo es el padre de la mentira, de todo lo que va en contra de nuestro Señor [7]. Por lo tanto si alguien quiere estar cerca de Dios debe estar primeramente en verdad.

Jesús nos dijo que no hay nada oculto que no haya de saberse [8]. Dios ama que andemos en la verdad. Nos conviene estar en verdad, pues Dios lo conoce todo. No hay nada que el Señor desconozca. Por lo tanto debemos confesarnos delante de Él en todas las cosas que hacemos.

La palabra de Dios nos dice que tenemos un abogado ante el Padre [9]. Si hemos pecado debemos confesar con nuestra boca delante de Dios nuestras maldades, y no encubrir el pecado.

b. Perdonarnos (Salmos 51:7-9)

David no negó su pecado, sino que reconoció delante del profeta Natán que había hecho lo malo delante de Dios. Dios busca el arrepentimiento, si no lo quisiera no hubiera enviado a Natán con palabras para él.

Del versículo siete al nueve leemos lo que Dios puede hacer con un corazón arrepentido. Pero además de lo que Dios quiere hacer, es lo que Dios quiere hacer con nosotros. Es decir, con toda la humanidad.

Dios quiere purificarnos, limpiarnos, lavarnos. Dios quiere darnos alegría y gozo, Dios busca restaurarnos.

IV. La restauración de Dios (Salmos 51:10-14)

a. El Señor no nos deja en la suciedad del pecado

Cuando somos humildes y reconocemos que necesitamos el perdón de Dios por haber pecado contra Él. Cuando venimos humillados delante de Él y confesamos con verdad que necesitamos de ese perdón para poder tener gozo y alegría, es entonces cuando Dios actúa en nosotros, por tener un corazón arrepentido. Dios nos restaura, por el arrepentimiento en nuestro ser al hacerlo de todo corazón.

b. Un corazón limpio – Corazón arrepentido(Salmos 51:10)

Dios crea un corazón limpio dentro nuestro. Un corazón que ha sido perdonado y no es condenado, por la gracia de Dios. Cuando estamos en pecado, tratando de ocultarnos delante de Dios como lo intentó hacer Adán, nuestro corazón no puede ser restaurado. Pero David vino humillado delante de Dios reconociendo que había cometido pecado delante del Señor y Dios le restauró.

c. Un espíritu recto (Salmos 51:10)

Dios levanta nuestro espíritu y volvemos a tener comunión con Dios después de la restauración de nuestra vida delante de Dios. Solo a través de la verdad y de la gracia de Dios es que podemos nuevamente venir delante de Dios con confianza y hablar con Él en oración. Cuando Dios nos restaura se eliminan los obstáculos y podemos estar delante de Dios en armonía.

d. Llenura de su Espíritu (Salmos 51:11)

Además de restaurar nuestro espíritu para tener comunión con nuestro Señor, también recibimos la llenura de su Espíritu Santo. Es por medio de su Espíritu que recibimos del poder de Dios para actuar de una manera que Dios se agrade. Es el Espíritu Santo quien nos guía hacia toda verdad, hacia todo lo que viene de Dios.

e. Gozo de la salvación (Salmos 51:12)

El Señor nos regala el gozo de la salvación, pues el Espíritu de Dios es quien le dice a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. El gozo de la salvación no se compara al gozo que recibimos por una buena noticia o por algo alcanzado.

El gozo de la salvación es la señal que Dios nos ha dejado para decirnos que somos Sus hijos que hemos sido perdonados de nuestros pecados. Es producto de haber recibido el perdón y la vida eterna que procede de Dios.

f. Servicio en su obra (Salmos 51:13)

Un corazón restaurado, además del gozo de la salvación y de ser limpio, se pone al servicio de la obra del Señor. Un corazón restaurado es útil para el Señor en predicar Su palabra, en ser ejemplo de ella, en vivir de acuerdo a todos los mandamientos de Dios.

David dice en el salmo que al recibir el perdón de Dios abrirá su boca y anunciara su misericordia para que las personas que lo escuchen vengan a los pies del Señor. Dios se goza cuando uno de sus hijos le adora y le glorifica por todo lo que Él es y hace en nuestra vida. Porque la misericordia de Dios es para siempre y su amor nos llena de toda justicia.

V. Corazón arrepentido – Convertidos en adoradores (Salmos 51:15)

No existe un resultado diferente en las personas que reciben el perdón de Dios, todas ellas a una le glorifican. Recibir el perdón de Dios es el mayor regalo que alguien puede recibir. El Dios Todopoderoso tiene misericordia de nuestros pecados que nos condenaban y nos regala el perdón de ellos para que podamos tener una eternidad a su lado.

No queda nada más que hacer para un corazón que ha recibido la salvación de su alma que convertirse en un adorador de Dios. No queda otra cosa que hacer más que ser siervos del Dios Altísimo. Un corazón perdonado se rinde completamente ante Dios y le adora en verdad.

Para concluir

Dios se goza de un corazón contrito y humillado. Un corazón que reconozca que necesita el perdón divino para ser limpio, para tener gozo, es un corazón que llama la atención del Señor.

Debemos reconocer que necesitamos el perdón de Dios y humillarnos ante Él para recibir el gozo que excede a todo conocimiento y recibir la restauración de nuestro ser, para poder entregarnos completamente a Él. Entonces cantaremos al Dios de nuestra salvación y el mundo escuchara de sus bondades.

[1] 2 Samuel 11:14-17
[2] 2 Samuel 12:7-13
[3] Efesios 1:7
[4] 1 Juan 1:10
[5] Proverbios 15:3; Job 34:21
[6] Isaías 59:2
[7] Juan 8:44
[8] Lucas 8:17; Marcos 4:22 
[9] 1 Juan 2:1

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