Puros de Corazón

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Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: Puros de Corazón

Predicas Cristianas Texto Bíblico: Salmos 73:1

Introducción

La predica de hoy es acerca de una pregunta que todo cristiano se ha hecho en un momento u otro de su caminar cristiano. Y la pregunta que la mayoría de nosotros, sino todos, nos hemos hecho en un momento determinado de nuestro caminar cristiano es: ¿Por qué aparenta que en ocasiones nuestras oraciones no llegan a los oídos de Dios?

Así que en la predica de hoy vamos a explorar la razón más común por la que esto sucede. La pregunta principal es:

¿Qué detiene que nuestras oraciones lleguen a los oídos de Dios?

Esta es una pregunta que todos debemos hacernos, ya que como se ha predicado en numerosas ocasiones, la oración es la única arma que nosotros tenemos disponible para derrotar las fuerzas del enemigo. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque con la oración no sólo cumplimos el llamado de mantenernos en comunión con nuestro salvador [1], sino que también demostramos que confiamos completamente en nuestro Padre celestial y Su poder.

I. El Señor se manifiesta en la oración Juan 14:12-14

En los versículos que acabamos de leer podemos fácilmente entender que el Señor escucha, y está dispuesto a entregarnos lo que le pedimos; todo creyente le pide al Padre cosas, y esperamos recibir lo que hemos pedido.

Pero, el problema que existe es que en muchas ocasiones rogamos al Padre sin antes examinarnos, arrepentirnos, y volvernos al buen camino. Muchos pensamos que estamos bien con Dios, pero la realidad de todo es que este no es el caso. Y hermanos, deseo informales algo, Dios no escucha las oraciones de los pecadores [2].

Si deseamos que Dios escuche nuestras oraciones, entonces tenemos que llegar ante Su presencia con un corazón puro. Tenemos que acercarnos a Dios con un corazón arrepentido, humillado, limpio, y sin resentimiento. Después de todo, ¿cómo podemos pensar que Dios escuchará nuestra oraciones si nuestro corazón está lleno de ira, rencor, envidia, y resentimiento?

Es exactamente por eso que en Jeremías 29:13 encontramos que se nos advierte algo que nunca podemos olvidar. El profeta nos dice «Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón.» En otras palabras, sólo cuando nos acercamos a Dios con un corazón puro seremos escuchados. Y tener un corazón puro es algo que tenemos que pedirle al Padre que nos ayude a lograr [3].

Dificultad en ser puros de corazón

En está vida en muchas ocasiones se nos hace difícil mantener un corazón puro. Esto es algo que sucede porque en muchas ocasiones vemos como los malignos aparentan progresar, mientras que los que nos mantenemos fieles a Dios aparentamos empeorar. Y este tipo de pensamiento produce que nuestro corazón comience a llenarse de resentimiento, envidia, y rencor.

Hermanos, y si no tenemos cuidado, si no detenemos estos pensamientos, estos se convierten en el cáncer espiritual, que poco a poco invadirá todo nuestro espíritu, y causara la muerte de nuestra vida espiritual. En otras palabras, seremos apartados de la presencia de Dios, y regresaremos a vivir bajo la esclavitud del pecado de dónde el Señor nos saco.

II. La muerte espiritual

La muerte espiritual es peor que la muerte física, ya que la muerte espiritual nos separa completamente de la presencia de Dios. Y estar en la presencia de Dios es algo que todo cristiano siempre debe y tiene que buscar; ya que «Un solo día en tus atrios, ¡es mejor que mil en cualquier otro lugar! Prefiero ser un portero en la casa de mi Dios que vivir la buena vida en la casa de los perversos» Salmo 84:10 (NTV). Pero el resentimiento, la envidia y el rencor en toda ocasión nos separa de la presencia de Dios. ¿Por qué digo esto?

Lo digo porque la realidad de todo es que Dios sabe exactamente de lo que tenemos necesidad mucho antes que nosotros lo pidamos [4]. Así que las oraciones codiciosas nunca serán contestadas [5]. Cuando nos acercamos al Padre en oración tenemos que hacerlo con un corazón arrepentido y limpio. No podemos esperar que Dios escuche nuestras oraciones si nuestro corazón esta lleno de rencor.

El rencor y resentimiento existe en la vida de muchos cristianos. En la mayoría de las ocasiones estos sentimientos comienzan a tomar raíz en nuestros corazones debido a un simple disgusto o discusión que podamos tener con otra persona. Y si no tenemos cuidado, estas raíces pueden crecer de tal manera que no estamos dispuestos a perdonar y olvidar, y esto es algo que tenemos que evitar que suceda en nuestra vida.

