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De los tales es el reino de Dios

Predicas Cristianas

Predicas Cristianas Predica de Hoy: De los tales es el reino de Dios

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Lucas 18:15-17

Introducción

Hoy vamos a enfocar nuestro estudio bíblico en nuestro caminar cristiano. Como he dicho en otras predicaciones, el caminar cristiano no es nada fácil. La razón por la que digo esto es porque la carne siempre trata de arrastrarnos al mundo, y en ocasiones las tentaciones son difíciles de rechazar. Y esto causa un conflicto interno dentro de todo cristiano fiel. El Espíritu Santo nos guía en dirección a Dios, y la carne trata de arrastrarnos en dirección contraria.

Lo que sucede con frecuencia es que muchos seden a los impulsos de la carne. En otras palabras, decidimos en nuestra mente que por una vez que hagamos algo no pasara nada, pero la realidad es que esto es pecar deliberadamente, y es algo que no le agrada a Dios. ¿Qué sucede entonces? Lo que sucede es que pecar deliberadamente es algo adictivo. Un pecado conduce a otro, y otro pecado conduce a otro, y así, y así. En otras palabras, con frecuencia los cristianos permiten que el enemigo nos separe de la presencia de Dios.

Como dije, los impulsos de la carne en ocasiones son difíciles de resistir, y con frecuencia ahogan la voz del Espíritu Santo. Pero la realidad es que no existe razón por la que esto suceda en la vida de un cristiano fiel. Así que en la predicación de hoy vamos a aprender lo simple que es el alcanzar la gloria de Dios en todo momento; hoy descubriremos el secreto de cómo mantener una fe que agrada a Dios. Abramos ahora nuestra biblia para leer los versículos que estaremos usando en nuestro estudio bíblico.

Lucas 18:15-17Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron. 16 Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 17 De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

Estoy seguro que aquí muchos sino todos han leído estos versículos en numerosas ocasiones, pero también creo que muchos no se han dado cuenta de la importancia tan grande que existe en ellos. Lo primero que podemos apreciar aquí es que las personas traían niños al Señor para que él impusiera manos sobre ellos.

La imposición de manos era una costumbre en el pueblo judío, y es una costumbre en la iglesia cristiana de hoy que podemos encontrar en el Antiguo Testamento, cuando algunos patriarcas pedían la bendición y consagración a Dios de sus hijos y de los sacerdotes [1].

Lo segundo que podemos apreciar es que los discípulos actuaron de manera incorrecta. Digo que actuaron incorrectamente, porque ellos reprendían a las personas por traer a los niños al Señor, y esto era algo que iba en directa oposición a las costumbres de ese entonces.

Lo tercero que podemos apreciar es que el Señor nos enseña que los niños también necesitan nuestras oraciones. Pero todo esto es lo que podemos apreciar a primera vista sin mucho esfuerzo. Pero en estos pasajes bíblicos existe la clave de lo que tenemos que hacer para evitar ser seducidos por las tentaciones, y siempre estar en la presencia de Dios.

Examinemos ahora estos pasajes bíblicos a profundidad, y descubramos lo que tenemos que hacer para permanecer ante la presencia de Dios en todo momento.

Aquí vemos que el Señor les dijo: “…Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él…” Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué les dijo esto? ¿Les estaba el Señor diciendo a ellos, y a nosotros, que tenemos que mantenernos como niños espiritualmente? La respuesta es ¡NO! [2].

Como cristianos fieles, nosotros tenemos que buscar el crecimiento espiritual; dejar de crecer espiritualmente seria una anormalidad. Sin embargo, la falta de crecimiento espiritual es algo que se manifiesta con frecuencia en el pueblo de Dios.

Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué sucede esto? ¿Por qué existen tantos que dejan de crecer espiritualmente? Una de las razones por la que esto sucede, y yo diría que es la razón principal, es porque un buen por ciento de los cristianos encuentra que hacer la voluntad de Dios en todo momento es algo un poco difícil. Dile al que tienes a tu lado: no es fácil la cosa.

La razón por la que tantos cristianos encuentran hacer la voluntad de Dios algo difícil es porque muchos quieren jugar en los dos equipos. Pero como he repetido en otras predicaciones, “estas o no estás”, no hay senda en el medio. Es como encontramos en la biblia en 1 Corintios 10:21 cuando el apóstol Pablo dijo: “…No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios…

La realidad es que si no estamos perseverando en hacer la voluntad de Dios; si no estamos perseverando en conducir una vida en santidad, entonces nuestro crecimiento espiritual es completamente detenido. ¿Qué les estoy tratando de decir con todo esto?

