Como todos sabemos, en este mundo existen millones de personas que están completamente perdidas, y sin esperanza de salvación.

Estoy seguro que todos aquí conocemos a por lo menos tres personas, que no están dispuestas a aceptar a Jesucristo como su Rey y Salvador personal.

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Estamos hablando de buenas personas; nobles, amables, bondadosos, agradables, humildes, etc. Personas a quien estimamos, y en ocasiones amamos, pero que piensan que no necesitan a Jesucristo.  Y las excusas que usan para no rendirse al Señor siempre son las mismas, dicen cosas como: “Yo no hago mal.” “Yo no mato, yo no robo.”  “Yo mantengo los diez mandamientos, así que Dios y yo no tenemos problemas.”