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Las bendiciones de Dios están ahí para nosotros, para todo aquel que le pida. Pero Dios puede decidir en algún momento limitar alguna bendición, pero si lo hace lo hace para nuestro bien (Santiago 4:3).

Dios no quiere bendecirnos en alguna cosa y limitarnos en otra, Él quiere bendecirnos en todo aspecto de nuestra vida. Las bendiciones de Dios no son pequeñas, sino que son limitadas por Su gloria y Su gloria no tiene fin.

Si estamos siguiendole y haciendo Su voluntad, podemos acudir a Él y nos dará lo que nos haga falta (Hebreos 4:16).

 

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