Lo que les estoy diciendo es que no podemos permitir que nada detenga nuestro crecimiento espiritual, y esto es algo que solo lograremos cuando construimos sobre la roca. Tenemos que tomar los principios básicos de Jesucristo guardarlos en nuestro corazón, y empezar a construir sobre esa fundación.

En otras palabras, los principios de Jesucristo tienen que ser parte de nuestra vida; tienen que ser la parte principal de nuestra vida. Con esto en mente entonces podemos fácilmente apreciar que cuando el Señor reprendió a los apóstoles porque ellos no permitían que los niños se le acercaran, Él no implico o dijo que debemos mantenernos como niños espiritualmente. Tenemos que crecer, tenemos que madurar.

Pero entonces, ¿qué nos está diciendo el Señor aquí? Para poder responder esa pregunta tendremos que analizar tres características muy especiales de un niño.

I. Los niños confían implícitamente

La primera característica de un niño es que confía implícitamente. Esta característica es algo que todos los padres de familias conocemos. Nunca se me olvidara que cuando mi hijo era un niño, él me hizo una pregunta acerca de un personaje muy reconocido en la música. Él quería saber ¿cómo había esta persona obtenido tanta fama?

Le conteste sin pensar y en forma de broma, y lo que le dije no era nada cierto. Le dije que el cantante había obtenido gran fama rápidamente porque él cantaba disfrazado con un traje de bailarina, y se ponía una nariz roja y grande de payazo, así que el público lo reconocía e iban a ver sus conciertos para ver el espectáculo.

Después de esa conversación no pensé más en el asunto, hasta que un día mi hijo llego a la casa de la escuela muy triste. Cuando le pregunte qué le pasaba, él me contó que había pasado una gran vergüenza en su clase de música.

Resulta ser que en la clase de música surgió el tema de este cantante tan famoso, y el maestro pregunto que quién sabía cómo y cuando había este cantante obtenido su fama. Mi hijo fue el primero en levantar su mano y fue seleccionado por el maestro. Pero, al dar la respuesta que él había obtenido de mí, me contó que todos le habían mirado con una cara muy rara y se habían reído de él.

Hermanos, nuestros hijos confían en lo que le decimos sin dudar, pero esto es algo que muchos cristianos no hacen. Muchos cristianos claman confiar en Dios implícitamente, pero en realidad este no es el caso. No les digo que no confiemos en Dios nunca, pero si les digo que existen numerosas personas que dudan más de lo que confían. Es exactamente por esa razón que el Señor también duda de lo que pueda hallar en la tierra cuando regrese [3].

La fe, el confiar en Dios en todo momento, es algo esencial en la vida de todo cristiano fiel. Si queremos vivir vidas victoriosas, nuestra fe no puede ser una que se bandee de un extremo a otro, nuestra fe tiene que ser constante y firme. Sé que en ocasiones, debido a circunstancias o situaciones, a nosotros se nos hace difícil mantenernos firmes; se nos dificulta al tener que pasar por situaciones difíciles, pero fíjense bien que dije que es difícil, pero no dije que es imposible [4]. Dile a la persona que tienes a tu lado: confía en Dios.

II. Un niño está dispuesto a aprender

La segunda característica de un niño es que siempre está dispuesto a aprender. Esta es otra característica que todo padre conoce muy, pero muy bien. Les pregunto, ¿cuántos han escuchado esa pregunta tan famosa: “por qué?” de nuestros hijos. Esta es la pregunta sin fin, ya que una vez que contestamos el primer “¿por qué?” siempre es seguido por el segundo y el tercero y por mucho que expliquemos siempre surge otro “¿por qué?”.

Pero esta pregunta es la que nos demuestra el deseo de aprender y conocer que tienen los niños. Lamentablemente, muy pocos cristianos retienen esta característica. En muchas ocasiones permitimos que las situaciones que nos rodean bloqueen nuestro entendimiento. En muchas ocasiones permitimos que las situaciones que nos rodean cierren nuestra mente, y no estamos dispuestos a aprender y/o a escuchar.

Lo que sucede entonces es que nosotros mismos nos encerramos en esa prisión de preguntarnos “¿por qué a mí?”, en vez de preguntarle a nuestro Padre “¿por qué?” Preguntarle a Dios el por qué de una situación es de suma importancia, porque en todo lo que nos sucede, ya sea bueno o malo, siempre existe algo que debemos aprender. Y cuando le pedimos al Padre que nos revele el por qué de las cosas, el Espíritu Santo dará la respuesta.