III. Perdonar a los que nos han ofendido

La realidad es que perdonar a los que nos han ofendido no es nada fácil. Esto se debe a que los impulsos de la carne son muy fuerte de controlar, y en casi toda ocasión, al ser ofendido queremos vengarnos. Queremos como encontramos en al Antiguo Testamento «ojo por ojo y diente por diente» (Éxodo 21:24).

Los impulsos de la carne nos conducen a ignorar, y/o completamente olvidar lo que la palabra de Dios nos enseña acerca de la venganza [6]. Así que nunca podemos acercarnos a Dios, si antes no hemos perdonado a los que nos han ofendido. Recordemos que el que no perdona no será perdonado [7].

Pero ahora la pregunta que surge es, ¿cómo puedo perdonar? Perdonar las ofensas de aquellos que nos han ofendido es algo que sólo podremos lograr a través del amor [8]. Recordemos que sólo por amor fuimos perdonados [9].

Sólo por el amor de Dios por nosotros ahora llamados hijos de Dios [10]. Sólo cuando aceptamos a Jesucristo genuinamente podremos sentir el amor por nuestros hermanos y hermanas, y podremos perdonar sus ofensas.

Para concluir.

Regresemos ahora a la pregunta inicial de la predica de hoy: ¿qué detiene que nuestras oraciones lleguen a los oídos de Dios? Lo que detiene que Dios escuche nuestras oraciones es cuando oramos con un corazón lleno de resentimientos, envidia, y rencor.  Para que nuestras oraciones alcancen los oídos de Dios, tenemos que orar con un corazón puro.

No podemos olvidarnos que cuando oramos tenemos que hacerlo con un corazón arrepentido y sincero. Así que si deseamos que nuestras oraciones lleguen a los oídos de Dios, debemos hacer un inventario profundo de nuestro corazón.

Cada día somos bendecidos con su bondad y misericordia.

Dios no sólo es bueno con el pueblo de Israel, sino también con los puros de corazón. Aquellos que tienen una fe sincera y devota en Él son recompensados con Su gracia y amor. La Biblia dice que «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios». (Mateo 5:8).

Esta es una promesa que Dios da a aquellos que son puros en sus intenciones y acciones. La bondad de Dios hacia los puros de corazón se ve en todo el Antiguo Testamento. Por ejemplo, en el libro del Génesis, Dios bendice a Abraham y a Sara con un hijo en su vejez por su fidelidad y pureza de corazón. En el libro del Éxodo, Dios se apiada de los israelitas y los libera de la esclavitud en Egipto. Asimismo, en el libro del Deuteronomio, Dios recompensa al pueblo de Israel con una entrada segura en la Tierra Prometida gracias a su confianza y obediencia.

El Nuevo Testamento también ofrece ejemplos de la bondad de Dios para con los puros de corazón. Jesús dijo que «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios«. (Mateo 5:8). Jesús también nos anima a ser puros de corazón, diciendo: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.» (Mateo 5:8).

Además, Jesús nos promete que si permanecemos fieles y obedientes a Él, nos recompensará con la vida eterna. La bondad de Dios para con los puros de corazón se manifiesta también en la forma en que nos ama y cuida de nosotros. Él es nuestro Padre y sabe lo que es mejor para nosotros. Nos da fuerza, consuelo y esperanza en medio de las situaciones difíciles.

Él es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda muy presente en los problemas. En verdad, ¡qué bueno es Dios con Israel, con los limpios de corazón! Su bondad es evidente en los ejemplos que nos da en la Biblia, y en su amor y cuidado por nosotros. Que todos nos esforcemos por ser puros de corazón, para que podamos experimentar la plenitud de la bondad y la gracia de Dios.

Tenemos que hacer un inventario profundo de nuestro corazón y eliminar todo resentimiento, envidia y rencor. Si deseamos que Dios escuche nuestras oraciones tenemos que llegar a Su presencia arrepentidos, humillados, y alejados de las cosas del mundo. Sólo entonces escuchará Él nuestras oraciones, y nos contestará [11].

Buenos días y bendiciones.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

[1] 1 Corintios 1:9
[2] Salmos 66:18; Juan 9:31
[3] Salmos 51:10
[4] Mateo 6:8
[5] Santiago 4:3
[6] Romanos 12:19
[7] Mateo 6:14-15
[8] 1 Corintios 13:4-13
[9] Juan 3:16
[10] 1 Juan 3:1
[11] 2 Crónicas 7:14

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