Como la palmera

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Predicas Cristianas Predica de Hoy: Como la palmera

Predicas Cristianas Lectura Bíblica de Hoy: Salmos 92:12-15

Introducción 

La palmera es un árbol que en los tiempos bíblicos tenía entre 14 y 20 metros de altura, y una vida de 100 a 200 años, era un árbol muy útil ya que se mencionan alrededor de 360 usos en libros de esa época, como madera, cuerdas, tejidos, alimentos, bebidas alcohólicas, azúcar, manteca, aceite, y sus hojas servían para cubrir los techos de las viviendas

Es interesante ver que el salmista revela que el crecimiento del creyente seria como la palmera, es decir, que podemos, y debemos conocer la palmera para extraer principios espirituales de su fundamento y desarrollo para así obtener un crecimiento integral.

Leamos la palabra de Dios

El justo florecerá como la palmera; Crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, En los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes, Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, Y que en él no hay injusticia”.

La palmera es notable por su tronco recto y aunque se le cuelgue algo sigue creciendo hacia arriba. Así debe ser el cristiano, no importando lo difícil que le resulte caminar en el evangelio, ninguna dificultad, ni tentaciones, debe torcerlo ni impedirle su crecimiento, pues “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles” dice el Señor en Apocalipsis 3:5.

Y algo importante es que la palmera no cruza su polen con ningún otro árbol, no acepta injertos, por lo que no puede ser unida a ningún otro árbol, es decir que se mantiene pura en medio del bosque de igual manera que el cristiano debe distinguirse por su separación del mundo, entonces “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” 2 Corintios 6:14.

La palmera

Como creyentes y como Iglesia nos asimilamos a la palmera porque crecemos como ella ya que somos colocados por Dios en el desierto, y allí producimos fruto. Como la palmera crece bajo el peso, es decir que cuanto más la aprietan, mejor crece, así crecen y prosperan los cristianos verdaderos presionados por sus cargas y luchas, dando frutos de santidad.

Muchos creyentes vemos el desierto como algo malo, pero “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo” Mateo 4:1.  Juan el bautista, antes de iniciar su ministerio, “estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel” Lucas 1:80. Y Pablo, después de su llamado, tuvo que ir al desierto de Arabia, Gálatas 1:17, y allí se le reveló lo más importante del evangelio.

El desierto es permitido

Tenemos que saber que el desierto es permitido por Dios para que tengamos una mayor revelación de la gloria del Señor, incrementando el crecimiento espiritual. Ya que el desierto te obliga a depender de Dios. Es en el desierto donde de verdad comienzas a conocer a Dios como tu proveedor, ya que donde no hay comida, Dios envía su mana, y cuando pasas por el desierto de la enfermedad es cuando se manifiesta el Señor como tu sanador.

La palmera crece en la sequedad del desierto, y allí, en medio de la nada, florece y da fruto mientras que otros árboles no lo dan si no tienen buenas condiciones, y así, como la palmera, es el verdadero cristiano. En medio de los problemas, de circunstancias difíciles y de tropiezo,  el buen cristiano estará firme en la fe y no se morirá, sino que por el contrario crecerá y dará fruto, es ahí donde demuestro que “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Filipenses 4:13,

Y “en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”  Romanos 8:37-39.

Aguas amargas

Cuando el pueblo de Israel estaba en el desierto había encontrado aguas amargas en Mara y por esto murmuraron contra Moisés, pero más adelante Dios tenía un oasis, “llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas” Éxodo 15:27, había doce fuentes de aguas, y el doce representa la provisión para cada tribu; y había setenta palmeras, donde setenta representa plenitud.

El mundo está lleno de amargura y de depresión, pero si en medio de ese mundo se ubicaran setenta hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo, ese mundo que está en el desierto se preguntará porque esos hombres y mujeres tienen agua cuando el mundo no tiene. Y si tú eres uno de esos setenta, el mundo se preguntará ¿por qué tú te puedes gozar y ellos no pueden hacerlo?

Lo que ellos no comprenden es lo que tú tienes, “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros” Juan 14:17. Son setenta palmeras, cristianos verdaderos dispuestos a dar  cobertura y ayuda espiritual a otros.