La convicción del Espíritu Santo es la que nos permitirá ver qué acción nuestra causo que esa dificultad llegara a nosotros, o quizás qué falta de acción nuestra es la responsable. En todo lo que nos sucede siempre hay algo que aprender, pero solo lo lograremos aprender cuando se lo preguntemos a nuestro Padre.

No podemos dejarnos encerrar en la ignorancia, no podemos dejarnos encerrar en una prisión de sufrimiento, no podemos dejarnos encerrar en tradiciones, costumbres, y/o prácticas religiosas, tenemos que aprender nuestra lección en todo. Tenemos que estar dispuestos a aprender para poder alcanzar ver la gloria de Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado: aprende.

III. Un niño ama incondicionalmente

La tercera característica de un niño es que ama incondicionalmente. Esta es una característica que yo he alcanzado ver con mucha frecuencia, y en ocasiones con mucho dolor. Digo esto porque a lo largo de mi carrera secular, yo alcance ver cosas muy, pero muy desagradables, y en algunos de los casos eran cosas que incluían el abuso de niños. Abusos físicos y mentales por sus mismos padres.

Pero lo más interesante de todo es que una vez que tomábamos acción, es decir cuando tomábamos custodia protectora del niño, la mayoría sino todos los niños se echaban a llorar, y sufrían porque no deseaban ser apartados de sus padres. ¿Por qué sucede esto? Esto es algo que sucede porque los niños aman incondicionalmente. El amor del niño es mucho mayor que cualquier sufrimiento o aflicción. El amor de Dios para con nosotros es de la misma manera, y este mismo amor es el que Dios desea que todo cristiano sienta por Él.

Desde el inicio del mundo el hombre le ha faltado a Dios, desde el inicio del mundo el hombre ha puesto condiciones en su amor. ¡Gloria a Dios! que Él no lo hace como nosotros [5]. Aunque no somos perfectos, a pesar de que somos pecadores, Él nos ama dé tal manera que siempre está dispuesto a perdonar nuestras ofensas.

Sin embargo, el hombre no obra de la misma manera. Todos nosotros amamos, pero amamos condicionalmente. Si no nos ofenden, amamos; si nos llevamos bien, amamos; si la situación no está muy difícil, amamos; si no se demanda mucho de nosotros, amamos; pero si estas condiciones no existen, protestamos.

Existen muchos cristianos que profesan amar a Dios, pero continúan en vidas de pecado. Ahora pregunto, ¿podemos honestamente decir que amamos a alguien a quien herimos a diario? La respuesta es ¡NO!

La respuesta es no porque cuando se ama realmente, el amor genuino nos conduce a nunca herir a esa persona. Entonces, ¿cómo se puede decir que amamos a Dios si continuamos en una vida de pecado?, la realidad es que se puede decir, pero no es la verdad.

El amor incondicional es un amor que vence toda oposición, es un amor que no tiene límites ni barreras, es el amor que Dios busca de Su pueblo. Él busca que le amemos en todo momento, Él busca que amemos Su obra, y Él busca que nos amemos los unos a los otros de la misma manera.

Para concluir.

La Palabra nos dice: “De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” Con esto aquí el Señor NO nos dice que nos mantengamos como niños, ya que en la niñez también existe la inocencia, y nosotros no estamos llamados a ser inocentes, sino sabios. Y es por eso que tenemos que crecer, tenemos que madurar, tenemos que abrir nuestros ojos y ver dónde está el peligro. Pero si queremos alcanzar ver la gloria de Dios en todo, también tenemos que retener algunas de las características de los niños.

Tenemos que confiar implícitamente en nuestro Padre celestial, tener una fe inmovible. Tenemos que estar dispuestos a aprender no obstante la situación. Aprender de nuestros errores al igual de como nuestras buenas obras, aprender cual es la voluntad de Dios en nuestra vida, aprender el propósito de Dios para cada uno de nosotros.

Tenemos que amar incondicionalmente; es fácil amar cuando todo va bien, ¿verdad? Pero, ¿amamos igual cuando las cosas no funcionan de la manera que queremos o pensamos debieran funcionar? Esa pregunta se las dejo para que se la respondan a ustedes mismos.

Recibamos pues el reino de Dios confiando en Él para todo, dispuestos a aprender, y más importante que todo, amando incondicionalmente.

[1] Génesis 48:14; Números 8:10; 27:18
[2] Hebreos 5:11-14
[3] Lucas 18:8
[4] Filipenses 4:13
[5] Juan 3:16
[6] Proverbios 3:13; Proverbios 3:35

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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