Las murallas de protección que una vez rodeaban a Jerusalén eran de piedra y cemento, pero las murallas que nosotros tenemos que edificar, y/o reparar son murallas fundadas sobre la palabra de Dios, edificadas con los ladrillos de Sus promesas, y cementadas con nuestra fe.

Los estudios bíblicos nos revelan, que las murallas de protección de Jerusalén estaban grandemente dañadas o destruidas por secciones.

La condición de esas murallas derrumbadas, sirven muy bien para ilustrar la condición espiritual de muchos creyentes hoy en día.

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