La importancia de tener un buen fundamento

Decimos que crecemos como la palmera pero debemos entender la importancia de tener un buen fundamento, ya que el tamaño de un edificio depende del cimiento que tenga. La palmera no se nutre de la arena pues no contiene nutrientes, es decir que su fundamento no es la arena.

Hay creyentes y hasta iglesias que quieren crecer, pero que están fundados en la arena,  son superficiales, y Cristo dijo que “cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” Mateo 7:26-27.

Los fundamentos de la palmera lo determinan sus raíces, que crecen hacia abajo hasta que encuentran agua. Quizás vemos una palmera que tiene uno o dos metros desde el piso y pensamos que podemos sacarla fácilmente, pero no es así. Ya que al necesitar agua envía sus raíces profundamente hasta encontrarla.

Como cristianos, para crecer necesitamos agua como la palmera busca el agua para sostener su vida, y el agua simboliza la palabra de Dios y la unción del Espíritu Santo, que es el fundamento nos sostiene ante todos los ataques y dificultades que enfrentamos como creyentes y como Iglesia.

La raíz de la palmera

La raíz de la Palmera, como creyentes, es nuestra fe en Dios basada en Dios y su Palabra, por lo que nos brinda el alimento y fuerza que necesitamos para vencer los tiempos de aridez y sequía de la vida terrenal.

La mayoría de los árboles, al crecer se le van agregando capas externas, pero la palma crece desde adentro, por lo que su corazón es blando y nunca se pudre, y de igual manera, el verdadero cristiano basa su desarrollo en el corazón, debiendo estar el mismo lleno de amor, lleno del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios, y esta llenura de Dios impide que se pudra al contaminarse con los frutos de la carne, Gálatas 5:19-2, sino que al contrario, da buenos frutos, Gálatas 5:22-23.

De una palma, otra nacerá y pronto crece otra y cuando menos pensemos tendremos un oasis en el cual las raíces traen agua a la superficie en el fruto, y el sediento encuentra agua para saciar su sed y alimento para su hambre, además de sombra y fresco para descansar; el Señor dice: “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados y yo os hare descansar” Mateo 11:28

Nosotros como pámpanos de la vid que brotan del tronco, Juan 15:5, somos los instrumentos para que el pecador, el afligido, el atado encuentre el descanso que proviene de Cristo, y ésta es la misión de un verdadero cristiano, por lo tanto, “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”  2 Timoteo 2:15.

Crecemos como la palmera

Crecemos como la palmera, pero también debemos ser plantados para poder crecer y desarrollarnos totalmente, pero hay que tener claro que para lograr un crecimiento integral  hay que dejarse plantar como dice el salmista, permanecer arraigados, pues “Plantados en la casa de Jehová, En los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes, Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, Y que en él no hay injusticia” Salmos 92:13-15.

Los árboles de justicia no crecen solos, son plantados, y no en suelo común, sino en la casa de Jehová los árboles de Dios son plantados en su casa, porque de su gracia, de su palabra y de su Espíritu es de donde reciben la savia que los conserva vivos y los hace dar frutos.

Es por eso es que muchos creyentes no crecen, porque no se han plantado, no son palmeras plantada, sino que son árboles errantes que van de una congregación a otra en la cual le permitan hacer lo que ellos desean.

Los árboles no andan

Pero la realidad es que los árboles no andan, se plantan. Y como pastores necesitamos más que tener miembros, tener hijos de Dios en Su casa. Hijos que se dejen plantar, que decidan establecerse para crecer en la casa de Dios, y así como la palmera en su interior es fuerte.

Para nosotros, nuestro interior es lo más importante, “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” 2 Corintios 4:16-18.

Conclusión

Hoy quiero decirte  que Dios te trajo a esta iglesia para plantarte. Te trajo para que puedas crecer en esta casa, como hijo de Dios, como cuando nace un niño y crece en ese hogar. El crecimiento está siempre vinculado con la casa donde permanece, ya que “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” Mateo 15:13.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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